Siempre París

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Por Julia Mª Carvajal

En la película Casablanca, obra maestra de Michael Curtiz por la que ganó un oscar, Rick (Humphrey Bogart) le dice a Ilsa (Ingrid Bergman), “siempre nos quedará París”, alude con esta famosa frase, al recuerdo inmarchitable de la belleza, de la felicidad vivida, de la huella perdurable de un tiempo irrepetible.

Este mes de Mayo de 2017 en el que se celebra el día internacional de los Museos, el Museo Guggenheim de Bilbao ha inaugurado la exposición, “Paris fin de siglo”, en ella artistas como Pisarro, Signac, Seurat, Bonnard, Denis, Redon, Tolouse Lautrec, nos trasladan con sus obras a la época en la que Paris era el centro del mundo del Arte, pero también a unos momentos convulsos de la historia que dividió y enfrentó a la sociedad francesa, cuyo detonante fue el llamado “caso Dreyfus”, en el que un militar francés de origen judío fue acusado falsamente de traición, y condenado a cadena perpetua en la Guayana francesa. En una sociedad convulsionada por la prolongada crisis económica, por los extremos sociales y políticos, la burguesía frente a la bohemia, conservadores contra radicales, católicos, anticlericales, y debilitada por una decadencia moral, este acontecimiento desestabilizador, provocó una revolución que abanderada por Emile Zola con su libro “Yo acuso” dio origen a una nueva generación de artistas plásticos, formada por distintos estilos, que influidos por el impresionismo recrean los mismos temas, pero ya no quieren captar un instante fugaz, sino provocar emociones aportando una mirada interior, y dejando volar la imaginación hacia la fantasía, entre estos movimientos artísticos destacan los neoimpresionistas, los simbolistas, y los nabis.

Neoimpresionisno es una palabra creada por el crítico de arte francés Félix Fénéon en 1887, para designar un movimiento artístico heredero del impresionismo, pero con un revolucionario tratamiento de la línea y del color. A los neoimpresionistas liderados por Georges Seurat, y después de su prematuro fallecimiento, a la edad de treinta y un años a causa de la difteria, por Paul Signac, se unió Camille Pisarro, en una etapa anterior impresionista, estos pintores partiendo de las teorías del color y la percepción, se inspiraron en los métodos ópticos y cromáticos desarrollados por científicos de la época, su obra se caracteriza por la utilización de puntos de colores puros en la que se yuxtaponen las pinceladas para conseguir la sensación de un solo tono de gran intensidad, y por conseguir plasmar el efecto que la luz ejerce sobre el color al reverberar en el agua, al filtrarse en condiciones atmosféricas y paisajes diferentes,” los colores se mezclan en el ojo del espectador, si este se coloca a la debida distancia…” “La fabrica de ladrillos Delafolie”de Pisarro, es un ejemplo de dominio de la luz, y “Saint Tropez fontaine des lices” de Signac, del tratamiento del color, ambas creadas con estas técnicas innovadoras.

El “Manifiesto del Simbolismo” del poeta Jean Moréas, sienta las bases ideológicas, filosóficas y estéticas de un movimiento literario que evolucionó hasta convertirse en una nueva forma de expresión para los artistas, la religión, la mitología, lo espiritual, incluso lo macabro, como en las obras de Odile Redon donde se pueden ver cabezas sin cuerpo levitando, son las fuentes de inspiración de los simbolistas, el rechazo del materialismo y la pérdida de fe en la ciencia, son otras de sus peculiaridades.

Con un lenguaje narrativo que no renuncia a embellecerse en ocasiones con motivos del Art Nouveau, el simbolismo busca restaurar el verdadero significado del Arte, olvidado con el impresionismo, persigue una verdad universal expresada subjetivamente, y sobre todo anhela transcender. En “Abril-Las anémonas” de Maurice Denis, una de sus obras maestras, se aprecia en detalle el “puntillismo” convertido en elemento decorativo, atrayendo al espectador con líneas sinuosas hacia un paisaje de frágil belleza, con figuras que dan profundidad al cuadro, Paul Ranson en su obra gráfica “La muerte y la doncella” pone de manifiesto la importancia del dibujo en un metafórico retrato.

Los Nabis, profetas en hebreo, nombre elegido para designar a un grupo de artistas adelantados a su tiempo, que buscaban inexplorados caminos para expresarse, fijan su atención en la estampa japonesa y encuentran en esta manifestación del Arte asiático una libertad creativa sin precedentes, un Arte popular que abandonaba la esclavitud del caballete y la pintura con sus normas establecidas, para cultivar el grabado, el cartel, la ilustración. A Pierre Bonnard y Edouard Vuillard les sedujo la litografía en color,

“La pequeña lavandera” de Bonnard enternecedora imagen de denuncia del trabajo infantil, o la deliciosa e intimista “La cocinera” de Vuillard son dos muestras representativas de este tipo de grabado. También les cautivó la posibilidad de intervenir en el proceso de elaboración manipulando la impresión, siempre con la inestimable supervisión de Auguste Clot, maestro grabador. Ambroise Vollard, galerista y el primer gran marchante de Arte moderno, gracias al que muchos de los grandes artistas de la época llegaron a ser conocidos y tener medios económicos para vivir y seguir pintando, les encargó a estos pintores carteles y estampas de la vida cotidiana de Paris. En el libro “Memorias de un vendedor de cuadros”, Vollard escribe parte de la historia del Arte de finales del siglo diecinueve y principios del veinte a través de los artistas que expuso, representó, y con los que mantuvo una amistad personal, fue el primero en realizar una exposición de Picasso, el artista en reconocimiento le dio su nombre (Suite Vollard) a una serie de aguafuertes hoy considerada la más importante del siglo veinte. Henri de Tolouse Lautrec se decantó por el cartel, pues le ofrecía la posibilidad de realizar obras de gran tamaño, de colores vibrantes, para captar la atención de los paseantes urbanos ante una obra de arte convertida en reclamo publicitario, pero al artista que tuvo problemas de salud desde niño, que le impidieron alcanzar una estatura normal de adulto, lo que le fascinaba era la vida nocturna, los cafés-concierto de Montmartre, los cabarets, el Moulin de la Galette, el Moulin Rouge, Le Chat Noir o el Folies Bergère, son los motivos de sus carteles más representativos, los propios dueños de estos locales le encargaban los afiches para promocionar sus espectáculos.

En la muestra asimismo se pueden contemplar trabajos de Laugé, Luce, Cross, Steinlein, Vallotton, Anquentin, entre las ciento veinticinco obras expuestas, que permanecerán en el Guggenheim Bilbao hasta finales de Septiembre.

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