‘El gran salto’, de Jonathan Lee

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Jonathan Lee

El gran salto

Traducido por: Zulema Couso
Libros del Asteroide
Madrid, 2017
424 páginas
Si el resto de la novela mantiene el tono de este inicio, no creo que sea buena idea perdérsela. Mañana, 26 de junio, sale a la venta.
“Cuando Dan tenía dieciocho años, un hombre al que no conocía lo llevó al otro lado de la frontera. Era 1978, la última semana de junio, seis días después de que el ejército británico matara a tiros a tres católicos en Ballysillan Road. El coche olía a vinagre de fish and chips y el hombre tenía la calva llena de marcas y se sabía dos chistes, uno sobre los británicos y otro sobre curas. Al parecer, llevaba a Dan a algún sitio cerca de Clones. Sus grandes dedos cuadrados repiqueteaban sobre el volante y sus ojos mostraban sorpresa de vez en cuando a medida que el camino iba inventando su recorrido. Tenía una oreja de púgil rematadamente fea. Se la tocaba de vez en cuando mientras  onducía. Las casas grises y apiñadas del Úlster protestante fueron dando paso a la luz, al color. Aquí se podía sentir el viento, oler la hierba. Había autobuses de Derry plagados de bufandas blancas y rojas, árboles con ramas envueltas en banderas verdes, blancas y doradas.
El hombre calvo lanzó un eructo glorioso al desviarse por un camino de tierra. El camino de tierra llevaba a un claro rodeado de olmos. Dan vio margaritas, fardos de heno, el destello de una botella de Coca-Cola entre la hierba. Detrás de la botella, bajo una zona de sombra, había aparcado un Land Rover.
—No te preocupes por el vehículo —dijo el hombre calvo—.  Nadie lo para. Seguro que está pensando en que le van a traer un Saracen por Navidad.
Dan intentó sonreír.
—Entonces, ¿es…?
—¿Sí?
—Es el señor McCartland, ¿verdad?
—Diría que sí —dijo el hombre calvo.
Con el cinturón de seguridad aún abrochado, se toqueteó el bolsillo de los vaqueros en busca de algo mientras su cuerpo se retorcía como si estuviera atrapado en un potro de tortura. Lo único que pescó su mano fue un paquete de chicles aplastado. Miró a Dan y se rio.
—Debería haberte traído una lata para el viaje, ¿eh? Una Guinness te habría venido bien.
Era una mañana de cuento: un enorme sol amarillo, el cielo azul despejado, una única nube blanca como dibujada por un niño. Un día de esos en los que parece que no puede ocurrir nada grave. Un día para tomarte ocho pintas y quemarte al sol. No amanecían muchos días así en Irlanda a lo largo de un año: invitaba a ser recordado. Caminó junto al hombre calvo hacia el Land Rover, aplastando la hierba firme bajo sus botas.
Había casas de campo esparcidas por aquella zona, construcciones independientes con cercas inclinadas, las puertas bajas abiertas y las contraventanas colgadas, con desgana, de las bisagras, propiedades que fomentaban la idea de intimidad sin la necesidad de comprometerse. Él también se sintió expuesto, al descubierto; y en absoluto preparado. No tenía ni idea de que el coche vendría a buscarlo. El sudor empezaba a acumularse en la parte baja de su espalda. Su chaqueta de cuero era fresca aunque gruesa. Había oído muchas historias sobre aquellas iniciaciones, sobre las cosas por las que te hacían pasar antes de aceptarte, pero también sabía que en Belfast los cuentos chinos eran marca de la casa, y las mentiras a menudo servían para realzar la verdad.”

 

En septiembre de 1984, un hombre que se hace llamar Roy Walsh se hospeda en el Grand Hotel de Brighton para colocar una bomba. Su objetivo es que veinticuatro días más tarde la explosión acabe con la vida de Margaret Thatcher y todo su gabinete.

Roy Walsh es en realidad Dan, un jovencísimo experto en explosivos del ira oriundo de Belfast cuyo destino quedará unido a los de Moose y Freya Finch. Moose es el subdirector del hotel donde el Partido Conservador va a celebrar su convención, un exatleta entrado en los cuarenta y padre soltero que está convencido de que la visita de la primera ministra puede ser una estupenda oportunidad para relanzar su carrera. Freya, su hija, trabaja de recepcionista en el hotel mientras decide qué hacer con su vida tras terminar el colegio.

El gran salto es una novela sobre las vidas de estos tres personajes, sobre las ilusiones, logros y fracasos de gente corriente unida por uno de los atentados más importantes de la historia del ira. Un libro que ha confirmado a Jonathan Lee como uno de los más destacados autores ingleses de su generación.

Jonathan Lee (1981) es un escritor británico cuyos relatos han aparecido en Tin House, Granta y Public Space, entre otras publicaciones.

Vive en Brooklyn, donde trabaja como editor en Catapult y colabora, también como editor, en Guernica. Escribe con regularidad en The Paris Review Daily. El gran salto (2015) es su tercera novela tras Who is Mr. Satoshi (2010) y Joy (2012).

«Extraordinaria. Jonathan Lee tiene un ingenio metafísico y una capacidad verbal que están a la altura de Martin Amis.» The New Yorker

«Jonathan Lee indaga profundamente en los pensamientos y los sentimientos de sus personajes, fijando hábilmente los momentos privados que la historia raramente recuerda.» The Observer

«En lo cotidiano, Jonathan Lee encuentra lo profundo, el lugar donde todosse zambullen en busca de la preciada vida.» The Guardian

«Una tierna historia sobre las ilusiones y los errores de gente corriente convertida en extraordinaria por unos acontecimientos históricos.» The New York Times Book Review

«Tiempo después de la lectura de este libro me encontré pensando en Moose y Freya y Dan. La persistencia de ese interés es la prueba de lo muy logrados que están esos personajes, y de lo bien resuelta que está la novela.» The Washington Post

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