Westworld: la sorpresa “de los huevos de oro” de HBO

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Por Virginia Garza

¡Cuidado! ¡Contiene spoilers del episodio final de Westworld!

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Tras el éxito abrumador de la sangrienta y sorprendente Juego de tronos, a la que le queda un telediario, la cadena de televisión HBO tenía claro que debía buscar una nueva serie que suplantara de alguna forma a la anterior, para seguir contando con un filón que supere en audiencia a su competencia. Así llegó Westworld, una serie cuya idea principal (aunque no lo parezca) no es del todo original. Se trata de un remake de una película del mismo nombre, dirigida por Michael Crichton y estrenada en el año 1973.

A pesar de este aspecto, la adaptación no ha dejado indiferente a nadie, de tal forma que ya se ha cumplido lo que los altos cargos de HBO anhelaban: se ha convertido en la serie que suplantará a Juego de tronos. Pero, ¿por qué? Os preguntaréis. ¿Qué tiene de especial esta serie de ciencia ficción que no tengan otras? Además de un elenco de actores de alta categoría (entre ellos se encuentran Anthony Hopkins, Ed Harris y Evan Rachel Wood). Esta pregunta no es fácil de contestar, puesto que son muchos factores los que hacen brillar esta serie. Pero empecemos por el principio.

Westworld es el nombre un parque temático inspirado en el lejano oeste (vale, hasta ahí sé que todos habíamos llegado) poblado por una serie de seres robóticos con apariencia de ser humano cuyo control total depende de las personas que regentan el parque. Por lo que parece y, en base a estos y otros avances científicos visibles en el desarrollo de la serie, suponemos que está situada en el futuro. Hasta aquí todo correcto pero, ¿qué ocurre realmente dentro de este parque?

Personalmente, esta serie me ha sorprendido de principio a fin. A pesar de que muchas de sus teorías (que se cumplen finalmente) ya circulaban por la red, esta serie da más de un giro argumental que desbarata todo lo que pensabas sobre ella durante cada uno de sus episodios. Desde su narración lineal, puesto que se descubre que no es lineal en absoluto, hasta su maravilloso retrato de la mente y la conciencia humana. Y es que, aunque el único propósito de estos seres, denominados “anfitriones“, es satisfacer los deseos de los visitantes del parque, estos también pueden sentir, sufrir, amar, reír o llorar como cualquier otro ser humano. Lo que convierte a este parque, cuya idea principal estaba basada en una especie de juego, en un dilema moral que supera todas las fronteras.

Sin embargo, no es este el único aspecto que hace especial esta serie. La introducción de intrigas como quién es realmente Arnold o el Hombre de Negro, qué se encuentra al final del laberinto o cuál es la principal motivación de Ford (el dueño y creador del parque) mantienen en vilo al espectador durante los diez episodios que definen esta primera temporada. Y ese final de hora y media es uno de los mejores que he visto desde hace mucho tiempo. No solo revela que William y el Hombre de Negro son realmente la misma persona (una pena, ya que muchos hemos logrado encariñarnos con este personaje y la que relación que comienza junto con Dolores), sino que revela el final del laberinto y el destino del verdadero Arnold, que murió ordenando a Dolores su asesinato.

Pero aún quedan muchas incógnitas que resolver. ¿Qué ocurrirá con Dolores? ¿Qué personajes “resucitarán” en la siguiente temporada? ¿Lograrán los anfitriones su esperado “libre albedrío“? Aún no lo sabemos…

Lo que sí está más que claro es que, a pesar de que su segunda temporada no llegará hasta el año 2018 (sí… nos vacilan claramente), HBO supera todas sus expectativas en cuanto a calidad en sus producciones. Recientemente, se ha asentado en España, de modo que ya podemos ver todas las series de esta cadena de televisión en alta calidad y todas las veces que lo deseemos. Así se hace más llevadera la espera hasta 2018…

 

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