Dos funciones de Tomaz Pandur en El Español: un homenaje lleno de vida

Por Horacio Otheguy Riveira

 

Dos espectáculos en la lengua original del director: esloveno, con sobretítulos en castellano. Una experiencia inédita en nuestro país por parte de quien dejó en España una carrera llena de hallazgos y no poca polémica. Aventurero indómito, audaz buscador de la belleza teatral, reveladora de la empecinada lucha del ser humano por ser fiel a sí mismo.

 

Tomaz Pandur murió de un infarto a los 52 años ensayando Rey Lear: ¿Sucedió realmente? ¿Así se marchó Pandur o sólo se trata de la última representación de uno de sus apasionados personajes?

Siempre sostuvo que la magia del teatro brotaba de la unión de la imaginación y el esfuerzo, de un trabajo muy duro física y emocionalmente, rodeado de profesionales de primera magnitud “para alcanzar algunos momentos de belleza profunda”.

Fue un director de teatro genial que provocaba situaciones complejas. Algunos detestamos espectáculos como Inferno o Amistades peligrosas: nos parecieron caprichos arbitrarios por puro anacronismo, mezcla rara y decepcionante de creatividad y banalidad. Pero, pasada la efervescente reacción, ya esperábamos lo siguiente, a ver con qué nos iba a sorprender la singular mirada de Pandur.

Y lo siguiente fue un Hamlet/Blanca Portillo en el que su misma tendencia de romper amarras y lanzarse al peligroso ruedo de la innovación le permitió momentos inolvidables frente a otros de difícil encaje. Pero la grandeza de Padur estaba en su búsqueda desesperada y cargada de esperanza a la vez.

En un escenario cinematográfico donde se reinventaba la obra en muchos aspectos, coincidieron hallazgos memorables como la revelación de una feminidad viril en el príncipe Hamlet junto a un Horacio enloquecido de dolor, cojo, ante la lucha y la muerte de su gran amigo (magnífico Félix Gómez), o una reina Gertrudis en cuya piel alzaba su impotencia la siempre grande Susi Sánchez, y la alocada peripecia chapoteando en el agua de una tan desgraciada como bellísima Ofelia (impactante Nur Levi).

Fascinó sin concesiones con grandes logros poético-escénicos cuando se sumergió en la versión teatral de la película de Luchino Visconti, La caída de los dioses, donde unió estilos muy diversos y recreó con acierto la corrupción de la burguesía que apoyó a Hitler, junto con la sobrecarga sentimental de una pasión incestuosa entre una aristócrata y su hijo (fantástica Belén Rueda, hasta ahora el mejor trabajo de su breve carrera teatral, junto a un jovencísimo y muy acertado Pablo Rivero), y más tarde, para mí su obra mayor, una recreación de Fausto, de Goethe, con gran potencia creativa, aportes dramáticos muy interesantes, y formidable equipo de intérpretes: Roberto Enríquez, Víctor Clavijo, Ana Wagener, Alberto Frías, Emilo Gavira, entre otros.

Ahora el Teatro Español le rinde justo homenaje al traer a su escenario las versiones con su propia compañía y en la lengua original del director —esloveno con sobretítulos en castellano—, de este Fausto  visto en Madrid, y de Inmaculata, obra que estrenó con gran éxito Blanca Portillo en el Valle Inclán en castellano, dirigida por Agustí Villaronga. Pandur escribió la adaptación teatral con su hermana, Livija Pandur, habitual colaboradora, quien firmó la puesta en escena, basada en la novela de Colm Tóibín ‘El testamento de María’:

Hace dos mil años comenzó a escribirse la biografía de María, la madre de Cristo. Fue representada y descrita innumerables veces, pero cada paisaje de su historia tiene el mismo motivo: el motivo de una mujer que perdió a su hijo. La soledad después de la pérdida es infinita, la historia de la pérdida es inexplicable; Su viaje es un viaje a lo largo del borde de un abismo, donde cada pensamiento se convierte en una navaja y ninguna herida sana jamás. 

Entramos en su desperdiciado jardín, donde ningún niño volverá a jugar.

Entre las grietas de este texto, en sus espacios íntimos de pensamiento, anticipamos trampas que sobrevivieron a través del tiempo, representando alguna memoria antigua ontológica, mientras que su verdad sigue siendo un enigma. Ella sigue siendo incomprendida, sola, diferente, divina y mortal. Pero se convirtió en una heroína, un icono, un ídolo. Una de esas mujeres que inspiraron el arte una y otra vez.

 

Ponemos en escena nuestros corazones. Esto es como una alquimia. Igual que se necesitan toneladas de pétalos de rosa para extraer una gota de perfume, en el teatro se necesitan muchas horas de trabajo conjunto para lograr un momento de belleza. La aproximación dramatúrgica al libro de Goethe ha necesitado dos años. Se necesita llevar a cabo un trabajo muy arduo para que brillen los momentos de belleza que busco.

En el Teatro Español: Fausto, 2-5 febrero 2017; Inmaculata, 10-12 febrero 2017. 

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