Nausicaä

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Por Owen L. Black @owenlblack

Escribir sobre un coloso es una tarea muy compleja. Tratar de llegar a ser ni medianamente bueno en lo que se quiere expresar, es algo difícil cuando sabes que la obra de la que pretendes escribir es tan rica y con tanta profundidad, que escribas lo que escribas, no vas a estar a la altura de lo leído.

Cada arte y disciplina tiene sus imprescindibles y en el caso del manga, uno de ellos es Nausicaä del Valle del Viento (1982-1994). Esta obra de más de mil páginas es una de esas historias a la que merece la pena echar un vistazo en algún momento de la vida o releerla si uno ya la conoce.

Supuso la consagración de Hayao Miyazaki (1941) como creador propio y no solo como dibujante que participaba en los proyectos de otros. Demostró a su vez el buen ojo de Toshio Suzuki (1948) que seguía los pasos de Miyazaki y de Isao Takahata (1935) desde mediados de los años 70, pero que no había conseguido convencerles para que participaran en su publicación, Animage. Hasta que tras meses de conversaciones y algún que otro proyecto fallido dieron como resultado en febrero de 1982, la aparición entre las páginas de la revista, de Nausicaä, esa chica rebelde, mezcla de un personaje mitológico griego y una princesa japonesa que amaba a los insectos, y que luchaba por sobrevivir en el futuro potapocalíptico del planeta Tierra.

Si hay alguna forma de entrar a lo grande en algún sitio esta debe ser una de ellas. Para aquellos que hayan conseguido llegar hasta aquí, tengo que reconocer que con el trabajo de Miyazaki me cuesta ser objetivo. Todo el mundo tiene sus debilidades y sus grandes referentes, en los que se mira y se ilusiona con saber crear algún día historias que sean ni la mitad de buenas. Así que si peco en exceso de amor por su obra, lo siento, pero cuando hablo del estudio Ghibli no soy una persona adulta con argumentos racionales, sino que me dejo llevar por el niño que todos llevamos dentro y por unas horas estoy dispuesto a creerme la historia más absurda que me quieran contar y fascinarme con ella.

Después de esta declaración de intenciones, voy a entrar en el universo de Miyazaki. Como ya se ha escrito unas líneas más arriba, el proyecto de Nausicaä fue la primera obra (de peso) que conseguían sacar hacia delante los dos miembros principales de lo que posteriormente sería el corazón del estudio.
Aunque si bien es cierto que ya habían realizado proyectos como El Castillo de Cagliostro (1979), una película sobre los personajes de Lupin III creados por Monkey Punch (1937), también era cierto que no tenían la fama y el bagaje para crear sus proyectos fuera de la Toei Animation en la que trabajaban y que es la mítica empresa que creó el mundo del manga tal y como lo conocemos hoy en día, justo después de la II Guerra Mundial.

Fue por ello que Toshio Suzuki editor de Animage a principios de los 80, comenzó a seguir su rastro sabiendo que podía tener algo bueno entre las manos y no se equivocó. Cuando Nausicaä comenzó a caminar entre las páginas de la revista, Miyazaki quiso realizar una película sobre su historia, esta se estrenó en marzo de 1984 y tan solo un año después se formó el estudio Ghibli, con Miyazaki y Takahata como cabezas pensantes de los proyectos y Toshio Suzuki (entre otros) como los que conseguían el dinero y la financiación de los mismos.

Tras esta larga introducción que consideraba necesaria para situar la obra, es hora de hablar de Nausicaä. Comenzó como manga en febrero de 1982 y se adaptó al cine en 1984, pero el manga continuó diez años más, hasta 1994. Dato que hay que tener presente porque las personas que conozcan la obra solo por la película y tras eso se quieran adentrar en el manga, no se van a encontrar con la misma historia.

Para hacerse una idea, si se quiere conocer las dos obras (cosa que recomiendo) es mejor tomárselo como que nos van a contar dos historias diferentes con los mismos personajes y el mismo mundo. Sobre la película no voy a comentar nada más, me centraré en el manga, una gran obra de doce años de duración.

