Una visión sigilosa y contemporánea de “El desprecio” de Jean Luc Godard

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Por Nina Kosmac.

el desprecioLa película El desprecio es una maravillosa obra de arte del “cine dentro de cine”, llena de espejismos, analogías, citas, paralelismos, prototipos, alegorías metafísicas, casualidades, intertextualidad y transtextualidad. Siendo la transtextualidad del largometraje representada  como la integración del séptimo arte, con otras artes, como lo es, la literatura. El arte como concepto hipocrático de aproximación a la eternidad, es acerca de lo que trata la película, unido  a la visión de que un arte nuevo sea capaz de resucitar y pervivir en otro arte supuestamente extinto. Los múltiples alter-ego que son creados de manera sutil por Godard forman un efecto espejo, cuyo reflejo mareante se multiplica hacia el infinito formando un casi inescrutable remolino cuyo efecto vertiginoso hipnotiza, debido a la utilización de la técnica denominada “mise en abyme“ o construcción en abismo. De este modo el drama se convierte en una analogía, que alcanza el grado de sincrodestino de la sociedad moderna con la tragedia griega, debido al eterno deseo de inmortalidad del ser humano y su obsesión con el “Eros” y el “Tanatos”.

Sería absurdo definir el largometraje como un panegírico homenaje  hacia otros artistas clásicos con ínfulas, cargado de contenido válido, pero con una estructura y objetivo difusos, únicamente, porque la acción trascurre con suma lentitud y los silencios creados por el compositor de la banda sonora, Georges Delerue, resultan inquietantes. Las imágenes del largometraje y sus planos amplios fluyen de manera sigilosa, invitándonos a la  contemplación de la  romántica decadencia de los decorados de los estudios de la  mítica Cinecittà, junto al sol incandescente de la espectacular Villa Malaparte en Capri, que con su brillo logra el efecto óptico de traspasar la pantalla, como si estuviéramos dentro de un cuadro rodeados de simbolismo metafórico-poético, meritorio de Baudelaire, Verlaine y Rimbaud.

“¡Te desprecio y me das asco!”, es la cruel frase que le espeta Camille a su marido. Paul se obsesiona con el motivo del desprecio de su mujer, pero parsimoniosamente permite que Camille salga  con el productor Prokosch. Brigitte Bardot borda el rol de mujer florero –muñeca despersonalizada– Camille, mejor que sus sucedáneas Claudia Schiffer y Linda Evangelista.

Vivimos en un mundo donde el arte sigue la estela de lo decimonónico. Una realidad en la que dibujos animados como Winx, representan personajes mitológicos con colas y alas, en la que a través de iconos de Facebook podemos enviar unicornios u ojos de Horus y en la que, si utilizamos el programa Snapchat para Iphone, existe la opción de distorsionar nuestra fotografía hasta convertirnos en cíclope, o escupir un arcoíris más brillante que aquel que pudimos contemplar en El mago de Oz. Quizás por ello el Festival de Cannes haya decidido rendirle un merecidísimo homenaje a la película El desprecio, de uno de los exponentes de la nouvelle vague el cineasta Jean-Luc Godard. Ojalá esta actitud de dar a conocer el cine intimista por parte del Festival de Cannes no se deba a una postura exclusivamente comercial. Según el vanguardista precursor de las fusiones históricas de alto nivel Jean-Luc, el largometraje Le mépris, estrenado en 1963, “trata  sobre el mal que nos sigue acechando en la actualidad, el de la incomprensión entre las personas”.

