Los consejos de Neil Gaiman para tomar ideas para escribir

Algo que uno se pregunta cuando lee a un autor con una obra tan diversa y nutrida de imaginación como la de Neil Gaiman es: ¿de dónde saca las ideas? El escritor británico, en un artículo al respecto, dice algo elemental en torno a esto: “Tomas tus ideas mientras sueñas despierto. Mientras te aburres. La única diferencia entre escritores y otras personas es que nosotros nos damos cuenta cuando lo hacemos”.

Y es que todos tenemos ideas todo el tiempo. Sobre todo, como bien señala Gaiman, cuando estamos aburridos o divagando. Precisamente por ello es importante no sólo aprender a estar solos como sugería Tarkovsky, sino aprender a distraernos y a tomar nota de los productos que van surgiendo de nuestra imaginación, aunque a veces sean inoportunos o inesperados, como lo suelen ser.

En este artículo, que en realidad fue una plática que dio en el colegio de su hija pequeña para que los niños se inspiraran a escribir, el escritor generosamente decide hacer un recuento de su proceso creativo y contestar de una vez por todas a esa pregunta que es ya un lugar común: ¿de dónde tomas tus ideas? Sus premisas son sencillas y completamente replicables.

Tomas tus ideas de preguntas simples. La más importante es sólo ¿Qué pasaría si…? (¿Qué si despertaras con alas? ¿Qué si tu hermana se convirtiera en un ratón?…).

Otra cuestión importante es “Si tan sólo…” (Si tan sólo pudiera encogerme al tamaño de un botón. Si tan sólo un fantasma hiciera mi tarea).

Y luego están las otras: “Me pregunto…” (Me pregunto qué hace cuando está sola…) y “Si esto continuara…” (Si esto continuara los teléfonos comenzarían a hablar entre ellos y se desharían del mediador…) y “¿No sería interesante sí…?” (¿No sería interesante si el mundo estuviera gobernado por gatos?)…

Gaiman señala que estas preguntas, y las preguntas que necesariamente surgen de estas, son uno de los lugares de donde vienen las ideas. Pero hay otros lugares, otras vías, como tomar puntos de partida para comenzar a crear.

A menudo las tramas se generan cuando uno empieza a hacerse preguntas acerca del punto de partida.

A veces una idea es una persona (Hay un niño que quiere saber de la magia). A veces es un lugar (Hay un castillo al final del tiempo, que es el único lugar que existe…). A veces es una imagen (Una mujer cerniendo en un cuarto oscuro lleno de rostros vacíos).

Lo siguiente que dice tiene, sin asombro, mucho qué ver con ese método para memorizar cualquier cosa que sugiere “imaginar cosas disparatadas y extrañísimas para volverlas memorables”; una forma de la metáfora.

A menudo las ideas vienen de dos cosas que se unen que nunca antes se han unido. (Si una persona mordida por un hombre lobo se convierte en lobo, ¿qué pasaría si un pez beta fuera mordido por un hombre lobo? ¿Qué pasaría si una silla fuera mordida por un hombre lobo?).

Toda ficción es un proceso de imaginar: lo que sea que escribas, en cualquier género o medio, tu tarea es inventar cosas creíbles e interesantes y nuevas.

Y cuando tienen una idea –lo cual es, después de todo, sólo algo de qué agarrarte mientras comienzas– ¿qué pasa después?

Bien, luego escribes. Pones una palabra después de otra hasta que esté terminado, lo que quiera que sea.

Neil Gaiman dio una nueva dimensión a novelas gráficas e iluminó la vida de tantas personas (sobre todo con Sandman) a partir de estos –geniales por sencillos– pasos imaginativos. El mundo es un poco menos aburrido con él. Pero además de imaginar y cuestionar y prestar atención al mundo, y desde luego de tomar nota del proceso, lo que hace a un escritor es sentarse a escribir y reescribir las veces que sea necesario. “¿De dónde saco mis ideas?”, dice; “Las invento”.

 

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