Nausicaä del Valle del Viento, nos cuenta la historia de nuestro mundo dentro de 2000 años. A finales del siglo XX, las grandes potencias mundiales fueron creando un mundo hipertecnificado, donde los conglomerados de empresas y compañías terminaron por hacerse con el control a nivel mundial de todos los recursos y del destino de los hombres. Tras mil años de desarrollo industrial y tecnológico extremo, todo se fue a pique en los conocidos como Siete días de fuego, momento en el que las armas de destrucción masiva creadas por la humanidad terminaron aniquilando a la propia sociedad que las había creado.

Después de la catástrofe han transcurrido otros mil años, donde lo que queda de la especie humana trata de sobrevivir en un territorio cada vez más pequeño y en continuo enfrentamiento de los distintos grupos humanos. Fantástico y real como la vida misma y aunque la premisa nos lleve a nuestro presente más inmediato hay que recordar que esta obra comenzó en 1982.

En este mundo sobreviven los pequeños reinos de lo que hace un tiempo fue Eftar, entre ellos, está el Valle del Viento, y también hay dos grandes imperios, Tormekia y Dolk. El primero es una monarquía absolutista y militarizada que controla con mano de hierro a sus súbditos y cuyo único leitmotiv para sobrevivir es hacer la guerra. El segundo es una confederación de tribus con conocimientos muy antiguos que se alían bajo un grupo sacerdotal guerrero que les guía en la vida y en las mentes mediante el miedo a los tabús.

Por si esto no fuera suficiente, los Siete días de fuego no solo dejaron tras de sí la destrucción de la cultura y la tecnología humanas, sino también la modificación de la naturaleza. Estos últimos humanos tienen que convivir con la llamada selva corrupta, una mole natural y letal al mismo tiempo que avanza sin control por toda la Tierra repartiendo esporas tóxicas. Los animales que la protegen son diversas especies de insectos gigantes capitaneados por los Ohms y que no dudaran en acabar con la raza humana si con ello consiguen salvar al mundo.

Entre toda esta destrucción y locura, Nausicaä comenzará un viaje de no retorno para aprender qué es el mundo que le rodea y si los seres humanos tienen alguna posibilidad o su tiempo en el planeta ha llegado a su fin.

No quiero decir más sobre la trama porque es muy compleja y sería demasiado extenso, además considero que es mejor leerlo y disfrutarlo por uno mismo para ver que sensaciones le produce. Aunque eso puede ser un problema, y es que las ediciones de Nausicaä del Valle del Viento  son escasas. La más reciente es la edición de octubre de 2013 que realizó Planeta de Agostini y que incluye las mil páginas de la obra con las portadas para la revista Animage y algunas imágenes a color, en un tamaño de 21.8 x 29.5 centímetros, repartidos en dos volúmenes con cofre. Pero esta edición sacó un número reducido de ejemplares a la venta y salvo por el mercado de segunda mano o bibliotecas, es prácticamente imposible hacerse con ella.

Sobre su dibujo se pueden comentar muchas cosas, la primera y la más evidente de todas es que los que conozcan el trabajo del estudio Ghibli ya saben lo que se van a encontrar. Su estilo es muy característico y ha variado poco con los años.

Los escenarios están muy trabajados con múltiples detalles conseguidos gracias a un uso milimétrico de los trazos para crear volúmenes y espacios muy dibujados y que recuerdan a los grabados europeos de hace algunos siglos. Esta densidad de detalles en la creación del dibujo puede resultar avasalladora para los lectores de manga más acostumbrados a la sencillez de otros autores. Pero en las obras del estudio, los escenarios son la mitad del trabajo. Todo está medido y diseñado para un fin y todo bebe directamente de fuentes reales. Claro ejemplo, es el detalle de las naves voladoras de los distintos reinos o las vestimentas de los diferentes pueblos, los tormekianos recuerdan más a los europeos de la Edad Media o el Imperio Romano, mientras que los guerreros de Dolk tienen una clara influencia en los trajes de samuráis más tradicionales y las creencias sintoístas.

Todo ese despliegue se ve simplificado al máximo en el diseño de las caras y facciones donde unos simples trazos le bastan para crear grandes expresiones que den vida a los personajes. Por supuesto, salvo alguna ilustración, el manga está en blanco y negro y es aquí donde se hace recomendable ver la película para observar el color, que es muy destacable.

Si viendo solo unas pocas páginas os entran ganas de entrar a su mundo, no lo dudéis, la experiencia será como la vida, con grandes momentos felices y alguna que otra tristeza.

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