Instrucciones no instructivas para leer a Macedonio Fernández, el autor y el personaje

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Por Jesica Lenga

Introducción

Sí, lo admito, me está pasando eso. Podría usar la excusa de que lo mismo ya le ha sucedido a hombres y mujeres mucho más grandes que yo, pero prefiero hacerme cargo de la situación: no sé con cual de los dos quedarme… no podría precisar si me gusta más Macedonio Fernández el autor o Macedonio Fernández el personaje.

Macedonio tuvo una extraña suerte, podríamos mencionar cientos de casos en los que la obra trasciende a su creador, todos tenemos en la memoria alguna canción, un cuento favorito cuyo autor no podemos recordar. El caso de Macedonio es distinto, Macedonio es un autor que trascendió su propia obra, que es conocido más allá de ella misma como si de un personaje literario más se tratara.

Es probable que muchos de los que estén leyendo este artículo sepan de Macedonio  por Borges. Borges fue uno de los principales responsables en convertir a Macedonio en un mito: lo menciona en ensayos, conferencias, prólogos y cuentos. Borges coloca a Macedonio en el lugar del viejo sabio, el padre espiritual de todos los vanguardistas en la Argentina, incluso admite deberle todo lo que ha escrito. El Macedonio borgeano es un hombre tímido, sencillo, que no necesita demasiado para ser feliz, es ese sujeto que uno podía encontrarse siempre en algún bar de Buenos Aires dispuesto a mantener una larga conversación sobre poesía, sobre filosofía , sobre su desdeñada medicina o simplemente listo para hacer una exhibición más de su sentido del humor. El Macedonio de Borges prefiere hablar antes que escribir, es despistado, desorganizado con sus escritos que se acumulan en cuadernos perdidos en alguna de esas pensiones donde le gustaba vivir… a salvo de cualquier lector. El Macedonio de Borges casi que no es un autor, es un personaje borgeano. Luego, muchos otros autores sucumbieron a la tentación de tomar a este entrañable personaje: lo hace Ramón Gómez de la Serna,  lo hace Ricardo Piglia en una de sus más bellas novelas: La ciudad ausente, lo hizo también hace muy poco Roberto Ferro en Los borradores de Macedonio: una casi novela sin final.

Sin embargo más allá del personaje existe un Macedonio Fernández autor, que sí escribió y que aun cuando nunca ganara más que treinta pesos con su literatura, nos dejó una obra tan peculiar como insoslayable. Leer un libro de Macedonio Fernandez es una de las experiencias más placenteras que un lector pueda llegar a tener, salvo por el hecho que Macedonio provoca que ya no sepamos bien qué es un libro, qué es un lector y qué se supone que hagamos cuando leemos.

 

Advertencia

  • En primer lugar se debe advertirle al lector que explicar en qué consiste o cómo es la literatura de Macedonio Fernández es una tarea casimposible.
  • Si no fuera imposible, esta autora se declararía incompetente en la materia.
  • Aun así se propone hacerlo, prometiendo que este es su último artículo malo y anunciando que próximamente saldrá su primer artículo bueno sobre Macedonio Fernández y que quizás él, que escribió Adriana de Buenos Aires (última novela mala) y luego Museo de la novela de la Eterna (primera novela buena), sabría comprenderla.

 

Prólogo

Creo yo que las únicas instrucciones que podrían resultar acordes a la literatura macedoniana serían unas no instructivas. ¿Por qué?, porque para leer a Macedonio hay que estar dispuesto a aceptar el sinsentido, a encontrarse con la autobiografía no se sabe de quién, las historias de un bobo inteligente o de un zapallo que se hace cosmos, personajes que son “Recienvenidos” hace rato, torturadores de tréboles o que usan linternas diurnas.

Pero además, las instrucciones a la literatura de Macedonio tienen que ser no instructivas puesto que lo que esta le exige al lector es justamente, que olvide cualquier tipo de instrucción previa que pueda tener acerca de lo que la literatura es o puede incluir. Para ingresar al mundo de Macedonio hay que prepararse para toparse con cualquier cosa, menos con lo esperado.

 

Brindis en homenaje a los posibles lectores de este artículo

Le agradezco, querido primer lector por estar aquí presente. Es una suerte que finalmente haya llegado hasta aquí porque tengo una legión de lectores que se rehusaban a leer mi artículo a causa de que el primer lector aún no había llegado.

Celebro además que haya aceptado leer algo escrito por una autora que, si es tan desconocida a los veintinueve años resulta imaginable cuanto lo será más adelante, ahora eso sí, como desconocida es la más completa que pueda encontrar con vida.

Lo que puedo garantizarle, amigo lector, es que está en presencia del primero en la lista de los artículos leídos por analfabetos y en el mejor de los textos jamás leídos, los dos méritos menos meritorios que las autoridades no autorizadas puedan otorgar.

