La Casa de las Tejas Verdes

Por Silvia Pato (@SilviaP3)

La escritora canadiense Lucy Maud Montgomery (1874-1942) fue autora de numerosas novelas, poemas, relatos cortos y algún ensayo como Courageous Women (1934), además de haberse ocupado de su propia biografía en The Alpine Path: The Story of My Career (1917). Sin embargo, entre su abundante obra, destaca la serie de novelas que la lanzó a la fama: Ana de las Tejas Verdes (Anne of Green Gables).

El primer libro de Ana de las Tejas Verdes se publicó en 1908, después de haber sufrido numerosos rechazos por parte de las editoriales. Montogomery ambientó su historia en una vivienda victoriana que se encuentra en la isla del Príncipe Eduardo, la provincia canadiense más pequeña, donde nació y pasó parte de su infancia, viviendo con sus abuelos. En la conocida como Casa de las Tejas Verdes vivían sus primos: los MacNeill. Por las tardes, jugaban en sus jardines y crecían en aquel hermoso paraje.

Se cuenta que, un día, Montgomery descubrió la historia de un matrimonio ya anciano que, cuando solicitaron la adopción de un niño, les concedieron, por error, la de una niña. Fue esta idea la que, unida con aquellos días en la isla, hizo germinar su exitosa serie de novelas.

Casa de las Tejas Verdes

Fuente: Wikipedia/JAKclapclap47 CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=652922

La Casa de las Tejas Verdes, catalogada como Patrimonio Nacional, puede visitarse. Es posible pasear por los senderos de los «Bosques encantados» y del «Abeto hueco», y participar en distintas actividades y eventos. Incluso hay una pelirroja actriz interpretando el papel de la famosa protagonista de las historias de Montgomery.

Mark Twain llegó a decir que Ana de las Tejas Verdes era la más querida y encantadora niña de ficción desde la inmortal Alicia. Pero su creadora llegó a cansarse del personaje, y en 1920 decidió dejar de escribir sus aventuras. Curiosamente, Ana reaparecía años después en una novela que fue rechazada un día antes de la muerte de la autora, en 1942. Algunos dicen que el fallecimiento se produjo por una trombosis coronaria; otros afirman que los problemas de depresión que había padecido toda su vida la llevaron al suicidio.

Quedaron sus diarios, sus fotografías y también sus scrapbooks personales, que pueden consultarse en internet a través del Confederation Centre Art Gallery and Museum. De su amor por los gatos queda constancia en todas partes, incluso en las firmas tan características de una mujer que creó a uno de los personajes más tiernos e inmortales de la literatura.

Related Posts with Thumbnails

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *