El momento del día propicio para la creatividad (Dante)

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¿La creatividad prefiere ciertas horas? Lo más posible es que no haya una sola respuesta a esta pregunta. Entre artistas y escritores, por mencionar dos oficios en donde la creatividad es una de las principales herramientas, los ha habido lo mismo quienes prefieren trabajar muy temprano en la mañana que, por otro lado, quienes lo hacen al amparo de la noche, dos extremos que algo tienen de similar, pues en ambos el silencio es la norma, la quietud del mundo, los primeros periodos de sueño que atestiguan unos y los últimos que ven terminar los otros.

Aunque quizá ahora nos pueda parecer extraño, durante mucho tiempo el ejercicio de la creatividad se concentró en la primera parte del día. Quizá para nosotros, más cercanos en tiempo al Romanticismo y su gusto por las sombras, sería más habitual pensar que la noche es propicia para escribir, componer o soñar, pero no así para los antiguos, que al menos desde tiempos de la Roma clásica, sostuvieron que el amanecer era el momento predilecto de las musas para visitar a los mortales que con la poiesis intentaban imitar a los dioses.

A ese pensamiento perteneció Dante Alighieri, quien al menos en uno de los endecasílabos de su Infierno, dejó constancia de dicha creencia. Escribió Dante, en el Canto XXVI:

Ma se presso al mattin del ver si sogna,

En español, Ángel Crespo tradujo de esta manera:

Si del sueño del alba las ficciones

Y comentó, con cierta parquedad:

Los antiguos creían que los sueños del alba eran proféticos.

Aunque Crespo no lo menciona, otros eruditos e investigadores han notado esta constancia de la antigüedad grecolatina por situar en las primeras horas del amanecer el momento propicio de la creación, que curiosamente, al menos desde esta perspectiva, también tiene algo de profético. “Aurora gratissima musis”: “El alba es grata a las musas”.

Más adelante, ya en siglo XVII, Luis de Góngora dirá que su “Fábula de Polifemo y Galatea” comenzó a dictársela Talía, la musa de la poesía idílica,

en las purpúreas horas
que es rosas la alba y rosicler el día,

la forma culta que el poeta encontró para nombrar a las primeras horas del amanecer, cuando el cielo algo tiene de rojizo pero también de salmonado, mismo momento en que, como comenta Alfonso Reyes apoyándose en “los poetas y los sabios”, “las inspiraciones son más fáciles y auténticas”.

Se trata sin duda de una postura ante la creatividad muy distinta a la de nuestra época, en donde hay tan poco lugar para la romantización de la vida creativa que se exige que ésta se haga presente en todo momento y circunstancias, como si ser creativo se tratase justo de eso: más una especie de tipo de personalidad, un rasgo tan distintivo como la sonrisa de alguien o su forma de andar por la calle, y menos una cualidad espontánea y caprichosa.

 

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