Tragicomedia inglesa pasada por una turmix española

Por Horacio Otheguy Riveira

 

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Las cosas como parecen: una comedia inglesa con dos parejas socialmente distintas que, al tomar contacto, cortocircuitan prejuicios varios y pronostican una vida muy amarga entre personajes que se mienten descaradamente a sí mismos y a quien sea con tal de sobrevivir, hasta que al final uno de ellos marca una diferencia sustancial, un cambio radical.

El original de Torben Betts traducido al castellano por un experto comediógrafo como Jordi Galcerán prometía mucho, pero en esas que al notable director Daniel Veronese le ha dado por meterle mano al texto (firma una rara “dramaturgia”) y convertirlo en un blando sainete televisivo con todos los lugares comunes habidos y por haber. Así las cosas no se sabe qué queda del original británico, y lo que se presenta con cuatro actores que se dejan el alma en el asunto, da la sensación de un borrador con dudosas intenciones y muchos golpes bajos; apuntes elementales que intentan sacar adelante situaciones remanidas.

Mucho mérito tiene lo conseguido por todos los intérpretes, sin duda, con el propio Veronese como experimentado director de interpretación en otras funciones muy aplaudidas en estas mismas páginas (¿Quién teme a Virginia Woolf? y, más aún, Bajo terapia, actualmente en el Marquina).

fotonoticia_20161024165220_640Emilia y Julio son los dueños de casa, burgueses por educación, pero sin un duro y con muchas nebulosas en la cabeza: Maribel Verdú compone con rigor tan preciso que quedan al descubierto sus recursos para afrontar al personaje más antipático de su carrera teatral. Una madre de familia estrictamente ecológica, una roja de boquilla insufrible que, lógicamente, mostrará debilidades previsibles. Jordi Bosch (El nombre, El método Grönholm, Todos eran mis hijos) lo tiene más difícil. Bravo resulta su desafío al encarar a un tipo mitómano y sumiso a los caprichos de la marisabidilla de su esposa, así, en líneas generales, aunque también previsible, mucho más interesante que ella por la sencilla razón de que nunca podremos asegurar por dónde va a salir. El show de la noche va por cuenta de un actor acostumbrado a sorprender: Jorge Calvo, quien bordó a Rubén Darío en Luces de bohemia, de Valle Inclán, lo mismo que cantó y bailó maravillosamente en El eunuco; aquí tiene a su cargo la parte cómica al representar al típico-clásico-tópico españolito de a pie, cervecero y futbolero (quizás un hooligan, en el original inglés) que será el contrapeso perfecto para desestabilizar el encuentro entre vecinos. Él y su mujer son los invitados a tomar algo en el chalé de al lado. Mientras Jorge Calvo defiende su parte con indudable talento, haciendo las delicias del público menos exigente, asumiendo a un tipo visto mil veces, quien se lleva el gato al agua, y justifica toda la representación es Pilar Castro, que además tuvo que enfrentarse a las tres caras de su personaje a una velocidad de vértigo en sustitución urgente de Natalia Verbeke, que la estrenó en gira y que “por motivos personales” no debutó en Madrid.

En este tour de force, Pilar Castro (El inspector, Babel, Los vecinos de arriba) interpreta a una mujer aparentemente bruta que se mueve por los lugares pilar_castrocomunes de la sexualidad abierta y desprejuiciada, y avanza hacia la seriedad de quien quiere afrontar el riesgo de un necesario cambio en su vida, aportando en el giro de la escena final un broche actoral conmovedor que da un sentido profundo a la agridulce comedia y deja la impresión de que en realidad cuando de verdad comienza la función es al final, aunque ya todo lo que suceda desde entonces quedará en manos de la imaginación del espectador.

Insisto en que las interferencias de adaptación a la española, que es algo que ocurre con demasiada frecuencia, desnaturalizan la obra original y poco y nada se entiende que, contando con un traductor de la calidad escénica de Galcerán, sea el director quien deforme el texto con ánimo de llegar al público nativo, al parecer incapacitado para la confrontación con otras culturas y su identificación posterior, tarea mucho más creativa que la de empobrecerlo todo con un puñado de convencionalismos tan vistos que echan para atrás al más pintado.

Invencible

Autor: Torben Betts

Traducción: Jordi Galcerán

Dramaturgia y dirección: Daniel Veronese

Ayudante de dirección: Maite Pérez

Intérpretes: Maribel Verdú, Jorge Bosch, Pilar Castro, Jorge Calvo

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz

Iluminación: Juan Gómez Cornejo & Ion Aníbal

Vestuario Maribel Verdú: Wanda Morales

Espacio sonoro: Andrés Belmonte

Producción: Nicolás Belmonte y Carlos Larrañaga

Del 26 de octubre al 26 de noviembre de 2016. Sala Verde de los Teatros del Canal.

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