Formidable Carme Elías a cargo de un fantástico personaje real

Por Horacio Otheguy Riveira

 

Una comedia divertida y profunda con un mito del periodismo de moda internacional, pero sobre todo, una comedia muy bien escrita para una sola voz que permite recorrer grandes y pequeños momentos de una personalidad fascinante. En unión de gran armonía con una actriz maravillosa.

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Diana Vreeland existió. Nació en París en 1903 y murió en Nueva York en 1989 a la edad de 86 años. Tras ella: el mito de la intrépida y tiránica directora de las más importantes revistas de moda; ya en vida se le dedicaron libros y numerosos artículos; se inspiraron en su leyenda algunas películas, y se realizó un documental en 2012 de gran calidad: Diana Vreeland: la mirada educada.

Mark Hampton y Mary Luise Wilson escribieron en su nombre este monólogo, Al galope. Lo estrenó la coautora en 1995 en el Off Broadway, y desde entonces va rodando por el mundo una imagen completamente opuesta de Diana Vreeland, la implacable periodista sin formación académica que influyó en la moda y en el arte de dar vida a la ropa:

¡No es el vestido lo que realmente importa, sino la vida que lleva dentro!

Así las cosas, esta obra teatral dinámica, divertida y emocionante perfila un personaje que trasciende todas las limitaciones del susurro histórico. Aquí lo que importa es el momento vivido cuando fue despedida de la dirección de Vogue en París, y tras un largo viaje por Europa a cuerpo de reina regresa a su piso de Nueva York sin un duro.

Mientras espera a cenar al millonario salvador que invierta en sus nuevos planes nos habla de sí misma sin la menor arrogancia, con mucho sentido del humor, y sobre todo con una voluntad exuberante de ser ella misma en todo momento, derrotada pero jamás vencida, entreteniéndose con variadas anécdotas, mientras piensa cómo salir del atolladero cuando el tout New York habla de su estrepitosa caída, empezando por un célebre periódico que ya la da por profesionalmente muerta, y terminando por su hijo mayor, lejos de allí, ofreciéndole por teléfono un cuarto en su casa…

Diana Vreeland es una mujer con muchos recursos que hace de sus aparentes frivolidades una canto conmovedor a la vida y la necesidad de renacer, cueste lo que cueste:

Yo nunca había  trabajado, así que necesitaba trabajar, sí, necesitaba el dinero como un alcohólico el whisky, o algo así.

Y en otro momento:

En esta casa estuvieron dos mujeres imponentes, que empezaron siendo muy pobres y fueron las más grandes, Helena Rubinstein y Coco Chanel y estuvieron en mi dormitorio, de pie, hablando 4 horas. Las más grandes. Sí, se preguntarán si eran felices, pero la verdad es que en Europa sólo las vacas son felices.

Y luego:

Y allí estaba, debajo de mi palco, ese hombre que impulsaría la segunda guerra mundial, y era una cosa tremenda, con el bigotito más ridículo que yo había visto en mi vida…

Diana Vreeland compone su noche para nosotros, su público eventual, para resistir el temporal recordando episodios de su vida en forma de pantallazos, con chispa, alguna grandilocuencia bien templada y mucho, pero mucho estilo de una personalidad cautivante de la que quieres saber mucho más a cada instante, sumida en una teatralidad cotidiana de quien ama el artificio, pero no se sumerge en él. De quien ama la necesidad de soñar, pero se las apaña para convertir sus sueños en realidad.

Y es que marea la perdiz de su crash financiero (“¿Dinero, qué dinero? Sólo tengo 2 dólares, el portero tuvo que prestarme 10 para pagar las flores, yo nunca tuve dinero!), y recuerda el caso de su colega que, al ser despedida de la dirección de una revista, se arrojó por la ventana.

Lo que le impacta no es que se haya arrojado desde la planta 16, sino el gran estilo con que lo hizo: se vistió acorde con su elegancia natural, eligió el modelo adecuado para acabar rota por dentro en la acera, pero impecable en su figura, “no vayan a creer que olvidó su idea de buen gusto, y eso es divino…”.

A lo largo de la función, Diana tiene que resolver varios asuntos, para lo cual mantiene varias conversaciones telefónicas, escucha música, nos conmueve con su historia más triste, salpicada igualmente de pinceladas de humor y, siempre Al galope, el personaje se hace visible, se enriquece, nos atrae constantemente porque se ha fundido en la creación de una gran actriz que, una vez más, nos enamora mirándonos a los ojos, llevándonos a terrenos teatrales de exquisita factura, y en este caso, introduciéndonos maravillosamente en su recargado salón con muchos rojos por donde una mujer se embarca en una noche excepcional.

No es un monólogo al uso, todo está perfectamente entallado para que las circunstancias dramáticas y humorísticas logren encadenarse como en una comedia de perfecto engranaje. Vemos a los personajes reales, conocidos o desconocidos que se disuelven en sus labios, seguimos su movimiento ligero y ondulante, y, en definitiva, admiramos en Carme Elías a la temeraria señora Vreeland, y nos quedamos con ambas en la memoria, ese extraño paisaje donde las mejores funciones de nuestra vida no mueren jamás.

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_drb7005Al galope

Autores: Mark Hampton y Mary Luise Wilson

Traducción: Joan Sellent

Dirección: Guido Torlonia

Ayudante de dirección: Javier López

Diseño de escenografía: Ramón B. Ivars

Diseño de vestuario: Andrés Andreu

Diseño de iluminación: David Bofarull

Caracterización: Eva Fernández

Fotografía: David Ruano

Joyas: Kenneth J. Lane

Lugar: Sala Pequeña del Teatro Español (Sala Margarita Xirgu)

Fechas: Del 15 de octubre al 15 de noviembre. PRORROGADO HASTA EL 6 DE DICIEMBRE 2015.

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2 respuestas a Formidable Carme Elías a cargo de un fantástico personaje real

  1. Fantastica crónica, creo que esta semana misma iré a verla. Gracias por su trabajo.

    Paula Alfonso
    25 octubre 2015 at 17:09 pm

  2. Tenias toda la razón, una magnífica interpretación que te mantiene toda la obra anclada a su elegante forma de actuar. No me defraudó, fue una excelente elección

    Paula Alfonso
    29 octubre 2015 at 23:17 pm

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