Jonathan Rosenbaum: Un viaje personal a través de la historia del cine

 

Por Rafael S. Casademont.

rosenbaumJonathan Rosenbaum, el famoso crítico americano de 73 años, realizó por primera vez un curso cinematográfico en España. Tildado incluso como heredero de André Bazin por voces como Jean-Luc Godard, el conocido crítico, ya jubilado de su labor en el Chicago Reader, ha aprovechado su nueva situación para dedicarse a labores más placenteras y motivantes que la crítica de diario. Autor de libros fundamentales como Movie Mutations o Goodbye Cinema, Hello Cinephilia, el veterano pensador se dedica a la reflexión cinematográfica por internet. Mediante su página web (jonathanrosenbaum.net) el escritor de Alabama habla de lo que le gusta, escribe sobre los títulos que más le interesan, elabora sus famosas listas y consigue, como pocos, reestructurar el listado de nombres que conforman la historia del cine rescatando a figuras del completo anonimato a través de su personal lupa cinematográfica.

Durante el marco de FILMADRID, Rosenbaum llegó a España para impartir por primera vez un curso en nuestro país con esa misma intención, titulado Un viaje personal a través de la historia del cine. Además de dotar de prestigio internacional a la valerosa apuesta cinematográfica de FILMADRID con su presencia como miembro del jurado de la Sección Oficial, el crítico realizó junto con poco más de cincuenta alumnos, a lo largo de seis días, un repaso debatido sobre su propia historia del cine. No se trataba aquí de recorrer lo de siempre, de ir de los Lumière a Haneke, del neorrealismo al cine iraní, sino de debatir sobre los títulos que forman una vida y una mente dedicadas al cine. Con la intención de transmitir la idea de cine del crítico americano y, para transmitir al lector los puntos principales donde una voz altamente autorizada sitúa las claves del arte cinematográfico, va este pequeño resumen de una semana de cinefórum programado y comentado por Jonathan Rosenbaum.

Como no podía ser de otra manera, Jonathan Rosenbaum empezó mostrando el trabajo de dos íntimos amigos, completamente desconocidos salvo para sus acérrimos lectores, ambos amigos y vecinos personales, cineastas amateurs en los que el estadounidense ve más calidad que en los más grandes nombres del panorama internacional actual. Sin duda, el gran nombre rescatado al mundo por Rosenbaum es su vecino de Chicago, Peter Thompson, del que proyectó (a través de unos DVDs cuya edición realizaron él mismo y la viuda de Thompson) Anything Else (1981), Universal Hotel (1986) y Universal Citizen (1987). Fotógrafo de profesión, el cine de Thompson habla de su vida personal, difícil de entender y de apreciar sin conocer los detalles biográficos propios de un desconocido que, sin embargo, se expresaba en imágenes de una forma única y sin claras similitudes a nada. Rescatando un famoso fragmento de Rosenbaum sobre su amigo Thompson podemos apreciar mejor el porqué de la importancia dada a este cineasta:

“Considero a Thompson como el más grande cineasta de Chicago, pero no hay razón para sentirse culpable por no haber oído hablar de él, porque sigue siendo desconocido en casi todas partes […] Fue hace algo más de 25 años, poco después de mudarme a Chicago, cuando me encontré por primera vez con el trabajo de Peter Thompson, un cineasta local independiente del que nunca había oído hablar […] Lo que hace que sea especialmente difícil de describir el trabajo de Peter es que, como la mayoría de los cineastas más importantes, como Chaplin, Dreyer y Bresson, por ejemplo, reinventa el cine para sus propios fines”.

Así es como trabaja Rosenbaum, sin miedo a comparar a un desconocido con Charles Chaplin o Carl Th. Dreyer si en él ve el verdadero poder del cine. Otra amiga, profesora audiovisual de origen iraní, ocupó la segunda sesión del seminario. Jerry and Me (2013), de Mehrnaz Saeed-Vafa, utiliza la famosa figura del cómico Jerry Lewis para retratar la figura del ídolo americano de los cincuenta y sesenta, a la vez que intenta transmitir su vida en Irán, su infancia, juventud y pasión por el cine. Sin duda, uno de los homenajes cinematográficos más interesantes que se pueden ver por su capacidad de retratar de forma compleja al personaje público y, a su vez, la vida íntima de la cineasta que realiza dicho tributo.

jonathan rosenbaum filmadridDespués de un viaje personal hacia lo desconocido, Rosenbaum nos retrotrajo hacia el cine mudo con Les vampires (1915) de Louis Feuillade y Luces de la ciudad (1931) de Charles Chaplin. Un viaje por la historia del cine, por muy personal que sea, no puede pasar sin el cine mudo. El popular serial francés, redescubierto solo décadas después como obra maestra del séptimo arte y la monumental obra del genio Chaplin, resistiéndose al sonoro una vez más y llevando al cine hasta la más pura destilación del sentimiento, fueron las obras elegidas para ello. Para explicar el concepto de identidad nacional y colectiva se proyectaron y debatieron otras dos películas: la primera fue una de las tres historias de The Sandwich Man (1983), de Hou Hsiao-Hsien, donde un payaso decide continuar con su cara pintada aún cambiando de trabajo para que su hijo le siga reconociendo en el Taiwán de los años 60. De esta forma, Rosenbaum añadía a su historia del cine la capacidad intrínseca al arte de representar, de forma poética y minimalista, la identidad nacional, en este caso entre Taiwan y China, así como proyectar uno de los primeros pasos del autor de The Assassin o Millenium Mambo, cineasta clave de las últimas dos décadas. Referido a la identidad personal, la extensísima cultura fílmica de Rosenbaum nos lleva hasta nada menos que la televisión francesa con Mix-up ou Meli-Melo (1986). Dirigido por François Romand, en el documental volvemos a ver una obra de carácter único, original y ambiguo, con una estética de juego, ficticia y divertida donde se retrata la historia de dos familias amigas cuyas hijas fueron intercambiadas por error al nacer trastocándose toda su identidad y sentimiento de pertenencia.