El largometraje El desprecio está basado en la homónima novela del célebre escritor Alberto Moravia. Ambas obras tratan del paulatino deterioro de un matrimonio. Curiosamente el largo enlace matrimonial del escritor con su entonces mujer, naufragó después de la publicación de la novela y a su vez el rodaje de  El desprecio marcó el principio del fin del matrimonio entre el director de cine Godard y su mujer-musa (exmodelo fetiche de la controvertida diseñadora Coco Chanel) Anna Karina. Desde mi punto de vista, lo mejor de la película son los  interesantísimos  diálogos reescritos e infielmente adaptados por Godard, llenos de citas clásico-filosóficas, donde  el maestro franco-suizo nos muestra su visión sobre la infidelidad y traición en los negocios, el arte y el amor con una  curiosa representación babilónica a través de los distintos idiomas y las diversas nacionalidades de sus variopintos personajes.

desprecio meprisHéroes y antihéroes

Brigitte Bardot y Michel Piccoli interpretan a la pareja protagónica de El desprecio, cuya crisis está en pleno apogeo.  Brigitte Bardot, quien en su momento se coronó con una peluca rosa, al igual que las cantantes pop de hoy en día, en la película a tratar, luce una sofisticada peluca corta negra a lo Cleopatra, emulando al personaje de prostituta de uno de los largometrajes previos del cineasta Godard, Vivir su vida. La peluca es una de las múltiples expresiones  del simbolismo oculto, sofisticado y “chic”, empleado por el director Jean-Luc. A modo psicótico neurótico “jungiano”,  Camille (Brigitte Bardot), con expresión felina, deja que aflore su lado oscuro, colocándose una peluca de pelo negro, iniciando su curiosa metamorfosis y vuelta al origen. Las alusiones, paralelismos y disfraces de los personajes son algo habitual en este drama, como  por ejemplo: la suplantación del personaje interpretado por Michel Piccoli, quien a ratos se ve con una túnica romana y en otras ocasiones no se quita el sombrero ni en la bañera, emulando a un tipo duro,  referenciando el personaje interpretado por Dean Martin en la célebre película Como un torrente, donde la ludopatía, la inestabilidad emocional, la promiscuidad neurótica y el alcoholismo están a la orden del día.

El largometraje empieza con una de las citas  de André Bazin: “El cine sustituye nuestra mirada por un mundo amoldado a nuestros deseos. El desprecio es la historia de ese mundo”. Mientras  tanto una cámara enfoca el público, que a partir de ese momento será coprotagonista de la metaficción. El emblemático director de cine hace uso de la técnica “hamletiano-quijotesca” dejando que el espectador sea parte activa de la película y, a su vez, él contempla la ficción desde fuera y desde dentro, realizando a modo “hitckockiano” también un pequeño papel de director suplantando la identidad de Javal durante el rodaje.

El desprecio gira en torno a la grabación de la película La odisea. Los realizadores son: el productor, personificación  del poder  económico  en forma de macho alfa, Jerry Prokosh (Jack Palance), acompañado por su intérprete simultánea Francesa Vanini (Giorgia Moll), el director Fritz Lang, que se interpreta a sí mismo actuando de forma magistral en el papel de director de La odisea y Paul Javal, el guionista de la misma  (Michel Piccoli). El productor Prokosh contrata, para reescribir el guion de la película sobre Odiseo, a Paul Javal, quien anteriormente sólo había escrito para el teatro. Javal decide aceptar la propuesta por una importante suma de dinero y así complacer a su mujer (Brigitte Bardot). El personaje de Camille-Penélope está inspirado en la protagonista de La dama de las camelias y el personaje de la intérprete, traductora Francesca Vanini, en la película de Rosellini Vanina Vanini. La protagonista de la película de Rosellini es una mimada princesa, que se enamora de un guapo revolucionario antisistema.

En una de las escenas más emblemáticas e iniciales del largometraje podemos contemplar a la pareja tumbada en su lecho matrimonial con una iluminación rojo fuego simbolizando la pasión existente entre ambos. Camille está tumbada boca abajo, mientras le nombra cada parte de su anatomía a su marido, preguntándole a modo de juego erótico, con arresto, si le gusta cada parte de su cuerpo. Él afirma gustarle todo en ella. A continuación aparece la primera huella verbal presagiando un desenlace dramático: “¿Entonces, me amas absolutamente?” pregunta Camille. “Sí, totalmente, tiernamente, trágicamente”, responde el guionista Javal.

