La irresistible simpatía de Pablo Carbonell en el show de su propia vida

Por Horacio Otheguy Riveira

La picaresca del cantante-actor-presentador de televisión no tiene límites de ingenio en un gratificante espectáculo en el que un chaval surgido de las locuras bien nutridas de los 80 (drogas surtidas, alcohol a manta, sexualidad intensa, amenaza del sida…) se enfrenta al dolor de la muerte de sus mejores amigos con la ironía de un showman, de un superviviente de las mil y una travesías por la búsqueda del placer, del dinero y del amor. Se ríe de sí mismo con un desparpajo que enamora, construye puentes insólitos entre la ternura y el humor negro (“En el velatorio de mi mejor amigo escuché los mejores chistes: “Lo siento. No, déjelo tumbado”). Un carismático contador de historias que cuenta consigo mismo como protagonista de un show que da pena que termine.

 

Debuta en teatro en 2006 con La curva de la felicidad, de los españoles Eduardo Galán-Pedro Gómez, reaparece en 2011 en Venecia bajo la nieve, del francés Gilles Direk, y en 2012 ¡Sin paga, nadie paga!, del italiano Dario Fo: en todos los casos bien arropado por excelentes comediantes, estas tres buenas comedias parecían abrirle a Carbonell una nueva puerta, un nuevo paisaje en el que con el tiempo pudiera fortalecer un perfil de gran actor, más allá de sus características personales, dentro de personajes atractivos. No fue posible; desde la farsa del Premio Nobel no reapareció, hasta que el pasado año nos sorprendió con su libro de memorias: casi 400 páginas desarrollando en primera persona el espectáculo de su vida en el mundo de la tarántula: un acierto de lenguaje, ya que el juego de palabras con farándula brinda una posibilidad inédita como expresión, aunque obvia en el fondo.

Si farándula llamamos al ambiente de quienes se dedican al mundo del espectáculo, tarántula es el nombre de una araña pequeña —sólo tiene entre 3 y 5 cm de largo— con fama de monstruosa por una mortalidad que en realidad no genera. Una leyenda, ya que su picadura es muy dolorosa pero no mortal: te deja vivo, como los golpes que se reciben a lo largo de toda una experiencia de vida. Y de eso se trata en esta adaptación teatral de un libro tan denso como divertido en el que Carbonell desgrana algunas de sus muchas aventuras con una simpatía de entrecasa. A sus 54 años mantiene lozana su manera de andar, con cierto aire desgarbado y cansino, portador de una sonrisa de niño travieso que, por muchas locuras que cometa, siempre quiere conquistar el corazón del espectador. Y vaya si lo consigue: él mismo promociona la venta de su libro tras los aplausos finales y se instala junto a las escaleras del teatro para venderlo poniendo voz de charlatán de feria. Para entonces se sucedieron notables anécdotas, acertadas imitaciones de personajes muy conocidos, canciones chispeantes, un final con canción sorprendente, y finalmente deja al espectador feliz de haberle conocido.

Antes de salir a actuar no me tengo que concentrar en ningún personaje. Incluso cuando canto alguna canción lo hago porque me conecta íntimamente con un tiempo o un persona que tiene un significado emocional para mí. Mientras escribía el libro fui descubriendo una serie de cosas, esas mismas cosas las volveré a descubrir en el escenario. Las lágrimas y las carcajadas también serán las mismas. El trabajo que hemos desarrollado con el director José Troncoso ha despojado al espectáculo de su aspecto testimonial o el tono de conferenciante. Las cosas suceden, se ven, se sienten, no se narran.

***

“El mundo de la Tarántula” supone un viaje luminoso en el que, de la mano de Pablo, conoceremos a personajes y viviremos situaciones que de otra manera, sencillamente, no nos atreveríamos a vivir. No es fácil ser tan libre. Playas, bolas de cristal, tugurios, amigos, música, platós… Y la suerte, siempre danzando a su capricho, hacen de esta “función” contada en primera persona, un ejercicio mágico de apabullante sinceridad. Bienvenidos al mundo de Pablo. [Director José Troncoso (últimos espectáculos: actor en Historias de Usera, director en Princesas del Pacífico)]

Autor e intérprete: Pablo Carbonell

Dirección: José Troncoso

Escenografía: Asier Sancho
Diseño Iluminación: Juanan Morales
Música: Tuti Fernández
Fotografía y Diseño gráfico: Javier Naval
Realización escenográfica: Escénica Integral
Realización audiovisual: Laura Millán y Sandra Wahbeck
Gerente Regidor: José Recio
Técnico de luces: Aitor Pérez
Técnico de sonido/vídeo: Nico Sánchez, Roberto Tena
Asistente de producción: Alejandra Freund
Jefe técnico: David Pérez Arnedo
Jefe de producción: Marco García
Productor: Jesús Cimarro

Hasta el 23 de julio en el Teatro Bellas Artes de Madrid.

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