“No seré feliz… pero tengo marido”: comedia salpimentada con aversión hacia los hombres

Por Horacio Otheguy Riveira

En hora y media se desarrolla la versión teatral de un libro escrito por la periodista argentina Viviana Gómez Thorpe. Un juego muy convencional que se convierte en divertido espectáculo porque cuenta con una actriz estupenda: Linda Peretz, que interpreta desde hace 16 años este monólogo en el que se refleja un público mayoritariamente femenino cuyas carcajadas y aplausos confirman que el imperio de los machos aún está sostenido por el perfil más árido y vulgar del sexo masculino:

Nosotros todo lo hacemos a dúo: yo cocino, él come, yo limpio, él ensucia, yo hablo, él lee el diario…

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No seré feliz… pero tengo marido pertenece a la categoría de un fenómeno social que se expande a través de la literatura periodística y del teatro, ámbitos en los que ha superado ampliamente el millón de espectadores y otro tanto de lectores de la obra original. Si la misoginia va de aversión a las mujeres, los términos contrarios —de los que raramente se habla— son androfobia y misandria, ambos significan lo mismo: aversión a los varones. Y es que este texto no deja marido con cabeza ni, por supuesto, mínima dignidad. Para ello no se priva de ningún convencionalismo que le permita golpearles con moderado ingenio en secuencias dramáticamente cotidianas.

Ni en el libro ni en la versión teatral hay una sola línea que facilite una tregua, todos los hombres que se asoman para acompañar al marido de la comedia son iguales o peores que él. Todo está al servicio de exponer sin titubeos a un cónyuge que bate los récords del egocentrismo y la estupidez: futbolero repantigado ante el televisor, machista hasta el ridículo, sucio, desordenado, y baboso perseguidor de jovencitas, loco por conseguirse una “novia-nieta” que “me quiera como soy”.

— Cuando mi marido no viene a cenar pienso que es por dos cosas: porque tiene una aventura, o porque yace muerto en medio de la calle. Prefiero la segunda.

— Mi marido me habla dos veces al día, por la mañana me dice Callate, y por la noche me dice Callate.

— Si un matrimonio festeja las bodas de plata, no lo hace porque es feliz, ¡sino porque ya falta menos! 

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Se trata de una comedia  bien dirigida por su adaptador Manuel González Gil, a quien le debemos otro éxito de larga duración en España y Argentina: El diario de Adán y Eva, primero con Miguel Ángel Solá-Blanca Oteyza, luego con Fernando Guillén Cuervo-Ana Millán. Tiene buenos recursos en torno a chistes eficaces sobre lugares comunes de las desavenencias entre hombres y mujeres de gran vulgaridad en los que ellos quedan inevitablemente mal parados, mientras ellas se defienden como fieras en busca de una liberación que, finalmente, conseguirán gracias al mismo tipo que las mantuvo encadenadas. Frente al machismo irredento del hombre que ama más al fútbol y al coche que a su esposa, una víctima que termina volando gracias a uno de los vicios más acendrados del perfil masculino, la búsqueda patética de la eterna juventud. Sólo cuando el susodicho la abandona por otra, ella puede aspirar a la libertad: “¡A mí no me agarran más!”.

Lo mejor: la relación de la actriz con el público. Pronto crea una empatía de gran eficacia. Linda Peretz maneja con soltura un habla argentina alejada del fuerte acento porteño, logrando que enseguida nos hagamos eco de un castellano muy cálido, de fácil comprensión, de amplia cercanía. Y cuando baja al patio de butacas tiene un carisma muy apreciado por el público, ya que se comporta con gran naturalidad, entrañable y divertida, sin necesidad de esgrimir palabras malsonantes, ni entrar en el juego masculino que critica, siempre logrando una comunicación respetuosa con espectadores de ambos sexos.

Resulta especialmente entrañable el testimonio social de este desencuentro hombre-mujer, muy generalizado en España y en la América hispana, esta vez a cargo de una compañía Argentina en un teatro como el Muñoz Seca, dirigida por Enrique y Alain Cornejo, padre e hijo: la única sala en Madrid que tiene en sus paredes inolvidables carteles de espectáculos y retratos de eximia gente de teatro española, algunas de las cuales obtuvieron importantes éxitos en Buenos Aires, como Alberto Closas, Julia Gutiérrez Caba y José Luis López Vázquez.

No seré feliz… pero tengo marido

Autora: Viviana Gómez Thorpe

Adaptación y dirección: Manuel González Gil

Intérprete: Linda Peretz

Música: Martín Bianchedi

Iluminación: Carlos Alzueta

Escenografía (no se acredita)

Sonido: Gabriel Lázaro 

Comunicación: Mamen Comunicación

Teatro Muñoz Seca

 

 

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