El monóculo de Fritz Lang

Lo mejor de la película, aparte del guion, es la actuación brillante del oscuro cineasta Fritz Lang, interpretándose a sí mismo, luciendo su característico parche pirata o monóculo, que siempre le cubría el ojo izquierdo (emulado por Tarantino en Kill Bill). El director leyenda del cine negro Lang, que en su haber no tuvo ningún fracaso económico y alcanzó fama mundial gracias a la película M y sobre todo con su largometraje de ciencia ficción Metrópolis, el que sigue inspirando con su simbología masónica a directores como  Kusturica, Almodóvar, y a clásicos del cine como Blade Runner. En el largometraje Metrópolis actúa una exuberante Brigitte Helm, digna predecesora del baile Waka-Waka de Shakira, que posteriormente sufre una trasmutación convirtiéndose en el androide María, cuya  misión  principal es la de corromper con su fatal belleza, lo que hoy por hoy se denominaría trivialmente a las masas “Borregomatrix”. Disfrazados del androide María de Lang aparecieron  innumerables artistas  desde Beyoncé y Freddy Mercury hasta Lady Gaga y Kylie Minogue. De clara simbología ocultista en la película Metrópolis aparecen elementos como el pentagrama invertido, el concepto “lo que es arriba es abajo”, el compás, la figura del mediador… Incluso en la misma, casi a modo de sacrificio, se puede apreciar a un cruel dios Moloch, que devora a una masa de personas, las cuales viven en condiciones extremas.

A lo largo de la película Le mépris Fritz Lang intenta orientar con sus sabias palabras de consejo y consuelo al guionista Javal inútilmente. Hasta le intenta inculcar en vano un concepto no radical frente al dinero. Fritz Lang, en una de las escenas del largometraje, define la jerarquía machista de la industria del cine, rotunda y cínicamente diciendo que “el cine no está hecho para el público, sino para serpientes y ataúdes”.

el desprecioLa magia de los colores y carteles

Sería una burla insultante decir que Godard haya sido el predecesor de las parodias cinematográficas, pero lo cierto es que si el espectador no ha visto ciertas películas, le resultará imposible descifrar el momento matrimonial por el que atraviesa la pareja protagónica, ya que los carteles de clásicos del cine sirven de preludio intuitivo e encriptado del alter-ego a adoptar por los personajes. Godard nos invita a recorrer con la mirada los carteles de míticas películas como Psicosis de Hitchcock, Vanina Vanini de Rosellini, Katari de Howard Hawks y Vivir su vida dirigida por él mismo, rindiendo así su peculiar homenaje a otros maestros del cine. Asimismo muestra su pasión por los padres del cine como Griffith (adorador de las novelas sombrías de Poe) y Chaplin.

El director de cine realiza un ejercicio atrevido de utilización de los colores fuertes y pastel para plasmar su visión onírica del surrealismo de la existencia humana y también realiza una especie de animación de los objetos muertos del decorado, ya que un simple bolígrafo llega a  representar lo que sería  la  llamada modalidad (predecesora de las nuevas tecnologías de hoy)  “caméra-stylo”, en la que el guion viene escrito con la cámara. Como elementos de mal presagio actúan todos los componentes dobles incluida una pareja de gemelo (técnica símil utilizada a posteriori por Scorsese).

Los Dioses y la poesía

El dios Poseidón y la diosa Minerva, que intervienen en la película sobre Odiseo, cuya grabación es contemplada por el equipo realizador de la misma, muy pronto se incorporan como personajes de la película en El desprecio, empezando a regir el destino de la pareja protagónica formado por Camille y Javal. La diosa, con ojos color fuego anuncia los momentos felices de la pareja en crisis y el dios del mar, con la mirada coloreada de azul metal o tonalidad Capri anuncia sus desventuras.

Odiseo como figura histórica representa la dualidad del ser humano, ya que puede ser considerado un héroe, asimismo como un antihéroe, según  las distintas acotaciones  históricas de las que cabe destacar que Dante lo emplaza en el infierno. Odiseo representa la astucia y la sed de aventuras, a pesar de que haya realizado una aportación a la humanidad como creador  del caballo de Troya. Odiseo en cierto momento de la obra maestra de Godard se convierte en el alter-ego de Javal, y su bella esposa Camille en una versión curiosamente postmoderna de Penélope.

