Los Relatos de Culturamas: Coffe room Moscú, de Sonia Rico

Estimad@s lector@s: Os dejamos esta historia para desearos un buen viaje, una buena operación salida, unas felices vacaciones, en Moscú o donde sea.

Nos leeremos en septiembre.

Comentad la historia. Podéis descargar el relato aquí Coffee room Moscu, Relato Culturamas 30 de julio

Coffee room Moscú

SONIA RICO

Era la primera vez que tenía que vérselas con el cirílico. Antes de partir desde Barcelona, Ariana, no pensó en que fuese crucial poder leer esas letras, que para ella eran símbolos, para moverse con éxito por Moscú.

En su segundo día en la ciudad y ya la habían timado dos taxistas. Hubo dos, pero no tres timos. Ariana se hizo con un mapa del metro y otro de las calles de la ciudad en la recepción del hotel, se cruzó su bolso azul marino y respiró hondo antes del salir al encuentro de Masha, la periodista que había accedido a entrevistarse con ella.

Ariana decidió caminar las dos paradas de metro que le separaban del lugar de encuentro que le había propuesto Masha. Eran las diez de la mañana y por fin el sol había decidido presentarse. Caminando llegó a Lubianka. Quedó de frente a aquel enorme edificio mientras esperaba los noventa segundos que marcaba el semáforo para ponerse verde. Ariana pensó lo que pensó que pensarían todos los turistas al encontrarse ante aquella mole, donde tanto dolor, unas personas habían cargado sobre otras. Cruzó y siguió su camino, pasando por una calle adornada con preciosos arcos de flores que daba la bienvenida al incipiente verano. Sin darse cuenta llegó a Kuznetskiy Most. Aun faltaban diez minutos para que llegara Masha. Había visto en su foto de whatsapp que tenía el pelo castaño y ondulado. Esperaba que eso le bastase para reconocerla. Mientras observaba a la gente entrar y salir de la estación de metro unas gotas gordas de lluvia empezaron a caer y tuvo que ponerse a resguardo de un tejadillo. Una mujer gruesa, un hombre enclenque, una niñita rubia, el espectro de la amargura en la cara de la mujer en el kiosko hicieron suspirar a Ariana que trataba de comprender toda aquella diversidad.

Masha la sacó de sus pensamientos al ponerse delante de ella con sus rizos y una tímida sonrisa. Se dieron dos besos y caminaron hacía una cafetería en la que estarían tranquilas para charlar, según Masha. Ariana se sintió excitada de haberse encontrado al fin y mientras caminaban repasó mentalmente las preguntas que quería hacerle, y que llevaba unas semanas preparando. La periodista entró al café tímidamente, saludando a varias empleadas. Se notaba que frecuentaba el lugar. A Ariana le pareció una cafetería encantadora con el mismo ambiente que podría encontrar en el Paseo de Gracia de Barcelona. Cierto toque moderno, una pizca vintage, ensaladas saludables y diferentes tipos de té. Se sentiría como en casa, pensó. Le pareció curioso que en tantas partes del mundo la gente tendiera a homogeneizarse en la misma idea global de café europeo. Sonrío para sus adentros y siguió a Masha, que escogió una mesilla redonda y coqueta con vistas a la calle.

Los movimientos de Masha al coger la carta para leerla le parecieron finos y educados. Ariana se disculpó ante ella por no haber aprendido a leer cirílico o algunas palabras sueltas de ruso antes de viajar a la ciudad. Masha sonrió e hizo un gesto a la camarera y le susurró algo en un ruso, que le pareció el más suave que había escuchado hasta el momento, y ésta le acercó a Ariana una carta en inglés.

Aquella mujer empezaba a intrigarla. Se pusieron de acuerdo sobre qué pedir y Masha, con otro gesto y susurros, pidió por las dos. Té negro con crema de leche. Justó después de entregar las dos cartas a la camarera fue la primera vez que ambas se miraron a los ojos directamente. Ariana observó la belleza de los pómulos y el verde oscuro de los ojos de Masha. Se sintió tonta de repente y solo se le ocurrió decirle que gracias por su tiempo de nuevo y por haber querido acceder a esa entrevista. La periodista volvió a sonreír mientras echaba otra piedra de azúcar moreno en el té. Tenía las manos finas, las uñas sin esmalte. Era guapa, sin duda. Ariana se apresuró a sacar su libreta y un bolígrafo del bolso y la abrió justo por la página que había bautizado aquella mañana en el hotel, mientras desayunaba, con la fecha del día y el nombre de la periodista. Masha se dio cuenta y volvió a sonreírle y humedeció sus labios.

