“Reikiavik”: match histórico de ajedrez convertido en apasionante teatro

Por Horacio Otheguy Riveira

Un escenario desnudo con dos grandes actores y una joven muy prometedora, en un contexto donde se combinan hechos históricos con el delirio de hombres solitarios que interpretan a dos genios del ajedrez, cada uno torturado por la sociedad en que le ha tocado vivir. Triunfadores y perdedores a partes desiguales.

Algo grande, insólito, complejo y muy divertido que se abandona con miel en los labios, muchas preguntas en la cabeza y una profunda emoción. [Estrenada en 2015 en el Valle Inclán de Madrid, vuelve a la misma sala del 28 de septiembre al 30 de octubre]. 

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Aquí todo es fabuloso, como un gran circo en pequeño formato donde los actores César Sarachu y Daniel Albaladejo se lanzan con enorme generosidad a un más difícil todavía, montados en una montaña rusa de acrobacias verbales, trapecios emocionales, e infinita gama de expresiones corporales para ser durante un tiempo, la esencia y la experiencia, las maravillas y las miserias de dos tipos geniales que dejaron huella en la historia del ajedrez y en la de la mera humanidad.

Waterloo (la sangrienta batalla en la que cae definitivamente Napoleón) y Bailén (la definitiva batalla con la que España expulsa a las tropas napoleónicas) son los nombres de estos personajes que sólo se unen para jugar al ajedrez y recordar las batallas de dos monstruos sagrados de este deporte, que en 1972 se enfrentaron en Reikiavik, capital de Islandia: el estadounidense Bobby Fischer y el ruso Boris Spasski, dos personalidades contrapuestas que aquí no se analizan, se exponen a través de acciones recreadas, basadas libremente en documentos históricos, pero fundamentalmente en la piel de dos anónimos que les recuerdan, de dos hombres que ni siquiera son amigos, pues lo que les une es la pasión por dejar de ser ellos mismos (de quienes, por otra parte nada sabemos) para representar la historia de aquellos gigantes.

Aprovechan la aparición de un muchacho que, camino del colegio, se detiene a verles jugar, bien dispuesto a seguirles de cerca, asombrado ante la verborrea de los veteranos que interpretan para él —y para sí mismos en un gozo incomparable— la odisea de Fischer-Spasski: dos tipos fuera de serie en los que se enrosca la tragedia social en la que apenas pueden influir; fuertes, valientes y muy vulnerables. A menudo simulan sesión de boxeo, y ese es otro acierto “mudo” de la obra, ya que asuntos similares de enfrentamientos con gran calado social existieron entre boxeadores en campeonatos mundiales a lo largo de la guerra fría.

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Juan Mayorga, autor y director, logra un espectáculo en el que sus grandes actores (contando con Clara Sanchis, gran actriz a su vez, como ayudante de dirección) lo son todo al interpretar a los protagonistas del match y también a una galería de personajes que deambulan por el interior-exterior de la neurastenia tremenda de Fischer, dominado por una madre religiosa y contestataria, acompañado a todas partes por un cura, abrumado por poderosas personalidades del Estado (sobrecogedora la escena en que le llama por teléfono Henry Kissinger, “camino” de avalar la dictadura de Pinochet), y Spasski en el furor de la Unión Soviética, donde era un campeón del mundo con la tremenda misión de representar también la mayor revolución de la historia del siglo XX.

Hay mucho riesgo en esta función, y en el tramo final parece perder pie, después de un fortísimo crescendo. Sin embargo, en su débil final, uno siente que está bien que así sea. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Todo muy aderezado de datos históricos, excepto en la recta final que invita al espectador avezado a buscar información fuera de escena. Esta carencia de gran remate, este “desfase”, quizás revalorice lo que de por sí es un acontecimiento que el mundo del teatro ha de agradecer.

Se agotan las entradas. Es de imaginar larga gira y un nuevo retorno a Madrid. Injusto sería que muchos se queden sin disfrutar este trabajo inmenso en el que la poderosa imaginación del teatro logra un despliegue extraordinario de ideas y recursos teatrales.

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El muchacho (Elena Rayos) se incorpora a la aventura y es también, junto a Waterloo y Bailén, uno más de los barrenderos-policías que vigilan a los jugadores en la ciudad de Reikiavik.

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Texto y dirección: Juan Mayorga

Ayudante de dirección: Clara Sanchis

Intérpretes: Daniel Albaladejo, César Sarachu, Elena Rayos

Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Imagen: Malou Bergman

Espacio sonoro: Mariano García

Lugar: Teatro Valle Inclán. Sala Francisco Nieva

Fechas: Del 23 de septiembre al 1 de noviembre de 2015.

REPOSICIÓN DEL 28 de septiembre al 30 de octubre de 2016.

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