Los libros de la isla desierta: Andarás perdido por el mundo

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Por Óscar Hernández Campano.

Óscar Esquivias. (Ediciones del viento)

Andarás perdido por el mundoEn el principio fue el verbo. Después hubo sustantivos, demostrativos, sintaxis y gramática. Más tarde se desarrolló la épica, la epopeya, la poesía, el teatro y la narrativa. Y todo creció y se multiplicó. Los hombres y las mujeres se esparcieron por el mundo y como estaban perdidos, escribieron sus sueños, para que no se les olvidaran. Uno de esos escribas, de esos coleccionistas de palabras, artesanos del verbo y alquimistas de la gramática es el escritor burgalés Óscar Esquivias. Los relatos recogidos en este volumen que reseño con placer, honor, agradecimiento y admiración a partes iguales, son de una belleza mayúscula. Historias muy diferentes entre sí que nos llevan en el espacio y en el tiempo desde la París del siglo XIX a la Rusia actual, pasando por una aldea africana, el Hollywood del cine mudo o un barrio obrero de Burgos. Esquivias escribe, describe, narra, cuenta, divierte e hipnotiza con cada uno de los relatos que conforman este precioso libro. Precioso porque se abre con una imagen cautivadora de Asís G. Ayerbe que ya por sí sola narra todo un relato. Precioso y preciso libro de relatos en el que Esquivias hace gala de una capacidad virtuosa para narrar, para describir y para encontrar siempre el adjetivo, el verbo o el sustantivo más adecuado a cada situación. Su prosa abraza al lector como un amigo que cuenta una confidencia y su manera de narrar seduce para que nos dejemos arrastrar por estas historias tan dispares en las que sin embargo, se entreven denominadores comunes que cual música de fondo o sello personal, fragancia, aroma o aura, envuelven todas las páginas del libro y de los que después hablaremos.

Óscar Esquivias es uno de los narradores más dotados, versátiles y cultos del panorama actual en castellano. Su dominio del lenguaje y de las técnicas narrativas es innegable y la lectura de sus textos es un deleite para los sentidos. Leyéndolo uno aprende, se entretiene, se divierte. Sus relatos, por describirlo de alguna manera, parecen disponer de una banda sonora que el autor consigue hacer escuchar al lector mientras los ojos recorren ávidos las páginas de este volumen. No solo las referencias musicales consiguen este efecto, no; se trata de la capacidad de crear un mundo en cuatro dimensiones que envuelve al lector con sonidos de carruajes antiguos, o de la sabana africana, o de las bocinas del tráfico de Sunset Boulevar o del mecerse de las ramas de los sauces junto al río. El olor, el calor o el frío, incluso el miedo o el amor saltan de las páginas de los relatos de Esquivias al cerebro del lector creando una experiencia que y esto lo digo como escritor— es muy difícil de lograr.

Antes comentaba que, como en todo autor consolidado, algunos elementos comunes se entreven en los relatos. La música, de la que el escritor burgalés es gran conocedor, la religión, que ya aparece como cita en el título, y la homosexualidad, no como descubrimiento o relato de auto-aceptación, sino como deseo, como vivencia, como una parte más de la complejidad humana, están presentes en todo el libro. Son, por tanto, estos tres elementos, los denominadores comunes que como notas de fondo aparecen en mayor o menor medida en unos relatos bellos, duros, divertidos e inteligentes, y que a menudo dejan la sensación de ser extractos de historias más largas —de novelas, incluso— que quisiéramos continuar leyendo. Si quisiera ponerle un pero solo se me ocurre ese: que algunos relatos concluyen de una manera tal que dejan al lector ávido de más, un lector que con gusto se había dejado abducir por la historia de este o aquel personaje, y que es arrancado de improviso de aquella vida por un autor que ha decidido ponerle punto final al relato. Y eso, bien mirado, es otro triunfo de Óscar Esquivias, que como si fuera un cineasta detallista, encuadra entre sus manos el trozo de vida que nos va a mostrar, y la escribe sin olvidar ningún matiz para que a partir de ahí, sea la imaginación de lector la que rellene el pasado y el futuro de los personajes junto a los que ha se ha perdido por el mundo creado por el escritor de Burgos.

Creo que el mejor lugar para perderse es una isla desierta y allí nos llevamos un ejemplar de Andarás perdido por el mundo, este libro colmado de pequeñas grandes historias.

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