2084. El fin del mundo

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2084. El fin del mundo

Boualem Sansal

Traducción del francés por Wenceslao-Carlos Lozano

Seix Barral

Gran Premio de Novela de la Academia Francesa.

Mejor libro del año 2015 según la revista Lire.

Ati había perdido el sueño. La angustia se apoderaba de él cada vez más temprano, cuando se apagaban las hogueras e incluso antes, cuando el crepúsculo desplegaba su macilento velo y los enfermos, cansados de errar durante todo el día por cuartos, pasillos y terrazas, empezaban a regresar a sus camastros arrastrando los pies y dedicándose patéticos deseos de felicidad durante la travesía nocturna. Algunos no estarían allí mañana. Yölah es grande y justo, da y quita a su albedrío. Luego caía la noche con tal rapidez en la montaña que dejaba desconcertado. No menos abruptamente, el frío se hacía tan intenso que vaporizaba el aliento. Fuera, el viento arreciaba sin cesar, dispuesto a todo. Los ruidos familiares del sanatorio lo calmaban un poco, aunque expresaban el sufrimiento y sus ensordecedoras alarmas o las vergonzosas manifestaciones de la mecánica humana, pero no conseguían tapar el borborigmo fan- 001-272 2084_El fin del mundo.indd 13 15/07/2016 7:32:14 14 tasmal de la montaña: un lejano eco que imaginaba más que oía, procedente de las profundidades de la Tierra, repleto de miasmas y de amenazas. Y esa montaña del Ouâ, en los confines del imperio, era lúgubre y opresiva tanto por su inmensidad y su torturado aspecto como por las historias que corrían por sus valles y subían hasta el sanatorio tras las pisadas de los peregrinos que atravesaban la región del Sîn dos veces al año, haciendo siempre una parada en el hospital en busca de calor y de pitanza para el camino. Llegaban de lejos, de todas partes del país, a pie, harapientos y febriles, a menudo en pésimas condiciones; había algo de maravilloso, de sórdido y de criminal en sus sibilinos relatos, tanto más inquietantes al contarlos en voz baja, interrumpiéndose al menor ruido para echar una mirada a sus espaldas. Todos ellos, peregrinos y enfermos, estaban permanentemente atentos, temerosos de que los pillaran los vigilantes, o quizá los terribles V, y los denunciaran como makufs, propagandistas de la Gran Impiedad, una secta aborrecida a más no poder. A Ati le gustaba el trato con esos viajeros de largo recorrido, lo buscaba por la cantidad de historias y de descubrimientos que habían acumulado en sus peregrinaciones. El país era tan vasto y tan desconocido que daban ganas de perderse en sus misterios.

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«Una obra esencial en estos tiempos convulsos», ABC.
2084. El mundo que conocemos ya no existe. En el Abistan, un inmenso imperio, se impone un régimen totalitario donde reinan la sumisión a un dios único y la amnesia colectiva. Allí, Ati, el personaje central, sientenacer en él el demonio de la duda y decide emprender un viaje que pone en cuestión la sociedad en la que vive.
«2084. El fin del mundo es mucho más feroz y controvertido que Sumisión». Michel Houellebecq.
«Boualem Sansal es una de las mayores voces de la literatura contemporánea», Babelio.
«Un libro extraordinario y premonitorio», Le Figaro.
«Una sátira virulenta e implacable», Le Journal du Dimanche.

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