Sangre y pertenencia de Michael Ignatieff

SANGRE Y PERTENENCIA

MICHAEL IGNATIEFF

MALPASO EDICIONES

311 PÁGINAS

Por Juliano Ortiz

El escritor español Camilo José Cela decía que el nacionalismo se cura viajando, o dicho de otra manera, que el sentimiento arraigado en el nacionalismo es propio de los que se miran solamente el ombligo.

Michael Ignatieff no hace esto último y viaja. Lo hace a seis países emblemáticos en donde el nuevo nacionalismo se muestra nítido y se manifiesta con menor o mayor violencia y grado de intolerancia. Comienza por la zona de los Balcanes en la que tanto Croacia como Serbia, sufren una realidad que supera la comprensión de la comunidad internacional. Puestos de vigilancia, grupos comandados por el “Señor de la guerra” de turno, miedo, son algunos de los ingredientes que el visitante puede ver a penas pisa esta región desbastada por la acción de un nacionalismo cercano al infierno más atroz. Es interesante la forma que el autor recorre Belgrado, una ciudad en ruinas que vive a merced de la venganza y el odio.

La segunda escala es Alemania, la gran potencia que supo vivir uno de los peores movimientos políticos que recuerde la humanidad, y que ahora, tiene una nueva imagen de nacionalismo, las bandas juveniles, con todo su desencanto y odio contenido.

Su siguiente parada fue Ucrania, el cosmopolita país que quedó luego de la ocupación soviética y que todavía muestra los restos de un imperio gris y bucólico. ¿Qué hay escondido dentro de esa nación heredera de un arsenal bélico que la convierte en la tercera potencia nuclear del mundo? ¿Es esa su verdadera nueva cara?

Ignatieff nos lleva hasta Canadá, más precisamente a Quebec, ciudad de inmigrantes franceses que sufre un nacionalismo distinto, o quizás se podría decir, depurado. En una sociedad desarrollada, moderna y democrática, los quebequeses deben luchar contra la autodeterminación propuesta por un pueblo nativo del norte, que necesita un estado propio. Quizás la mejor comparación pueda encontrarse en Cataluña.

El recorrido continúa por una zona que posiblemente sea la antítesis de su par canadiense, y ese es el Kurdistán. Los kurdos, beneficiados por la acción de las fuerzas occidentales a partir de la Guerra del Golfo, aprenden día a día a vivir en un hogar propio, como nunca antes. Las arbitrarias fronteras dibujadas en oficinas geopolíticamente  estratégicas, son testigo de las miradas de sus enemigos sirios, turcos, armenios, iraníes e iraquíes. En este caso, el autor se pregunta si el nacionalismo kurdo puede crear una nación en medio de ese torbellino de credos y etnias.

Por último, el autor lleva sus valijas hasta Irlanda del Norte, Reino Unido, otrora lugar de la violencia engendrada a partir de un fanatismo religioso que determinaba su posición dentro del patriarcado británico. Católicos y protestantes crecieron en esa dualidad de identidad creando un apartheid étnico que hoy se refleja en una paz con muchas condiciones y rodeada de un halo de aparente tranquilidad.

Para comprender mejor a cada uno de estos casos que el autor usa como ejemplos de nuevos nacionalismos, distingue entre el nacionalismo étnico, el de la sangre y la tierra, y el nacionalismo cívico, al cual se adscribe el mismo Ignatieff, hijo de ruso, canadiense de nacimiento y que ha vivido en varios países. El nacionalismo cívico, según Ignatieff, mantiene que “la nación debe estar formada por todos aquellos que suscriben el credo político de la nación, independientemente de su raza, color, fe, género, lengua o etnia. (…) Se llama cívico porque considera a la nación como una comunidad de ciudadanos iguales, poseedores de derechos” [y es] “necesariamente democrático ya que la soberanía reside en todo el pueblo”.

Lo que está mal en el mundo no es el nacionalismo. Todo pueblo debe tener un hogar, toda necesidad de ese tipo ha de ser atendida. Lo que está mal es el tipo de nación, el tipo de hogar que los nacionalistas quieren crear y los medios que utilizan para lograrlo”.

Michael Ignatieff – (Toronto, Canadá, 1947), miembro de la Orden de Canadá, es una de los analistas más versátiles de la política internacional contemporánea. Reconocido académico y ex político, también es articulista, escritor de ficción e historiador. Ha sido profesor en las universidades de Cambridge, Oxford, Harvard y Toronto así como líder del Partido Liberal de Canadá y de la oposición oficial (2008-2011).

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