Un Hamlet Kamikaze: hallazgos y extravíos en una habitación con vistas

Por Horacio Otheguy Riveira

 

Un recorrido difícil, inquietante, irregular como pocos, con aportes geniales y otros muy discutibles: es lo que tiene lanzarse a una nueva versión experimental de la obra más representada de la historia del teatro mundial. Estrenada en el Teatro de la Comedia, vuelve a Madrid a la sede de la Compañía, el Pavón Kamikaze, una sala donde la cercanía con el espectador es mayor, y mucho más idónea para la aventura singularmente intimista que se han propuesto:

… Emprendimos un camino posible para adentrarnos en la vasta jungla shakespeariana. Espero que disfruten algunas de las vistas que hemos descubierto.

El equipo de Kamikaze Producciones da un paso más en su línea de investigación teatral. Equipo de artesanos del teatro, eso es lo que somos. (Miguel del Arco)

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Miguel del Arco (Veraneantes, El inspector, Deseo, Misántropo) acierta al invitarnos de este modo: “Espero que disfruten algunas de las vistas que hemos descubierto”. Y así cae de maduro recordar el mero título de aquella impecable película de James Ivory, Una habitación con vistas, y es que, más allá del juego de palabras y la memoria de este cronista, lo cierto es que son tantos los Hamlet que bailan entre luces y sombras que por mucho que admire a este equipo, se cruzan en el camino impidiendo la libertad sin prejuicios, la plena libertad del espectador entregado. Se trata de una obra genial hecha de imperfecciones y contradicciones a cual más apasionante. Cuanto más se lee, se ve y se recuerda más interesante u oscura se vuelve.

Esta vez sobre todo quedan las vistas: algunas fascinantes, otras de gran revelación en recursos escénicos, y bastantes resultan extrañas en el peor sentido, porque no encuentro al improbable Hamlet que mi imaginario ha ido construyendo.

En escenarios españoles se dieron unas cuantas versiones sólo contando desde 1979, cuando en este mismo teatro de la Comedia, pasó fugazmente Enric Majó dirigido por Pere Planella en una versión de Terenci Moix, quien aseguró: “Se trata de una lectura nueva de una obra que, a menudo, nos ha llegado deformada por falsas lecturas neorrománticas”.

Diez años después, en 1989, José Carlos Plaza dirigió a José Luis Gómez en una versión escrita por Vicente Molina Foix. En 2004, Ginés García Millán protagonizó la adaptación escrita y dirigida por Eduardo Vasco.

En el año 2006 protagonizó Eduard Fernández en catalán y en castellano, según Lluis Pasqual; en 2008, Juan Diego Botto coescribe la adaptación, protagoniza y dirige; en este mismo año 2008, el especialista en Shakespeare Miguel Ángel Conejero realiza una audaz propuesta con jóvenes alumnos: Hoy se ensaya Hamlet.

En 2010, la espectacular versión firmada por Tomaz Pandur con Blanca Portillo como Hamlet [ya lo había hecho en los 60 Nuria Espert que hace poco hizo Rey Lear en catalán]; y en 2012 el inglés Will Keen trabaja junto a María Fernández Ache, que traduce, adapta y codirige, con Alberto San Juan.

Todas representaciones irregulares, aunque algunas más logradas que otras, con excelentes actores asumiendo los personajes que también han ido haciendo historia en el cine. Desde que en 1948, el británico Laurence Olivier se consagrara internacionalmente, protagonizándola y dirigiéndola, ya se realizaron unas 40 versiones cinematográficas en diversas lenguas y estilos, además de la ópera del francés Ambroise Thomas, estrenada en 1868.

Además están los innumerables libros escritos al respecto (aún hoy el apasionante de Jan Kott publicado en 1964, Shakespeare: nuestro contemporáneo), y las diversas traducciones, cada una descubriendo nuevas capas de creatividad con su dosis de sorpresas, contradicciones y maravillas que hace imposible no interesarse por una nueva aventura. Pero, eso sí, la aventura de un espectador muy poco inocente, que incluso con la mejor voluntad —como es mi caso— guarda en su imaginario tantos Hamlet posibles que ha de vérselas con uno nuevo, arropado por un equipo de admirable gente de teatro, bajo coordenadas escénicas muy discutibles.

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En esta ocasión hay que tener en cuenta que se trata de la versión más libre de todas las mencionadas más arriba, pues une escenas tomadas de distintas traducciones de la obra original con textos de cosecha propia, y además —un detalle muy importante—, entre todos los Hamlet nacionales es este el único en que siete actores cubren 14 personajes.

