Julia Montejo a propósito de “Los abrazos oscuros”, su nuevo trabajo

«En la práctica, que los hombres me parecieran idiotas no era algo perjudicial para mi relación. Una noche, tras una cena a la luz de las velas y una botella de vino, expuse a Álex mi forma de ver al género opuesto. En resumen, a medida que pasa el tiempo, la chispa que empuja al hombre a la caza pierde consistencia hasta apagarse. Entonces solo queda el interior, desnudo, sin adornos. Y el vacío suele ser decepcionante. Es más, confesé a Álex que podía quedarse tranquilo. Si él moría, jamás volvería a casarme ni a emparejarme. Las amigas me bastarían».

abrazosJulia Montejo ha estudiado periodismo, canto, piano, guión, producción y dirección de cine, ha vivido en EE UU y dirigido su primera película, No Turning Back-Sin Retorno, con la que cosechó numerosos premios. Hace doce años se instaló en Madrid donde compagina la actividad docente universitaria con la escritura de novelas y guiones para series de televisión. Como novelista publicó Eva desnuda (2006), Violetas para Olivia (2011), Lo que tengo que contarte (2015) y Los abrazos oscuros, novela ambiciosa donde se sumerge en la destrucción de la vida familiar y sus cuestionables cimientos, así como en las inevitables circunstancias de trae acarreada. Las preguntas convergen… ¿vale la pena traicionar los recuerdos? ¿qué puede romper la estabilidad de una pareja?

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Los abrazos oscuros.  Julia Montejo.  Editorial Lumen, 2016.  308 páginas.  21,90 €

Virginia podría pasar por ser una mujer confortablemente asentada en una vida que ella misma eligió después de años de aventuras: ahora tiene a Álex, un marido estupendo, dos hijas pequeñas que la adoran y un proyecto profesional que llena sus días. Hace falta acercarse un poco más para descubrir en su mirada un hambre extraña, que no se sacia con besos y caricias al uso. Daniel, un hombre que lo esconde casi todo detrás de unas gafas de concha y un traje de corte impecable, intuye que las ganas de Virginia vienen de lejos, y desde la misma noche en que se encuentran sabrá cómo domarlas. Sus métodos quizá parezcan insólitos, pero las cartas están en la mesa y el juego nos llevará lejos, hasta la infancia de Virginia en una ciudad del norte, en un barrio obrero donde las casas parecen cárceles y quien huye siempre paga un precio.

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P.- ¿Cómo surgió escribir esta novela? ¿Qué te impulsó a ello? ¿Dónde está el germen de Virginia y su historia?

La idea parte de un momento en el que yo sentí el vértigo de la felicidad. De ahí surgió una reflexión sobre la seguridad. Como la felicidad, la seguridad está compuesta de momentos. No es un estado. Y me preocupó el darme cuenta de lo frágil que era en realidad. Más aún descubrir que nosotros somos nuestro mayor enemigo. Enlacé esta idea con el trabajo que Slavoj Žižek despliega en su libro Viviendo en el final de los tiempos. La ética contemporánea, esa que nos define como sociedad y cuya clave radica en la transgresión constante de la norma, comenzó a tomar forma en el personaje de Virginia.

P.- Esta es una novela donde se nota la influencia que sobre tu escritura ha tenido el cine. ¿Mantener la tensión del lector es el gran secreto?

Seguramente. Hoy más que nunca, yo le exijo a una novela que me atrape, que me anime a seguir pasando sus páginas. Que una persona, en su tiempo de ocio, elija leer cuando tiene otras opciones que requieren mucho menos esfuerzo intelectual, merece el respeto del escritor o la escritora. Todas las novelas deberían ser, per se, entretenidas; y después, todo lo demás. Sin embargo, a mí no me interesa la literatura como mero entretenimiento. Por eso, intento que mis novelas tengan varios niveles de lectura. Quiero que el lector disfrute, pero que el eco de los temas resuene en su interior tiempo después de haber concluido el viaje.

P.- Virginia está en los cuarenta, lo que podría verse como la mitad del camino. ¿Son momentos de replantearse la vida o quizás de dejarse llevar?

