Charles Dickens y Wilkie Collins: historia de una amistad

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Charles Dickens y Wilkie Collins

Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

Puede parecer extraño que entre novelistas la amistad no nazca de la palabra escrita sino de un escenario, pero es que tanto Charles Dickens como Wilkie Collins eran grandes amantes del teatro de aficionados. Ambos autores, que se conocieron por mediación del pintor Augustus Egg, llegaron a compartir escena actuando en una obra titulada Not So Bad As We Seem y escrita por Edward Bulwer-Lytton, que desgraciadamente pasaría a la historia de la literatura por haber escrito el peor comienzo de un libro. En esa obra Collins interpretaba al mayordomo del personaje de Dickens, un aristócrata llamado Lord Wilmot, un papel que en cierto modo el autor de La piedra lunar desempeñaría en la realidad a lo largo de su vida.

Y es que cuando se conocieron en 1851 Dickens, que ya había publicado todos sus grandes libros y gozaba de tanta fama que se había convertido en un héroe de la cultura popular victoriana, ya rozaba los cuarenta, mientras que Collins era un veinteañero que estudiaba leyes en en el Lincoln’s Inn y cuyo éxito literario todavía estaba por llegar. La amistad que nació entre ambos fue muy provechosa para los dos. Dickens supuso un buen empujón para la carrera literaria de Collins, que a partir de 1852 vio la oportunidad de empezar a colaborar con el periódico semanal Palabras Domésticas. No fue casualidad que Collins comenzara a plantearse más en serio lo de ser escritor a partir de su encuentro con Dickens. Este, por su parte, descubrió en Collins a un fiel amigo con el que compartir alegrías y vida bohemia. No era extraño verlos a horas intempestivas en los barrios más disipados de Londres o de París. Gracias a Collins, Dickens, pudo dar rienda suelta a su faceta más salvaje, oscura y aventurera, cansado de mantener siempre las formas y la corrección al ser la figura pública que era. En un viaje por la región Cumberland, para recoger material para un artículo de viajes, Collins se lastimó una pierna mientras bajaban una montaña, por lo que Dickens tuvo que cargarlo el resto del descenso, perdidos en la oscuridad y la niebla.

El papel que Collins jugó en la disolución del matrimonio de Dickens fue importantísimo. El deterioro final de la relación se produjo a partir de 1857, cuando el matrimonio a ver una obra de teatro en Londres en la que actuaba una joven actriz llamada Ellen Ternan. Ni que decir tiene que Dickens quedaría prendado de Ternan y que pronto volverían a reunirse para convertirse en amantes. Muchos de esos encuentros se producían con el pretexto de colaborar con Collins en un libro de viajes para Palabras Domésticas falsamente titulado El viaje perezoso de dos aprendices inactivos. Con esta excusa, y con Collins como cómplice, Dickens pudo viajar por toda Inglaterra siguiendo a Ternan en su gira.

Y no fue este el único romance que nació de su amistad. Charles Collins, el hermano de Wilkie, finalmente se casó con la hija mayor de Dickens, Catherine, por lo que Collins y Dickens pasarían a ser familia. Es cierto que aunque Dickens no se opuso formalmente al matrimonio en ningún momento, sí tenía cierta desconfianza ya que Charles estaba delicado de salud, lo que le dificultaría la búsqueda de trabajo, y todo parecía indicar que la pareja acabaría dependiendo económicamente de Dickens, como en efecto ocurrió.

Literariamente la amistad entre ambos escritores fue también muy fructífera. Se recomendaban ideas para sus respectivas novelas y llegaron a escribir algunos relatos juntos, como Los peligros de ciertos prisioneros ingleses, publicado en Palabras Domésticas en la navidad de 1857. Dickens ayudó a Collins con su obra de teatro El Faro, y ambos escribieron La Helada Profundidad, en la que Dickens actuaría. En 1859, Dickens fundó una revista similar a Palabras Domésticas, llamada Durante todo el año, y en ella apareció, en el número del 26 de diciembre, la primera entrega de La Dama de Blanco de Collins y la última entrega de Historia de dos ciudades. La novela de Collins, que lo acabó de consagrar como escritor de éxito, hizo aumentar de forma notable las ventas de la revista, de 38.000 a 300.000.

A lo largo de la década de 1860, Collins disfrutó de un éxito literario y económico que nada tenía que envidiar al de Dickens. La venta de los derechos de autor de su novela Sin Nombre, publicada por entregas en la revista Durante todo el año, le proporcionó a Wilkie la astronómica suma de £4,600. Sin embargo, la carrera de Collins acabó entrando en declive: una dolorosa combinación de gota y de reumatismo le hicieron adicto al láudano, lo cual agravó todavía más su salud. Preocupado por su obesidad, Collins visitaba con frecuencia balnearios en el continente, en un intento por recuperar parte de su salud. Debido a esto en gran parte, se produjo un distanciamiento de Collins y de Dickens en los años finales de la vida este último. Pero a pesar de ello, la amistad nunca llegó a romperse. De hecho, Collins asesoró a Georgina Hogarth, cuñada de Dickens, cuando ésta preparaba, en 1880, y en colaboración con, Mary Angela, la hija mayor del escritor, una edición póstuma de las Cartas de Charles Dickens. Tanta confianza se tenía en la colaboración entre ambos que a Collins se le ofreció terminar la inacabada novela El misterio de Edwin Drood. Collins se negó, consciente de que su adicción al láudano había hecho que se escritura se resintiera y de que probablemente no estuviera al nivel de Dickens.

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