Otra manera de interpretar la trágica historia de un príncipe desdichado ante la muerte repentina de su padre, y la boda inmediata de su madre con su tío. Mientras lamenta esta situación recibe la visita del muerto para informarle que fue asesinado por su hermano y que debe vengarle; una venganza para la que el joven no está preparado, pero tendrá que componérselas para hacer justicia.

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El comienzo no puede ser más prometedor: sucesión de secuencias en el lecho donde se aman el príncipe y Ofelia, la bella hija del consejero del rey. Magnífica serie de encuentros y desencuentros con el personaje en la cama mientras el padre y el hermano de la dulce ingenua intentan convencerla de que debe alejarse de un tipo tan peligroso como ese.

Israel Elejalde (Misántropo) da con una energía conmovedora al joven atrabiliario, confundido y sufriente, y comienza un periplo con muchos altos y bajos en los que logra situaciones de profunda emoción y otras que parece completamente fuera de personaje: en definitiva, un viaje de 2 horas 45 —bastante menos que las 4 horas de la actual versión londinense, y algo más que las 2 horas 10 de la reciente adaptación de Alfonso Zurro para el Teatro Clásico de Sevilla—; un recorrido frenético y desigual donde las ocurrencias del director le deja a menudo en una soledad excesiva, lastimosa. Otro tanto para Ángela Cremonte (Inmunidad diplomática) que conmueve, enfría o se torna inverosímil en la escena de la locura, consecuencia extrema de un vaivén raro de puesta en escena, como si se buscara impactar cualquier precio.

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Ana Wagener, en todo momento impecable, logra aquí su mejor escena: la frívola madre de Hamlet destrozada al enterarse del asesinato de su marido.

Con abundancia de coitus interruptus, el espectáculo se asemeja a una montaña rusa donde “las vistas” alarman/cansan, asombran/aburren. Lo más importante (y que cada cual encuentre, o no, los fallos que considere oportunos) son los abundantes hallazgos, aunque no siempre adecuadamente intercalados. Empezando por el final, la escena de lucha definitiva es un prodigio de bellísima coreografía [maestro de esgrima: Jesús Esperanza Fernández; lucha escénica: Kike Inchausti] con alta dosis de suspense, ya que cuando circula la emoción da igual que uno sepa de antemano cómo va a terminar.

Luego, las escenas del rey Claudio y la reina Gertrudis (Daniel Freire [El veneno del teatro] y Ana Wagener [Málaga, La anarquista) tienen una resolución encomiable, vibrante, más aún cuando los propios intérpretes son “los actores” que en la función representan el asesinato original por orden de Hamlet: esta larga secuencia resulta extraordinaria, y en el caso de Wagener, sublime en la derrota de su personaje tras la frivolidad imperante en que fue sumergida por el director [sólo Eduardo Vasco presentó a una Gertrudis víctima de las circunstancias, incapaz de decidir, austera, casi monacal, gloriosa Alicia Sánchez].

Cristóbal Suárez perfila un Laertes muy convincente mientras José Luis Martínez encarna con gran soltura al intrigante en palacio por antonomasia, un Polonio muy peligroso que aquí aparece tan blando y simpático como arquetipo de sainete.

Así las cosas, estas son algunas de las mejores “vistas” Kamikaze, con muchos aciertos y no poco desconcierto, en una puesta en escena fabulosa en la armonía audiovisual, con la iluminación del maestro Juanjo Llorens (De algún tiempo a esta parte) logrando atmósferas muy variadas, con áreas de penumbras por las que los personajes se pierden, reflejo implacable de una perdición mucho más profunda.

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Otra de las escenas memorables: tumbado, Israel Elejalde; de izq. a der.: Cristóbal Suárez, Daniel Freire, Ángela Cremonte, Jorge Kent, Ana Wagener, José Luis Martínez.

 

12733396_800502190082758_7516222048163549446_nKamikaze Producciones y Compañía Nacional de Teatro Clásico presentan:

Hamlet

Autor: William Shakespeare

(No consta traducción)

Versión y dirección: Miguel del Arco

Ayudante de dirección: Aitor Tejada

Intérpretes: Israel Elejalde, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, José Luis Martínez, Daniel Freire, Jorge Kent, Ana Wagener

Vestuario: Ana López Cobos

Música original: Arnau Vilà

Iluminación: Juanjo Llorens

Escenografía: Eduardo Moreno

Teatro de la Comedia de Madrid. Hasta el 20 de marzo 2016.

REPOSICIÓN: Teatro Pavón Kamikaze, del 9 de febrero 2017 al 5 de marzo 2017

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