El ya citado Dreyer, como Chaplin o como Thompson, también tuvo su propio lugar en esta historia del cine reducida a su esencia del crítico americano. En este caso, se trataba de la última obra del danés. La grandísima Gertrud (1964) sirvió al crítico para expresar cómo en la historia del cine había artistas que solo podían crear a su manera. La obra, procedente de una versión teatral de expresiones diferentes a la película, se emparentaba así con la vida y obsesiones artísticas de uno de los realizadores más puristas y ambiciosos del cine, con el cine esencialista del autor de las magnas La pasión de Juana de Arco u Ordet.

Al igual que el cine mudo, el cine clásico americano tuvo su propio espacio inexcusable. La muestra de ello fue la proyección de Los caballeros las prefieren rubias (1953), de Howard Hawks, donde pudimos reparar en la construcción de uno de los mitos del cine como Marilyn Monroe y debatir acerca de la separación entre los sueños y la realidad,  la fantasía y la ficción, presente en cualquier obra fílmica que se precie. I, Dalio (2015), de Mark Rappaport, rescataba en primera persona la figura del actor Marcel Dalio, cuyo nombre no está en la mente de muchos pero cuyo rostro ha aparecido en películas como Casablanca o La regla del juego. El documental nos narraba, como si fuera el propio actor judío francés, la forma en que sus papeles cambiaban según la situación política y nacionalidad de la obra. Así, vemos la deformación e influencia nacional, política e histórica de un arte representado en los papeles de un actor que, en Hollywood era el encantador y refinado maître francés y, en Francia, el desagradable judío.

Finalmente, el crítico americano, después de mostrar el cine en su versión más personal, en sus momentos históricos claves, en sus luchas políticas personales y comunes y en su continua mezcla de sueño y realidad, decidió dedicar la última sesión al concepto de comunidad. Estrellas en mi corona (1950), de Jacques Tourneur nos lleva a un pueblo del sur de Estados Unidos que se estructura en torno a la unión que forma el cura y su parroquia. Con la aparición de un nuevo médico, una enfermedad infecciosa y el racismo dicha unión se resquebrajará porque, como muestra el último plano, nunca fue perfecta.

Si el viaje por la historia del cine empezaba en Peter Thompson, un cineasta amateur completamente rescatado por Rosenbaum, el broche debía ser también una lucha personal del crítico de Chicago. “Hay cineastas que no se saben vender bien, otros son mejores vendiéndose a sí mismos que siendo cineastas” decía Rosenbaum antes de hablar de Charles Burnett. Con el honor de ser el primer gran cineasta afroamericano, el nombre del autor de la fabulosa y más conocida obra de su diversa filmografía, Killer of Sheep (1978), ha quedado a la sombra de otros nombres de menor valía debido a una carrera irregular y a una escasa atención mediática. España, gracias al festival gallego Play-Doc, puede sacar pecho de ser uno de los pocos países en corregir ese error gracias a haberle dedicado una retrospectiva y un libro en su pasada edición al “mejor cineasta afroamericano”, según Jonathan Rosenbaum. When It Rains (1995), de Charles Burnett, es un cortometraje de solo 13 minutos que el crítico tiende a señalar como la mejor película de la década de los noventa. Con una unión perfecta entre jazz e imagen, el concepto de barrio, de comunidad afroamericana, de identidad cultural, familiar o de hermandad, quedan en este pequeño filme más concretamente retratados que nunca pese a su aparente simpleza.

Con Jonathan Rosenbaum uno puede aprender muchas cosas. Un cinefórum semanal solo puede transmitir una pequeña muestra de ellas pero no es la transmisión de conocimientos la principal labor del crítico. Rosenbaum, como ningún otro, intenta iluminar la mirada de los que le leen y escuchan para que puedan apreciarlo, no a él, sino a los cineastas que no han tenido la suerte de ser apreciados o de los que ya se cree que todo está dicho. No es en la charla o en el adoctrinamiento donde se desenvuelve bien, prefiere poner las películas (algo que cabreó a muchos presentes agobiados por la escasa duración temporal del evento) para luego escuchar a los alumnos y poder así responder humildemente. Encontrar las agujas en el pajar del contaminado mercado fílmico (sin duda, lo mejor del seminario fue la programación de obras a debate), reflexionar sobre los caminos de un cine sin distinción entre la ficción y el documental, que siempre ha sido sueño y realidad, política, historia, sentimiento o puro arte. Para reflexionar acerca de dichos elementos fundamentales está el buen cine pero también está la buena crítica y la de Jonathan Rosenbaum lo es.

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