“Celestina”: extraordinario nuevo montaje de José Luis Gómez

Por Horacio Otheguy Riveira

Una nueva vuelta de tuerca sobre el mismo texto y similares coordenadas en un espacio escénico diferente consolidan la visión del clásico de un hombre de teatro de excepcional talento, capaz de corregirse a sí mismo en una investigación sobresaliente con la que se premia por todo lo alto, y brinda nuevas posibilidades a todo el elenco.

 

Un escenario circular donde se perciben llanos y alturas, lechos tumultuosos y persecuciones temibles; la avaricia y el gozo de brindar virgos a jóvenes ardientes y abades perversos, el disfrute pleno de los placeres carnales en un mundo regido por la Santa Inquisición, y muchos otros aspectos son representados con una depuración que gana en todos los aspectos frente al estreno de la pasada primavera en La Comedia.

José Luis Gómez, rodeado de muchos talentos, es una Celestina pícara, fémina vieja que recuerda sus años mozos de buena puta sin nostalgia, hechicera y sensual con su ramalazo de viril capacidad de arrojo y violencia. Alegría de la huerta, simpática hipócrita, genial actriz para sus vanos intereses, y en su ardiente corazón macho ibérico alimentado de despojos.

Una creación extraordinaria que reparte posibilidades de lucimiento a un gran elenco, esta vez con escenas más depuradas. Se produce un reencuentro emocionante con una Compañía que estrenó de manera confusa, y que ahora regresa para recibir justas ovaciones por parte de un público nuevo y repetidores como este cronista entusiasmado ante tan lograda concepción escénica donde el viaje celestino por el siglo XV toca notables fibras de emotividad y reflexión.

Si en la primera vuelta vi un trabajo muy irregular, ahora nada escapa al sobrecogedor encuentro de la libertad y la represión social en una obra maestra de refinada belleza desde la primera escena coral hasta el conmovedor final con Chete Lera y un epílogo bellísimo en la voz de José Luis Torrijo con arábiga melodía.

Raúl Prieto logra cimas de exquisita creación al ocuparse de Calisto como un salido sin remedio que logra la satisfacción del deseo conseguido, ya más dispuesto aún a entregarse a la bella desvirgada tal y como ella lo quiere: noche a noche. Juntos, Calisto y Melibea (espléndida Marta Belmonte) son ahora una pareja de ansiosos amantes hechizados por la bruja y luego por ellos mismos. Tras la pasión, el amor que se quiere eterno y el posterior hachazo de la fatalidad: mano del autor Fernando de Rojas (o mano negra anónima que se abalanzó a corregir tanta rebelión, tanto desafuero), coherente con la obsesión católica por reprimir todo atisbo de felicidad carnal.

Reaparece el reparto de la primera temporada, pero gozando de mayores posibilidades, y el mismo texto se reubica, las escenas desfilan con otro ritmo y todo se readapta a la conformación de un nuevo espacio escénico que tiene en el maestro Juan Gómez Cornejo un mago esencial: su puesta de luces resulta de fundamental importancia para crear ambientes, situaciones, claroscuros emocionales y evidentes. Son los lances lumínicos, desde el altísimo techo de La Abadía, los que crean juegos imaginarios que semejan malabares, conciertos visuales de sinfónica ambición bajo los cuales paso a paso se reconstruye una nueva función que ya contenía, en su origen, el milagro del teatro que, con minuciosa porfía, acaba logrando sus mayores objetivos.

La puesta en escena tiene un planteamiento pictórico fabuloso. Hay una creatividad poética que permite ver puertas, calles, iglesia y cornisas en un espacio vacío. Un escenario circular que lo permite todo en su briosa desnudez y todo se desliza con tal seguridad dramática y destreza física que constantemente se transmiten emociones precisas, contraste poético de hondura mayor: la alegría de las mujeres sexualmente dispuestas, la sordidez de la avaricia, el crimen, la fatalidad y el dolor inmenso del padre de familia ante el silencio de Dios, la traición de sus más firmes creencias en una escena de estremecedora belleza.

Celestina

Autor: Fernando de Rojas (1470-1541)

Adecuación para la escena: José Luis Gómez y Brenda Escobedo 

Dirección: José Luis Gómez

Ayudantes de dirección: Andrea Delicado y Lino Ferreira

Intérpretes: José Luis Gómez, Chete Lera, Palmira Ferrer, Raúl Prieto, Marta Belmonte, José Luis Torrijo, Inma Nieto, Miguel Cubero, Diana Bernedo, Nerea Moreno

Espacio escénico: José Luis Gómez y Alejandro Andújar  

Vestuario: Alejandro Andújar y Carmen Mancebo

Caracterización: Lupe Montero y Sara Álvarez

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Música: Eduardo Aguirre de Cárcer

Fondos de sonido sobre trabajo de campo: José María Sicilia

Fotografías: Sergio Parra

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico y Teatro de la Abadía

Teatro de la Abadía. 18 de enero al 26 de febrero de 2017.

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