Cuentos que acaban mal

Por Ana Blé

Cuentos que acaban mal

Cuentos que acaban mal, Géza Csáth. Traducción de Bernadette Borosi y Marga Valdeolmillos. Editorial El Nadir, 2016. 174 páginas. 13,50 €.

Si alguien pregunta por escritores húngaros, ¿cuáles son los nombres que suenan? Sándor Márai (1900-1989), Agota Kristof (1935-2011) o Imre Kértész (1929-2016), Premio Nobel de Literatura 2002. Pero ¿quién ha oído hablar de Géza Csáth?

József Brenner (1887-1919), conocido como Géza Csáth, fue un psiquiatra, crítico musical, autor de teatro, y escritor, cuya adicción a la morfina condicionó su breve existencia. Después de asesinar a su mujer con un revólver, se cortó las venas, aunque fue un suicidio fallido porque consiguieron hospitalizarle a tiempo y salvarle la vida. Sin embargo, escapó inmediatamente, y antes de que volvieran a atraparle logró matarse tras ingerir veneno. Su vida y su muerte estuvieron marcadas por el hedonismo y la tragedia.

La malaventura de su trayectoria vital y la atmósfera asfixiante de sus textos lo emparentan con Horacio Quiroga, aunque el autor uruguayo se inspirara en la naturaleza y el húngaro en las interioridades de la psique humana. Los cuentos de Géza Csáth son turbadores, oníricos y también adictivos. Y de una modernidad extraordinaria. En ellos se esconden ecos de otros escritores húngaros, tanto clásicos como actuales, lo que hace que su literatura sea atemporal. Como muestra, los dos hermanos protagonistas del relato Matricidio, claramente precursores de los niños Claus y Lucas de Agota Kristof. ¿Se inspiró ella en este cuento de su compatriota para construir El gran cuaderno?

En estas páginas hay terror psicológico, desesperanza absoluta, sueños lúgubres, fantasía tétrica, magia oscura, morbo y muerte, mucha muerte. El silencio negro es una historia contada en primera persona por un niño a su doctor. La rana es una premonición cumplida. El cirujano, el relato de un hombre echado a perder. Músicos habla de la mediocridad y de la mala suerte. Trepov en la mesa de disección, de la insignificancia del ser humano. La pequeña Emma… mejor ni mencionar lo que le sucedió a la pequeña Emma, baste decir que es verdad que todos los cuentos de este libro acaban mal.

Como Opio, que resume el pensamiento del propio autor: “El placer hace desaparecer los contornos y las insensateces. Nos libera de los grilletes del espacio y, parando el segundero del traqueteante tiempo, nos eleva sobre tibias olas a las alturas de la existencia.

Si después de leer estos cuentos quedan ganas de más, El diario de Géza Csáth (El Nadir, 2009) es un libro obligado. Una autobiografía feroz, exenta de todo sentido moral, que muestra al autor al desnudo. “El hecho es que no hay nada más glorioso, bonito, que ser un joven médico adjunto de un balneario donde 4-5 mujeres se apasionan por él, además de vivir bien (montañas de Tátra), beber cava, hacer excursiones al Csorbó, inyectarse morfina después de coitos múltiples, etc. etc.”

Morbo y placer asegurados. Una lectura adictiva. Un descubrimiento.

El diario de Géza Csáth

El diario de Géza Csáth, Géza Csáth. Traducción de Èva Cserhàti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño. Editorial El Nadir, 2009. 163 páginas. 18,00 €.

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3 respuestas a Cuentos que acaban mal

  1. Genial magnifico libro se lo recomiendo a todo el mundo, y este nos acaba mal.

    pintores madrid
    30 mayo 2016 at 19:17 pm

  2. Gracias, me lo voy a leer. A ver si me desintoxica de finales felices.

    gorka
    30 mayo 2016 at 21:10 pm

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