-Bien, cuéntame sobre qué vas a escribir exactamente.

-Sobre la mujer rusa. La novela es sobre una chica rusa que viaja a Barcelona.

Masha empezó a hablarle sobre su trabajo como redactora de contenidos en una televisión de Moscú. Ella buscaba información sobre locales de moda, la vida en la ciudad, tendencias…le gustaba su trabajo. Ariana le preguntó si le gustaba vivir allí.

-Oh, sí-dijo Masha- aunque me encantaría vivir en tu ciudad…

-Bien, has estado allí, por qué no lo intentas.

Masha removió su té pensativa. De repente su cara se puso seria y el té negro pareció teñir sus ojos.

-Aquí soy alguien ¿sabes? Tengo una profesión y un nombre. En Barcelona, no. Además, hoy es que…no tengo un buen día. He discutido con alguien esta mañana…

-Vaya, lo siento…

Se hizo un silencio eterno. Ariana no sabía qué decir porque Masha le parecía afectada pero no pensaba que quisiera seguir hablando de ello…o tal vez sí.

-Pero ¿era un amigo o un novio?

-Bueno, de hecho es una exnovia. Espero que no sea un problema para ti…

Ariana se apresuró a decir que no, que claro que no. Calculó que llevaban unos veinte minutos hablando y la chica había sido muy generosa con ella al haberle mostrado esa fragilidad suya y hacerle esa confesión. Sabía que Rusia era un país en el que la homosexualidad estaba mal vista, no debía de haber sido tan sencillo para Masha decirlo. Qué podía decirle ella a Masha, cómo podía consolarla. Solo se le ocurrió contarle su visión de las relaciones. Ariana le habló de sus experiencias negativas con los hombres, de que no quería supeditar su felicidad a otra persona ni podía confiar en nadie plenamente. Quería que su felicidad dependiera solo de ella misma y de sus logros personales. Le habló de cómo contaban para ellas momentos como aquel, los cafés compartidos, las palabras, la amabilidad de las personas y Masha la miraba sin decir nada y sus ojos volvieron a ser de color verde.

Ambas estuvieron en silencio, se miraron y a Ariana le pareció que Masha era la mujer más seductora que había conocido. Se sintió extrañamente cerca de ella y de la confesión que le había hecho. Tranquila por haber depositado en aquella mujer desconocida una parte íntima, su verdad. Los sentimientos que a veces no se atrevía a contarle a sus más allegados.

-¿Sabes?-continuó Ariana- Mi novio no lo sabe. No se lo he dicho a nadie aún pero he decidido que no quiero tener hijos. Que no tengo ese sentimiento maternal. Creo que eso no es para mí…

-¿Sabes? Yo tampoco quiero…

Volvieron a mirarse a los ojos. Ariana sintió que nunca había conectado de aquella forma tan instantánea con nadie. Y pensó algo. Y eso fue lo único que no se atrevió a confesarle a Masha aquella tarde: que ojalá le gustasen las mujeres.

SOBRE LA AUTORA

Estudié Psicología y Grafología y pretendo que los libros que escribo tengan alma.

Que un lector pueda encontrar allí dentro a una persona y comprenderla un poco mejor.

Llevo toda la vida participando en clubs de lectura, talleres, tertulias y sobretodo leyendo. Hasta que un día, tomé una de las mejores decisiones de mi vida y me matriculé en L’ escola d’ escriptura del Ateneu de Barcelonès, donde he cursado el itinerario para escritores y he pasado allí momentos inolvidables, aparte de salir con una novela terminada, que en breve verá la luz: Entresuelo izquierda.

En Junio de 2017, el Grupo Bojador, al que pertenezco, publicó el libro “ Mejor no te cuento”. Un libro con seis historias sobre seis tabúes. Actualmente, estamos preparando otro sobre fobias.

Soy una de la fundadoras del blog www.adivinaquienvienealeer.com , donde nos entrevistamos con autores de todo el mundo.

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