El arte de seducir a quien solo quiere ser un buen amigo

Por Horacio Otheguy Riveira

Al fin llega a España una comedia de Laurent Ruquier, uno de los hombres más sorprendentes del espectáculo francés.  Prefiero que seamos amigos (J’préfère qu’on reste amis) fue escrita para una pareja desconocida entre nosotros, pero de prestigio en el país vecino (Michèle Bernier et Frédéric Diefenthal), y triunfó desde el estreno en 2014.

Ruquier es un hombre-orquesta, un clásico con ambición de líder del siglo XXI, humorista, animador de radio y televisión, autor e intérprete de monólogos, comediógrafo que abarca el romanticismo con su lado oscuro. A su vez productor de diversos espectáculos. En todos los eventos la gente le responde, vaya si le responde: lo más granado del gran público de la tele y del teatro parecen unirse para darle una constante enhorabuena.

Con ocho obras estrenadas en Francia debuta en España con esta comedia de dos personajes chispeantes: Valentín, un joven con buena capacidad de comediante, pues en él reposan los recursos más hilarantes (guapo tímido que al principio pasa por tontorrón y acaba sorprendiendo con capacidades inesperadas), y Claudia, su buena amiga unos años mayor, pasando los 50, quien después de cinco largos años de buena amistad, con divertidos encuentros viernes tras viernes cotilleando y viendo películas, al fin quiere estremecerse entre sus brazos, unirse a él, ser una de sus aventuras.

Harta ya de escuchar sus idas y venidas de lecho en lecho, Claudia hará lo imposible por dominar un complejo arte de seducción en una suerte de divertida y por momentos patética representación de una mujer madura de buen ver, decidida a lograr su objetivo. Pero, lógicamente, Valentín se resiste hasta cambiar de registro en un epílogo no por previsible menos resultón.

La inglesa Tamzin Townsend (magnífica responsable de obras como El método Grönholm, El montacargas, Héroes o La sesión final de Freud, entre muchas otras) dirige esta pieza francesa al servicio de un actor de origen argentino, bien integrado en la escena española, como Luis Mottola (Trágala, trágala) y la españolísima cantante Lolita Flores, actriz tardía que ya tiene un lugar muy destacado en el teatro, gracias a comedias como Sofocos, y La asamblea de las mujeres, y un monólogo de contenido dramatismo, adaptación de la novela de Mercè Rodoreda, La plaza del diamante.

Directora e intérpretes logran una armonía en el ritmo y la cadencia sentimental de la obra original sobre una eficaz versión española de Townsend y el actor-escritor Chema Rodríguez-Calderón: el mismo dúo que se ocupó de la obra británica Héroes, la pasada temporada.

Lolita defiende con buenos recursos los momentos de humor, pero flaquea en lo demás, ya que se queda un tanto desdibujada en el tamiz dramático de su personaje, dispuesto a todo para seducir al apetecible caballero que parece resistirse sin vuelta atrás. Para salir del paso la actriz se apoya en una desafortunada canción que interpreta con su ya conocido estilo. Pobre solución escénica para la parte más importante de la trama, ya que en ella se refleja el propio interés del original y de Tamzin Townsend, quien comenta en el programa de mano:

La lucha interna de la mujer segura de sí misma, hecha y derecha, con toda una vida a sus espaldas, independiente y satisfecha  consigo misma, que se enfrenta a la terrible inseguridad y al miedo de no ser nunca más deseada ni dichosa en el terreno del amor. Estás caducada. ¡Se te ha pasado el arroz! Hay que actuar  ya o aceptar tu destino de ‘nunca más’. 

Es en el epílogo donde el humor elegante de Mottola y la chispa desenfadada de Lolita se unen con mayor eficacia en una romántica ternura cuando se creía que todo estaba perdido.

En definitiva, Prefiero que seamos amigos se convierte en un grato paseo por el dolor de los amores no correspondidos y el miedo a la marginación social por parte de una mujer madura, envuelto para regalo con las sonrisas propias de la comedia francesa, siempre a la cabeza del género en Europa.

 

 

 

 

 

Texto: Laurent Ruquier

Versión: Tamzin Townsend y Chema Rodríguez-Calderón

Dirección: Tamzin Townsend

Ayudante de dirección: Ricardo Cristóbal
Diseño de escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda
Diseño de iluminación: Felipe Ramos
Diseño de vestuario: Gabriela Salaberri
Fotografía: David Ruano
Diseño gráfico: David Sueiro

Productor: Jesús Cimarro

Teatro La Latina. Hasta el 25 de junio de 2017. Recomendada para mayores de 14 años.

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