‘Perros que duermen’, de Juan Madrid

Por Javier Sánchez Zapatero.

Título: Perros que duermen.

Autor: Juan Madrid.

Editorial: Alianza, 2017. 431 pp.

Referente de la novela negra española, cuya tradición ayudó a crear a principios de la década de 1980 junto a autores como Manuel Vázquez Montalbán o Francisco González Ledesma, Juan Madrid vuelve al primer plano de la actualidad literaria con la publicación de Perros que duermen.

Pese que a la obra huye de la voluntad crónica de la realidad cotidiana y actual que caracteriza la producción del autor y relata una historia ambientada en la Guerra Civil y la posguerra españolas –aunque conectada, eso sí, con el presente-, pueden observarse en ella los principales valores que desde hace más de tres décadas vienen adornando su trayectoria. Así, por un lado es perceptible el compromiso y el afán de hacer de su literatura un instrumento de intervención social a través del que contar aquello que suele permanecer oculto –algo que probablemente tenga mucho que ver con el hecho de que el autor decidiese convertirse en novelista, precisamente, para relatar aquello que no podía contar en los medios de comunicación en los que trabajaba-. Por otro lado, aunque Perros que duermen no es, en sentido estricto, una novela de género, sí presenta estructuras argumentales propias de la novela negra, pues la trama principal se sustenta por el desarrollo de una investigación: la que ha de hacer un miembro del bando nacional en plena Guerra Civil cuando una prostituta es asesinada a manos de un alto cargo militar para, primero, esclarecer lo sucedido y, después, ocultarlo para evitar el desprestigio de los sublevados. También a nivel formal la novela fluye con la agilidad habitual de las narraciones de Madrid, un autor que, huyendo de las florituras, ha hecho del estilo claro y directo, deudor de la frase corta y especialmente brillante en la construcción de los diálogos, una de sus principales señas de identidad. Y, por último, Perros que duermen también destaca por su verismo, manifestado, más que en la acumulación de detalles o en la proliferación de descripciones, en la construcción de ambientes sociales y tipos humanos que transmiten al lector de forma vívida y profundamente real el contexto histórico en el que transcurre la historia.

La novela relata cómo se vivió en Burgos la Guerra Civil y presenta la realidad de la ciudad castellana en 1938, cuando se concentraba allí buena parte del poder del bando sublevado; cómo los presos republicanos hubieron de soportar durísimas condiciones de vida en diversos penales de Andalucía a mediados de la década de 1940; o cómo durante la posguerra Madrid intentaba volver a la normalidad en un contexto marcado por la violencia, la penuria y la necesidad de supervivencia. A través de esos tres escenarios y de esos momentos históricos, no especialmente transitados por la novela actual sobre la contienda y sus consecuencias –sobre todo en el caso de Burgos-, Juan Madrid va trazando una historia que va relacionando a una serie de personajes que aparecen y desaparecen, y que van siendo sometidos a los vaivenes de unos acontecimientos históricos marcados por la guerra. Entre todos ellos, destacan Dimas Prado, el policía encargado de llevar a cabo la investigación sobre la muerte de la prostituta, y Juan Delforo Farrell, uno de los internados en las cárceles de Málaga y El Puerto de Santa María, que va relatando en su diario la cotidianeidad del penal, así como los recuerdos de la guerra en la que combatió defendiendo al bando republicano. Sus caminos se unirán a lo largo de la historia, permitiendo así enlazar a dos representantes de las dos Españas enfrentadas en la contienda y relatar lo sucedido en las convulsas décadas de 1930 y 1940 desde dos ópticas tan diferentes como complementarias a través de una estructura dual.

Ambientadas en el presente y protagonizadas por Juan Delforo –personaje recurrente en la producción de Madrid muchas veces interpretado como su alter-ego e hijo del republicano represaliado-, el principio y el final de Perros que duermen permiten enlazar las dos historias que van avanzando a lo largo de la novela de forma paralela. Ahora bien, la función de esas páginas va más allá del engarce de lo relatado, pues de algún modo, vienen a evidenciar que la novela, más que una mera narración de acontecimientos del pasado, es una forma de Juan Madrid de tomar partido para homenajear a la tradición política republicana y, de forma muy especial, a su memoria familiar. Además de la presencia de rasgos autoriales de Delforo, en la apertura y en el cierre de la obra se pone de manifiesto la vinculación entre lo biográfico, lo histórico y lo ficticio –y muy especialmente, la relación entre la peripecia vital de los padres de Madrid y algunos de los acontecimientos narrados-, haciendo así que la novela se sitúe en el territorio de la autoficción y que el lector, al leerla, sea consciente de que, más allá de la ficción, Perros que duermen asuma un legado familiar en el que late una mirada personal sobre la historia de España.

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