Marta Solaz en la boca del lobo tecnológico

Por Horacio Otheguy Riveira

Una mujer hermosa, llamada Thais, permanece en su apartamento sin contacto físico alguno, maravillosamente confortada por un mundo de alta tecnología que le permite comunicarse con la voz, con los ojos… y con las manos en un teclado.

Utiliza elementos que hoy día están al alcance de mucha gente, pero otros forman parte del imaginario futurista. De hecho, al terminar el espectáculo muchos espectadores salen hablando, compungidos, preocupados, de lo que ya sucede hoy, entre móviles y ordenadores, y de lo que todavía no, que “me parece exagerado”.

Thais se comunica exclusivamente por imágenes vivas que abarcan su pared principal, hace gimnasia, conversa, trabaja, resuelve negocios, ve películas… en un fluir donde la seguridad está servida con toda clase de artilugios, hasta que se produce un conflicto: alguien muy querido con quien habla habitualmente en videoconferencia hace tiempo que ha muerto.

 

Thais habita en un espacio aséptico, donde lo único vivo es una planta que ya no da de sí. Disfruta de su relación con el mundo, hace negocios con Shanghai, se gusta a sí misma lo suficiente para eliminar todo deseo sexual. Su madre la regaña por eso: “¡Hay, hija, mira que no follar con esos pechos tan bonitos que tienes!”, pero todo es impoluto, perfecto, hasta que paulatinamente deja de serlo y la obliga a buscar una salida.

Aunque no hay ninguna referencia al origen del nombre de la protagonista, me llama la atención que se la haya bautizado Thais —es decir, Rayo de luz—. Históricamente fue una cortesana egipcia muy dotada para conquistar a guerreros que lucharan por causas políticas. Tiempo después, arrepentida, se convirtió al cristianismo: quemó riquezas y destruyó ornamentos, y suplicó al todopoderoso: “Tú que me has creado, ten piedad de mí”. Actualmente es venerada como santa por coptos, católicos y ortodoxos. El pintor José de Ribera (España, 1591-Italia, 1652) creó una mujer preciosa cuya encantadora sexualidad queda en evidencia mostrando un pie descalzo y un hombro desnudo.

En el escenario, esta Thais de nuestro tiempo realiza un proceso de entrega total a la tecnología desde una situación de holgada economía, profesional de éxito cuyas amistades la acompañan día y noche virtualmente. Es autosuficiente y encantadora. Se convierte en doblemente atractiva cuando entra en crisis, cuando lo perfecto se transforma en boca de lobo que va a comerla del todo si no hace algo. Su soledad triunfante se convierte en dolorosa, y la búsqueda de un encuentro amistoso con lugar para un abrazo la convierte en una mujer ávida de un cambio trascendente, pero que avanza a ciegas: es el comienzo de un proceso nuevo, moralmente diferente, lejos de una santidad, pero es posible que se acerque a ella.

Thais baila, feliz, en una discoteca virtual. El mundo crea para ella sus mejores compases cuando nada ni nadie parece alcanzarla.

Hermosa Marta Solaz (A voz en cuello)  expresando estados de ánimo complejos y situaciones cotidianas felizmente relacionadas con máquinas muy gratificantes. Cuando el drama se hace presente y de pronto se va la electricidad y ni la puerta de calle puede abrirse manualmente, entonces actriz y personaje se enlazan en un definitivo, y no por ello menos misterioso, hallazgo teatral.

 

Nota al margen

En “Caníbales”, su columna de Infolibre, Paloma Bravo escribe un artículo que conecta con este espectáculo. Hay mucho escrito al respecto, pero aquí y ahora, me parece que comunica con el corazón del asunto con tal sencillez y dramatismo que bien puede orientar, luego complementar, al espectador de El Pack: La nostalgia o la vida, un título además que va directo a una variación de una historia de pistoleros. De eso se trata: de ser atracados, no como en los viejos tiempos, obligándonos a poner las manos en alto, sino a quedarnos inmóviles con los dedos en alguna clase de teclado.

Texto y dirección: Áurea Martínez

Intérprete en escena: Marta Solaz

Actores virtuales: Sergio Peris-Mencheta, Ana Rayo, Manuela Vellés, Laura Gómez-LaCueva, Félix Gómez, María José Moreno, María Forqué, Jorge Usón

Con las voces de María Vázquez, Lorena Berdún y Nacho Rubio

Escenografía: Lali Canosa

Dirección técnica/Diseño Iluminación: Braulio Blanca y Lali Canosa

Audiovisual: Natalia Moreno

Coreografía: Chevi Muraday

Composición Musical: Carmen París

Vestuario: Ana Rodrigo

Operador de Cámara: Marco Caneda

Espacio Sonoro: Torsten Weber

Ayudante Dirección: Maite Pérez-Astorga / María Giráldez

Jefa de Prensa: María Díaz

Diseño gráfico: Estudio Crudo

Teaser: Joe Alonso

Dirección de Producción: Áurea Martínez / Nuria-Cruz Moreno

Producción Ejecutiva: Nuria-Cruz Moreno

 

Teatros del Canal. Sala Negra. Del 17 de abril al 7 de mayo de 2017.

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