El éxito que viene: "En la orilla", de Rafael Chirbes, por Adolfo Fernández

Por Horacio Otheguy Riveira
 

El hallazgo de un cadáver en el pantano de Olba pone en marcha la narración. Su protagonista, Esteban, se ha visto obligado a cerrar la carpintería de la que era dueño, dejando en el paro a los que trabajaban para él. Mientras se encarga de cuidar a su padre, enfermo en fase terminal, Esteban indaga en los motivos de una ruina que asume en su doble papel de víctima y de verdugo, y entre cuyos escombros encontramos los valores que han regido una sociedad, un mundo y un tiempo.

 

Adolfo Fernández, César Sarachu.

César Sarachu en primer plano. Detrás: Ángel Solo, Sonia Almarcha, Marcial Álvarez, Rafael Calatayud, Yoima Valdés, Adolfo Fernández.

En Madrid las entradas se van agotando a paso acelerado, y eso que recién se estrena el 19 de abril, pero es que ha corrido la voz y no para de dar vueltas, de retumbar en las esquinas, de abrir heridas y recomponer las viejas armas de la protesta cargada de justa ira y con la voz afónica. La misma que tuvo Rafael Chirbes en toda su vida, escritor traducido a varias lenguas, erre que erre con su mirada limpia, investigando, documentándose y viviendo intensamente lo que le tocara vivir. Su Yo Acuso se pobló de una producción literaria que siempre fue minoritaria, hasta que Pepe Sancho protagonizó en televisión su novela basada en hechos reales, Crematorio, entonces sus libros se empezaron a vender como rosquillas y se vieron seriamente recompensados sus esfuerzos.

Foto: Maite Bartolomé (25-06-03)

Cuando sale En la orilla, recibe el Premio Nacional de Narrativa y de la  Crítica en 2014, y él es el primer sorprendido:

Esta es mi novela más compleja que yo mismo reescribiría varias veces. Tengo otras obras más fáciles de leer, y además no me sienta nada bien que se me den premios oficiales cuando me he preocupado tanto en criticar con profundo conocimiento de causa las cloacas de esa seudodemocracia. Pero así es cómo la clase dirigente termina devorando a sus críticos, aunque reconozco que nosotros también nos beneficiamos, y cuanto más se nos oiga mayores son las heridas que reciben los corruptos. Desde luego se ponen muy nerviosos.

Sin duda, la novela de Chirbes se ha beneficiado mucho (él falleció poco después, en 2015, con 66 años), pues En la orilla, novela ciertamente compleja, excesiva, irregular, con un estilo recargado que quema naves a medida que las construye, no sólo tuvo la inmensa suerte de los grandes premios, las traducciones internacionales y el subidón de las ventas, sino que antes que esto ocurriera fue requerida por dos hombres de teatro fuera de serie: el actor, director y productor Adolfo Fernández, y el escritor, miembro de la Academia de las Artes Escénicas, Ángel Solo, empeñados en convertir sus 440 páginas en una obra teatral de vigorosa riqueza expresiva. A la primera supieron ver el talento inmenso del escritor a través del farragoso resultado final (novela maravillosamente imperfecta), con un gran potencial teatral de principio a fin.

La versión que este cronista ha leído es la séptima, es decir, 7 veces 7 los autores han corregido, ajustado, cortado y enriquecido su propio material para que ronde la hora y media de rigor que luego se puso en escena en una producción tan importante como arriesgada. Una medida de tiempo en la que pueda caber con holgura, sin fatigar a un espectador ansioso por comprender una maraña de conflictos, perfectamente hilada una sucesión de escenas minuciosamente elaboradas con una atmósfera de serie negra. Un drama de nuestro tiempo con bien calculada trama policiaca sin policías ni ladrones porque ambos bandos integran la cruel telaraña de una sociedad en la que el más ingenuo y el más noble acaban cayendo en las redes de una corrupción generalizada… a poco que se acerquen.

El tradicional caciquismo español tan bien descrito por Benito Pérez Galdós está detrás de gran parte de la obra de Chirbes, como zona de combate y espíritu crítico de quien arma novelas con raíz periodística en rigurosa documentación.

