‘Tiempos de hielo’, el comisario Adamsberg creado por Fred Vargas de nuevo en acción

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«¿Quién se cree que un par de polis apostados delante de una puerta disuadirían al asesino de darles alcance? Ellos sabían lo que les esperaba, ellos lo conocían, lo habían visto en acción. ¿Y cuánto tiempo iba a durar esa protección? ¿Dos meses? ¿Un año? ¿Era la policía capaz de movilizar a cincuenta hombres para salvaguardarlos durante diez años».

hielo

Tiempos de hielo, de Fred Vargas.

Actualidad editorial:

Con la habilidad que solo el tiempo puede dar y la maestría narrativa que caracteriza a la que está considerada por una gran mayoría como reina de la novela negra europea, Fred Vargas vuelve a sorprender al lector con Tiempos de hielo (Editorial Siruela), un nuevo trabajo protagonizado por su personaje más característico, el comisario Adamsberg. En esta ocasión, el escenario parisino comparte la acción criminal principal con un islote islandés, algo que obliga a dar un salto en el tiempo y en la concepción de la historia. Allí ocurrieron crímenes que en su momento quedaron impunes, y que ahora, diez años después, parecen ser el origen de la actual oleada de impostados suicidios. Pero Vargas, aprovechando sus depurados conocimientos de historia, va un poco más allá y complica la trama con una conexión a todas luces inesperada en la sociedad tan politizada que hoy nos gobierna: la aparición de una sociedad secreta de seguidores de Robespierre –de la que forman parte las diferentes víctimas– resulta tan impactante como turbadora.

«Enfundó las manos en los bolsillos. Él tampoco veía la manera de seguir la pista a un hombre entre unos setecientos miembros anónimos y caracterizados. Una nueva masa de algas se formaba en su horizonte, más tentacular aún que la que lo obsesionaba el día anterior, pero aglomerándose y fusionándose indecentemente con ella».

Hay crímenes tan meticulosamente ejecutados que podrían pasar inadvertidos, crueles asesinatos que incluso podrían interpretarse como atormentados suicidios. Por contra, también existen perspicaces y lúcidos investigadores que consiguen ver un poco más allá de la escenografía criminal, que saben encontrar en las más pequeñas señales el frágil hilo del que tirar para rehacer la madeja… o quizás para enmarañarla aún más. Cuando la señora Gauthier, una anciana y respetable profesora de matemáticas a la que quedaba poco tiempo de vida, aparece muerta en su bañera, todo parece indicar que se trata de un suicidio… Caso archivado. Sin embargo, un singular detalle llama poderosamente la atención del comisario encargado del sumario: se trata de un incomprensible y extraño signo trazado con descuidada meticulosidad en el lugar del suceso. El segundo caso de suicidio con un signo semejante al investigado no tarda en salir a la luz. Y además, ‘casualmente’, las dos víctimas formaban parte, diez años atrás, de una expedición a un inexplorado y remoto islote de la costa islandesa, que acabó de forma trágica. Las fundadas sospechas de Adamsberg sobre la naturaleza criminal de aquellos sucesos se terminarán confirmando con un tercer caso. Así, una vez que el caso le ha sido definitivamente asignado, el comisario no dudará en movilizar a toda su brigada para dar caza a un asesino que está demostrando con creces su carácter frío e insaciable…

«No es una H. La barra es claramente oblicua, asciende con firmeza hacia arriba. Y no es una firma. Una firma termina siempre mutando, absorbe la personalidad del autor, se inclina, se deforma, se contrae. Nada que corresponda a la rectitud de esta letra. Es la reproducción fiel, casi escolar, de un signo, de una sigla, y muy rara vez trazada. La habrá escrito una vez, o cinco todo lo más. Porque es un trabajo de colegial estudioso y aplicado».

Da la impresión de que ningún cabo resulta secundario en una búsqueda donde cualquier dato, puede llegar a ser decisivo. La brigada, capitaneada por un más que intuitivo Adamsberg, deberá emplearse a fondo ante un homicida de aquellos que marcan época. Con su habitual estilo ingenioso y agudo, a veces rápido y otras más pausado pero siempre vital y repleto de ingeniosas imposturas, Vargas disecciona una historia donde predominan los diálogos y las dobles intenciones cargadas de sutileza. La autora se muestra meticulosa y ágil en una trama que se va enmarañando conforme avanza. Las intervenciones policiales se hacen determinantes sobre todo cuando toca adentrarse en las personales y complejas vidas de cada uno de los sospechosos. Adamsberg revalida nuevamente su consolidada carrera policial en una ciudad como París, que en el imaginario lector, ya está ligada de manera ineludible al perspicaz comisario creado por Vargas.

Fred Vargas (París, 1957) estudió Historia y Arqueología. Conocida y premiada sobre todo por su faceta de escritora, de entre su producción novelística podría destacarse la serie protagonizada por “los tres evangelistas” (Que se levanten los muertos, Más allá a la derecha y Sin hogar ni lugar), y especialmente la del comisario Adamsberg que conforma la mayor parte de su obra con títulos como El hombre de los círculos azules, El hombre del revés, Huye rápido vete lejos, Fluye el Sena, Bajo los vientos de Neptuno, La tercera virgen, Un lugar incierto, El ejército furioso, o Tiempos de hielo. En Francia este último trabajo lleva vendidos por el momento más de 500.000 ejemplares.

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Tiempos de hielo.  Fred Vargas.  Editorial Siruela, 2015.  352 páginas.  19,95 €

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