Corrupción y familia en una obra superficial con bella puesta en escena

Por Horacio Otheguy Riveira

Refugio, escrita y dirigida por Miguel del Arco, juega a dos bandas que nunca se comunican: por un lado una familia con personajes planos, sin desarrollo, empeñados en explicarse a través de monólogos egocéntricos mechados de reiterados tacos, y por el otro una concepción escénica de notable atractivo, a la manera de una ópera contemporánea con ráfaga wagneriana. No hay diálogo entre ambos frentes, y mientras seres convencionales sin interés dramático hablan de sí mismos hasta el hartazgo, escenografía e iluminación parecen concebir un mundo de exquisita factoría, con matices y simbolismos que prometen una trascendencia que en el fondo nunca se produce.

Muchos gritos con insistencia en mucha “mierda, esto es una mierda, puta mierda, vaya mierda”, cuando no “a tomar por culo, joder, coño, hijos de puta…”, en un intento de abarcar el teatro más ramplón al servicio de una especie de dedo acusador sobre la corrupción política generalizada.

Y es que la cosa va de un político que empezó con buenas intenciones (“progresista de mierda, puto facha es lo que es”, según su suegra) y se fue adaptando a las rutinas de corruptelas hasta que una corrupción de alto vuelo, a cargo de colaboradores inmediatos, también le castiga a él mientras su propia familia continúa su cuesta abajo, en un deterioro inevitable. Familia integrada por estereotipos que nunca llegan a conformar personajes de interés, como si se hubieran propuesto una cruel caricatura de los grandes sainetes o magníficas tragicomedias de Carlos Arniches (1866-1943).

Aunque los intérpretes defienden con talento acciones y palabras, éstas no sobreviven a una literatura que se quiere ambiciosa pero recurre a reiterados lugares comunes. La virulencia del monólogo en la imposibilidad de interesarse por la vida ajena es cosa vieja del teatro, y después de tantos maestros (digamos, por ejemplo, Camus, Ionesco, Beckett, Koltés…) aquí y ahora resulta imprescindible sortear obstáculos y expresar la vaciedad de fenómenos socioculturales con aportes de nuevo cuño. Por lo menos intentar que seres vacíos, a puro golpe de egocentrismo, se perfilen como personajes atractivos, algo que nunca ocurre en este Refugio tan altisonante en la apariencia como pobre de ideas.

Así, la hija rebelde no para de chillar en vano, el chaval de 16 más de lo mismo, pero vociferando ante videojuegos; la esposa, célebre cantante de ópera en decadencia, gesticula impotencias varias; la suegra, topicazo tras topicazo por parte de quien está harta de todos y se torna vengativa; y en el centro el político que se arma de valor en pandemónium de palabras hasta que una situación límite empieza a derrotarle por completo.

Para salvar la imagen corporativa aloja en casa a un superviviente de una patera que no habla castellano. Este punto de partida ciertamente fantástico nada a contracorriente entre las vulgares peripecias de la familia, y de entrada nada es verosímil, excepto las escenas que el inmigrante mantiene con su esposa muerta. Aquí sí hay teatro que rompe moldes, que evoluciona extrañamente entre personajes tan vacíos como repetitivos, y la emoción nos alcanza de manera limpia, profunda, con un texto poético de gran alcance y una interpretación extraordinaria por parte de Raúl Prieto y María Morales, cuya dimensión trágica aporta una riqueza que el resto de la obra no tiene. Aun así, la resolución de estas valiosas comparecencias cae también en la banalidad que inunda toda la función; intrascendencia de un material que pedía un mayor esfuerzo por parte del autor, ya que hace del aguerrido superviviente un tipo desvalido con sentimiento de culpa irrenunciable: cuadro patético que desvirtúa la verdadera dimensión del hombre que huye de la miseria y lucha por establecerse en el paraíso europeo.

Los demás intérpretes imprimen su habitual creatividad a los endebles componentes de la familia protagonista: Israel Elejalde infunde carácter a su político acorralado, y cuando ya no puede más su propio cuerpo se muestra débil, consumido, abandonado más que a su suerte, a los designios de su partido; del mismo modo intentan —y a ratos logran— componer seres en conflicto consigo mismos y su entorno Beatriz Argüelles y Macarena Sanz, lamentablemente atrapadas por personajes muy convencionales; en cambio, Carmen Arévalo logra dar color a su suegra en una última escena de contenida tragicomedia. Hugo de la Vega es un debutante prometedor, aquí demasiado limitado a reiterativas escenas.

 

 

REFUGIO

Texto y dirección: Miguel del Arco

Ayudante de dirección: Gabriel Fuentes

Intérpretes: Carmen Arévalo, María Morales, Israel Elejalde, Raúl Prieto, Macarena Sanz, Beatriz Argüello, Hugo de la Vega

Escenografía: Paco Azorín

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Vestuario: Sandra Espinosa

Música: Arnau Vilà

Sonido: Sandra Vicente (Estudio 340)

Video-creación: Miquel Ángel Raió

Fotos: marcosGpunto

Producción Centro Dramático Nacional

ENCUENTRO CON EL PÚBLICO martes 30 de mayo, a las 19 horas.

FUNCIONES con accesibilidad para personas con discapacidad auditiva y visual: jueves 8 y viernes 9 de junio.

Teatro María Guerrero. Del 28 de abril al 11 de junio de 2017

 

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