El punto de inflexión y mayor reflexión y dramatismo existencial es el que simboliza la inversión y el cambio radical de  la curiosa citación del poeta –favorito de Nietzsche– Hölderlin:

“Pero cuando es necesario, el hombre permanece sin miedo.
Ante Dios, la simplicidad lo protege,
Y no necesita ni armas ni astucia,
Mientras el Dios no esté ausente”.

En la película, un sarcástico Fritz Lang reflexiona con cinismo sobre la alarmante mudanza realizada por Hölderlin al cambiar radicalmente los últimos versos del poema. “Mientras el Dios no esté ausente”, fue sustituido por: “hasta que la ausencia de Dios lo ayude”.

Lang también menciona vagamente a Prometeo, el que según las leyendas había robado el fuego a los dioses para iluminar a la humanidad, y es aquel dios, que halla en el tantra su equivalente en el andrógino Baphomet, figura dual, que tuvo mucha importancia para Freud, quien lo relacionó con el inconsciente y el padre malo en su psicoanálisis. Tanto Odiseo, aunque en menor medida, como Prometeo, lograron cumplir sus hazañas mediante el engaño, siendo castigados por su atrevimiento con el castigo griego por su hibris.

La omisión y el silencio

En cierto modo Godard, a pesar de citar muchas de sus influencias (Brecht, Dante, Homero, Corneille), en la película ha hecho grandes omisiones; la mayor es la de Kafka. Esto es una de las mayores críticas que debo hacerle al director, debido a su inspiración compleja y obvia en Kafka a la hora de la humanización de los dioses (relato de Poseidón), y la reinvención de las sirenas. Godard definió su película como el final de algo, diciendo ”Es el final de un periodo en mi vida y mi modo de hacer cine. Es preciso que cambie, que haga cosas diferentes”.

No existen excusas válidas para no ver este fabuloso clásico henchido de decadencia poética, que invita a la introspección, a la reflexión y nos enseña el arte de la paciencia y adaptación. Todo un lujo y símbolo de esperanza para la resurrección del cine alternativo europeo y un rayo de sol hacia el diálogo interpersonal. La obra maestra finaliza con la grabación de la escena de vuelta a Ítaca de Odiseo con una sola infinita palabra: SILENCIO. ¡Silencio!

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6 respuestas a Una visión sigilosa y contemporánea de “El desprecio” de Jean Luc Godard

  1. Magnifica descripción tan amplia sobre la película que medio he visto por youtube , no se encuentra completa sino a cachos. Muy interesante, me da a entender que la peli se desarrolla sola a través de unos cuantos personajes y el resto lo hacen los escenarios y objetos de el. Si logro verla vuelvo a dar otro comentario. Felicitaciones Nina Kosmak…

    Fernando Duque S.
    20 junio 2016 at 23:14 pm

  2. Magnifico artículo sobre esta obra de arte del cine. Sin duda tendré que volver a verla!

    Vanessa Villar
    21 junio 2016 at 16:49 pm

  3. Con este panorama de contexto me voy de lleno a la película. Confieso que no la vi; pero después de la critica leída creo que no debo perdérmela. Un trabajo de excelencia en su calidad. Muchas felicidades Nina Kosmac.

    Marcelo Agûero Urquiza
    22 junio 2016 at 1:41 am

  4. Muy buen artículo. Aunque no he visto la película, voy a buscarla y verla con un mayor entendimiento de todas las complejidades que ella presenta.

    Jorge Koechlin
    23 junio 2016 at 12:24 pm

  5. Una visión particular pero muy acertada de la película y de la visión de Godard.

    nino puskaric
    14 julio 2016 at 14:49 pm

  6. Vi la pelicula este finde en Buenos Aires para el Bafici y pienso leer mas detenidamente el artículo, pues me parece muy bueno y ayuda a pensar mas en el filme que, dicho sea de paso, me gustó mucho.

    carlos irusta
    17 abril 2018 at 23:39 pm

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