 

Continuación de las instrucciones aún no comenzadas

  1. Si usted es de esos que solo ordena su cuarto el treinta y dos del mes trece, si el humor es cosa suya y a la realidad solo la conoce de oídas, debería comenzar leyendo Papeles de Recienvenido. Recienvenido es un personaje del que no sabemos nada (pero ignoramos mucho) y se presenta diciendo que una vez escribió: “La guía del cojo en el camino recto de la vida”  para después relatarnos su gran aventura: se dio contra la vereda, profiriéndole un golpe con su frente. En Papeles de Recienvenido Macedonio toma lo mejor de la tradición del humor absurdo, se perciben en este extraño libro influencias de los más variadas: desde Schopenhauer, hasta Bergson, Laurence Sterne, Ramón Gomes de la Serna (íntimo amigo de Macedonio) o Cervantes. Recienvenido comenta que no viaja a Alemania porque no sabe callarse en alemán pero que conoce una ciudad en ese país que se ha volado;  afortunadamente luego pudieron ser recuperadas su primera, su segunda y también su tercera mitad.
  1. Predispóngase a ser un “lector salteado” si en Papeles de Recienvenido, Macedonio olvida constantemente que debería estar contándonos la historia de su personaje e intercala materiales de lo más diversos: una autobiografía que detalla cronológicamente la historia de sus caídas, una carta que se escribe a él mismo, los brindis que les dedica a sus amigos o las aventuras del que viaja en el tren que perdió, en Museo de la Novela de la Eterna le escribe una dedicatoria al lector salteado en la que admite que su obra, rapsódica, desordenada, ha sido pensada especialmente para él. Museo de la Novela de la Eterna, por ser una obra salteada será la primera que los lectores salteados, los más sabios de acuerdo a la opinión de Macedonio, podrán leer seguido sin traicionar a sus principios.
  1. Olvídese de las convenciones genéricas, desarrolle la paciencia. Ya desde el título Macedonio promete que Museo de la Novela de la Eterna es precisamente una novela y además dice que es su “primera novela buena”, sin embargo, antes de comenzar la historia incluye ¡cincuenta y seis prólogos! Luego la historia de este grupo de personajes que pretenden conquistar Buenos Aires no comienza a transcurrir nunca. Esta novela, experimental, no lineal, que destruye los cánones de la literatura decimonónica es considerada como la obra maestra del autor que nos ocupa. Macedonio echa por la borda las pautas del realismo e inaugura una nueva forma de escribir novelas que anticipa las vanguardias, en la cual literatura y teoría literaria se funden para dar lugar a lo que él llamó “Belarte”.

18.

  1. En el paso anterior permanecí en silencio, primero porque estaba pensando qué escribir en el que le sigue a este, pero además porque estoy segura de que alguno de ustedes podría considerar injusto que sea yo la única que hable, así que deje un espacio vacío para que allí puedan hablar ustedes.
  1. No olvide descartar sus consideraciones acerca de lo que es un personaje. Tal como sucedía con Recienvenido, tampoco sabremos demasiado acerca de las biografía de la Eterna, el Presidente, el Viajero o el Candidato a Personaje, protagonistas de Museo de la Novela de la Eterna. Recordemos que Macedonio se opone a la visión mimética de la literatura, para él los personajes no deberían copiar la vida sino que tendrían que pretender vivir realmente. Así paradójicamente, los caracteres macedonianos son más realistas que los del realismo puesto que en lugar de perder el tiempo imitando la realidad Son reales, existen, entretanto el lector mantenga abiertas las páginas del libro. Por eso como seres reales, se quejan frente a las actitudes del autor, se rebelan contra él, se preguntan constantemente cómo seguirá su propia novela.
  1. Incorpore nuevas palabras a su diccionario: en los libros de Macedonio los límites entre las palabras se desdibujan, estas se juntan, se rompen para dar lugar a otras nuevas: ¿Ricardo?, ¿Paula? ¿Quién querría esos nombres si pudiese llamarse Casigenio, Deunamor o Dulce- Persona? ¿Viviría usted en las calles Santa Fe, Alcalá o Reforma si pudiera hacerlo en “Vivir sin nunca”, “Cerco Florido “o “El despertar sueña con el hoy”?
  1. Considere modificar su voto, hacia 1920 Macedonio se propuso lanzar su campaña presidencial. Su postura era sencilla: como son muchas menos las personas que se proponen ser presidentes que las que pretenden ser kiosqueros o farmacéuticos, llegar a la presidencia es un objetivo mucho más sencillo de lograr que abrir un kiosco o una farmacia. El plan de Macedonio no podía fallar: sembraría el caos a través de pequeñas cosas como fabricar lapiceras con dos puntas que machasen los bolsillos de las camisas de sus dueños, construir escaleras con enloquecedores escalones disimiles o distribuir cucharas de papel que se disolvieran cuando la gente quisiese revolver su café. Luego se presentaría como el único capaz de resolver ese caos y no quedaría otra alternativa más que votarlo.

 

Epilogo

Escritores y presidentes se parecen después de todo, ambos se dedican a  vender ficciones, ninguno de los dos, ciertamente se caracteriza por su apego a las reglas.

La literatura, para Macedonio es precisamente eso, el derecho a la transgresión: de las formas de pensamiento institucionalizadas, de los cánones formales, de los saberes preestablecidos.

Quizás estas transgresoras instrucciones no los hayan instruido mucho acerca de cómo leer a Macedonio, considérenlas entonces un pequeño muestrario, una invitación a la (¡pronta, espero!) lectura.

 

 

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