Los cuarenta son, para la mayoría, la mitad del camino, la mitad de nuestro ascenso, y por ello, podemos mirar atrás con cierta perspectiva. Ya no estamos esperando a que llegue nuestra vida. Nuestra vida es lo que tenemos. Una época interesantísima para valorar qué te hace realmente feliz, y qué vale la pena.

julia montejo
Julia Montejo (Foto de Mercedes Segovia).

P.- ¿El amor es el gran motor del ser humano? También lo es la pasión, la felicidad o las ganas de llevar una vida diferente…

Sí. El amor mueve el mundo. El amor a otro, a uno mismo… Creo que en el siglo XXI, en nuestra sociedad privilegiada caemos una y otra vez en la trampa de creer que la solución al hastío o la frustración está fuera de nosotros. Insistimos en convencernos que podemos llevar muchas vidas, hacer tabla rasa y comenzar de nuevo. Yo mantengo que la tabla rasa es imposible, y que hay que digerir el pasado para construir algo mejor. Lo demás, no son más que huidas hacia delante, fruto de nuestra incapacidad para ser sinceros, valientes e incluso benévolos con nuestras debilidades y miedos.

P.- ¿Qué pasa por la cabeza de una mujer como Virginia para romper su equilibrio familiar? ¿Ya no es prioritaria la familia en la sociedad actual?

Virginia decidió olvidar de donde venía. Se provocó un agujero en la memoria y así se quedó ciega, con las capacidades para entender e interpretar limitadas. El enganche que tiene por Daniel trasciende lo sexual. Ella intuye que él posee esa información que la completaría. En ella se da la paradoja del olvido: olvidamos porque el recuerdo nos incomoda para vivir, pero luego necesitamos recuperar la memoria para poder vivir una vida completa.

Por supuesto la familia es fundamental para el ser humano. Sin lazos afectivos, yo creo que no somos nada. Pero la familia entendida en su concepto más amplio, no solo de sangre. Por familia entiendo también a nuestros amigos, a la tribu que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida.

P.- ¿En qué se parecen Julia Montejo y su personaje protagonista?

En algunas cosas.  Hay de mí en todos los personajes que he escrito.

P.- ¿Mirar hacia el pasado permite conocer siempre el origen de nuestros prejuicios y carencias?

Siempre. Y olvidar es terrible. Seguro que los familiares que han convivido con la enfermedad de Alzheimer lo saben mejor que nadie. O los que reclamamos la aplicación rigurosa de la Ley de Memoria Histórica. La memoria es lo que nos hace quienes somos.

P.- ¿Es evitable la infidelidad? ¿Somos humanos y, por tanto, débiles?

Yo creo que la infidelidad es evitable. Sin embargo, más que en la fidelidad confío en la lealtad. Somos débiles y también extremadamente fuertes. Plagados de contradicciones, oscuros y claros. Y menos mal, porque si no, la literatura, el arte en general, no existiría.

P.- ¿Cómo puede fijarse Virginia en un hombre que rezuma maldad y cierta oscura amoralidad? ¿Todos tenemos algo similar oculto en nuestra esencia?

Una persona amoral destila un poder inmenso. En realidad, sería más correcto hablar de inmoralidad tratándose de seres humanos porque el sujeto sin moral, sí que rinde cuentas a alguien: a sí mismo.  El inmoral actúa sin límites, o sin los límites que marcan el camino a los demás. Eso le permite jugar con ventaja. El poder resulta seductor. No importa su origen. ¿Quién no quisiera ser más poderoso? Todos tenemos deseos inconfesables y oscuridad en el alma que jamás verán la luz. De hecho, creo que la razón por la que esta novela resulta tan perturbadora es porque rápidamente te identificas con los personajes. La culpa y el remordimiento, el deseo de vivir intensamente, de no perderte nada, y la necesidad de sentirnos seguros son universales.

P.- ¿Te has planteado llevar tu novela al cine, convertirla quizás en un guion?

Me encantaría verla en la gran pantalla pero no bajo mi batuta.  Yo he concebido Los abrazos oscuros como un diálogo entre lector/escritora, con unos huecos que cada lector rellenará según su propia experiencia.

P.- ¿Nuevos proyectos entre manos?

Una nueva novela… y vivir.

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Por Benito Garrido (@benitogarridog).

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