El trabajo como placer (Kahlil Gibran)

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Una forma de considerar el trabajo es bajo la perspectiva de la obligación e incluso de la pena. Esa, en parte, es la cualidad que se le otorga en el episodio bíblico de la expulsión del Paraíso, en donde Adán en particular es condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente.

En la historia, el trabajo ha sido esclavitud pero también medio de liberación; motivo de sufrimiento pero también de placer; se le ha visto lo mismo como factor que retrasa la utopía o como aquel que la acelera.

¿Cómo conciliar ambas posturas? O quizá cabría mejor preguntar qué las hace distintas, por qué hay quienes viven el trabajo como una carga mientras que para otros es un vehículo de aquello que realmente quieren y desean hacer.

Una posible respuesta la tenemos en un texto más o menos breve de Kahlil Gibran, el poeta de origen libanés que ganó una fama notable en Occidente por escribir buena parte de su obra en idioma inglés. Ese es el caso de su libro más conocido, El profeta, que sobre todo en la primera mitad del siglo XX se leyó con profusión.

A El profeta pertenece también este fragmento que ahora compartimos; en él Gibran discurre sobre el trabajo pero desde una perspectiva distinta a la que estamos habituados a considerar, una en la cual nuestras labores cotidianas son indisociables de nuestra capacidad de amar. Escribe Gibran:

Entonces un hombre del arado dijo, “Háblenos del Trabajo”.

Y él respondió, diciendo:

Trabajas para mantener el ritmo con la tierra y con el alma de la tierra.

Porque estar parado es volverse desconocido para las estaciones, y salir del desfile de la vida que desfila con majestad y sumisión orgullosa hacia lo infinito.

Cuando trabajas eres la flauta por cuyo corazón el susurro de las horas se vuelve música.

¿Cuál de Uds.  sería un junco, callado y silencioso, cuando todo lo demás canta al unísono?

Pero te digo que cuando trabajas, realizas una parte del sueño más lejos de la tierra, el cual te fue asignado a ti cuando ese sueño nació.

Y por seguir trabajando en verdad estás amando la vida,

Y amar la vida por el trabajo significa estar íntimo con el secreto más íntimo de la vida.

Pero si por tu dolor le llamas aflicción al nacimiento y al apoyo de la carne una maldición escrita en tu frente, entonces contesto que nada sino el sudor de tu frente te lavará lo que está escrito.

También te han dicho que la vida es tiniebla, y en tu cansancio repites lo que dijeron los cansados.

Y yo digo que la vida sí es tinieblas salvo cuando hay impulso,

Y que todo impulso es ciego salvo cuando hay conocimiento,

Y que todo conocimiento es vano salvo cuando hay trabajo,

Y que todo trabajo es vacío salvo cuando hay amor;

Y que cuando trabajas con amor te atas tú mismo a ti mismo, y a los otros, y a Dios.

Y, ¿qué significa trabajar con amor?

Significa tejer el paño con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuera a llevar ese paño.

Significa construir una casa con afecto, como si tu amado fuera a vivir en esa casa.

Significa sembrar las semillas con cariño y cosecharlas con alegría, como si tu amado fuera a comer las frutas.

Significa cargar todas las cosas que creas con un aliento de tu propio espíritu,

Y saber que todos los muertos benditos están alrededor de ti y mirándote.

[…]

El trabajo es el amor hecho visible.

¿Amor y trabajo? En efecto, de entrada no parecen estar muy cercanos pero cuando, con Gibran, nos damos cuenta de lo que se encuentra implícito al trabajar, quizá seamos capaces de ver también por qué el vínculo entre ambos es tan importante para la vida.

 

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