Al leer la versión teatral se percibe desde las primeras escenas una continuidad en la trayectoria de la productora de Adolfo Fernández (Ejecución hipotecaria, La flaqueza del bolchevique), es decir: una palabra viva que expresa pero no explica, que invita al espectador a componer su propio criterio ante escenas donde la acción de los personajes y lo que dicen y lo que callan están constantemente hilvanando historias que conducen al desenlace de una manera tan fluida que parece haberse criado entre bastidores. Se huele la humareda de carne quemada en esto que se dio a llamar “volquete de putas y pelotazo inmobiliario” con la impunidad de caciques que, como mucho, dejan que caigan unos cuantos desgraciados con su cuota de poder, para que ellos continúen ultrajando cualquier valor democrático, el menor valor ético.

La dificultad que teníamos ante una literatura barroca como la de Chirbes es que se dispersa, se “va por las ramas”, porque quiere y sabe cómo hacerlo. Para nosotros la dificultad estribaba en intentar contarlo todo. El lector de una novela puede releer, si no entiende algo puede volver atrás, puede descansar. Sin embargo el espectador de una obra de teatro no tiene esa posibilidad. Hay que dotar de una troncalidad a la historia, para conducirlo de una manera mucho más directa. En nuestro caso hemos optado por crear ese vértice en una reunión de tres amigos durante veinticuatro horas: la caza, el almuerzo y la catarsis final bajo los efectos del alcohol, la cocaína, los fantasmas del pasado y la tristeza de no ser quienes hubieran querido ser. (Adolfo Fernández)

Denuncia política, desarraigo social, cinismo de caciques del siglo XIX metidos a saco en el XXI, en un teatro con fuerza contemporánea, que avanza desde personajes cercanos con los que es posible identificarse, y en manos de un reparto óptimo. Así van sobre seguro quienes corren a adquirir sus entradas, y los teatros que ya van garantizando representaciones en gira (se estrenó en Alicante, pasó por Bilbao; después de Madrid tienen plaza en Valencia y Avilés, y esto acaba de empezar).

JUSTINO
¿Y sabes también que hay unos cuantos acreedores que se han puesto de acuerdo para
pagar a unos mafiosos, moldavos o ucranianos, yo qué sé, para que den con él?
FRANCISCO
¿Quieren cargárselo? ¿Y cómo coño van a cobrar, entonces?
Risas.
JUSTINO
Me parece que ya se huelen que no van a cobrar.
FRANCISCO
Canturreando la melodía del spot publicitario.
“Tomás Pedrós, el as de las urbanizaciones…”
¿Recordáis el anuncio? Lo ponían a todas horas por la radio comarcal.
JUSTINO
Ya no le va a hacer falta, que se van a encargar sus acreedores de hacerle publicidad.
FRANCISCO
Quitarán también sus carteles del campo de fútbol, supongo.
JUSTINO
Sí, se le ha acabado el patrocinio al equipo, y a Pedrós ver los partidos en el palco de
autoridades.
FRANCISCO
¿Dónde andará?
JUSTINO
Vete a saber: China, Brasil… algún sitio que no tenga convenio de extradición con
España y sea más o menos civilizado.
FRANCISCO
Deben quedar pocos.
JUSTINO
Pues ya puede poner tierra de por medio, si no quiere terminar en una celda.
FRANCISCO
No creo que Pedrós se meta en África con pistola, salacot y repelente de mosquitos. Lo
suyo es el turismo urbano: hotel céntrico y Must de Cartier. Para eso necesita capital, y
ahora te miran con lupa los fondos en el extranjero.
JUSTINO
¡Indonesia! A los famosos les gusta casarse allí: bandejas de frutas y flores en la cabeza
de chicas hermosas. Si no te gustan chiquititas y oscuras tienes una colección de
jamonas australianas de vacaciones.
FRANCISCO
Hay mucho dinero negro correteando por ahí…
JUSTINO
Sí, ya no es tan fácil enterrarlo. En Suiza los banqueros andan acojonados.
Teatro Valle Inclán. Sala Francisco Nieva. Del 19 de abril al 21 de mayo de 2017.

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