Quizá no haya hábito más sencillo que estimule la creatividad como cargar siempre con una libreta. De la infancia a la vejez, un pequeño cuaderno en blanco y un bolígrafo o un lápiz son instrumentos más que necesarios para cumplir ese primer paso necesario que lleva las ideas que viven en nuestra cabeza –y que pueden desaparecer en un instante– al mundo real, en donde pueden convertirse, literalmente, en cualquier cosa.

Este hábito lo han compartido lo mismo escritores que pintores, escultores, científicos, matemáticos, filósofos e incluso un personaje que, al menos de inicio, creeríamos que nada tiene que ver con estas disciplinas: Bruce Lee, a quien seguramente asociamos más con las películas de artes marciales que protagonizó en la década de los 70 pero que, por otro lado, tuvo casi desde siempre una notable inclinación por el pensamiento reflexivo a propósito de la vida y sus circunstancias.

Prueba de ello son los apuntes que realizó en una de las libretas que toda la vida llevó consigo, esta en especial comenzada poco después de cumplir 28 años, una edad que quizá podríamos considerar el último tramo de la juventud y en la cual aun sobreviven algunas de las dudas respecto de la vida en el mundo que caracterizan el periodo previo. Escribe Lee:

FUERZA DE VOLUNTAD

Al reconocer que el poder de la voluntad, como tribunal supremo, se encuentra por encima de todos los otros aspectos de la mente, lo ejercitaré a diario, siempre que necesite el impulso de la acción para alcanzar cierto propósito; y formaré los HÁBITOS designados para poner en acción la fuerza de mi voluntad al menos una vez al día.

EMOCIONES

Al darme cuenta de que mis emociones son tanto POSITIVAS como negativas, me haré de HÁBITOS cotidianos que fortalezcan el desarrollo de EMOCIONES POSITIVAS y me ayuden a convertir las negativas en alguna forma de acción útil.

RAZÓN

Al reconocer que mis emociones tanto positivas como negativas pueden ser peligrosas si no se controlan y guían hacia fines deseables, someteré todos mis deseos, objetivos y propósitos a las facultades de mi razón, y me dejaré guiar por ella al dar expresión a aquéllos.

IMAGINACIÓN

Al reconocer la necesidad de PLANES e IDEAS para la consecución de mis deseos, desarrollaré mi imaginación para utilizarla todos los días como ayuda en la formación de mis planes.

MEMORIA

Al reconocer el valor de la memoria, fortaleceré la mía para estar alerta y cuidarme de grabar claramente los pensamientos que deseo recordar, además de para asociar esos pensamientos con los asuntos que en especial quiero tener en mente.

INCONSCIENTE

Al reconocer la influencia de mi inconsciente en mi fuerza de voluntad, debo poner especial cuidado en convertirlo en una imagen clara y definida de mi PROPÓSITO CLARO de vida y los propósitos menores que conducen a mi propósito mayor, y mantendré esta imagen PERSISTENTEMENTE POR ENCIMA de mi inconsciente repitiéndola a diario.

CONCIENCIA

Al reconocer que mis emociones con frecuencia se pierden en su propio excesivo entusiasmo, y que mi capacidad de razón a menudo carece del calor de la sensibilidad necesario para poder combinar justicia y gracia en mis juicios, fortaleceré mi conciencia para discernir entre lo correcto y lo equivocado, y nunca me apartaré de los veredictos que emita, sin importar el costo que conlleve cumplirlos.

Ante lo que escribió parece que, más que preguntas explícitas, Lee había desarrollado el firme propósito de emplear todos sus recursos al alcance para obtener lo que quería.