La triple reivindicación del palmarés de la 50ª edición del Festival de Cine de Sitges

 

Por Ferran Calvet González.

El palmarés de la 50ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges es una reivindicación a tres bandas: la primera va para el cine que se atreve con la actualidad, para aquel que va más allá de la estética y las formas y se adentra en una crítica a la crisis de los refugiados sin dejar de lado el género. El film dirigido por Kornél Mundruczó, Jupiter’s Moon, se llevó el premio a Mejor Película de la Sección Oficial con una fábula fantástica sobre el conflicto de los refugiados en Europa del Este. Un joven sirio que muere a manos de la policía intentando cruzar la frontera entre Serbia y Hungría resucita con el poder de levitar. Gracias a un doctor corrupto, el protagonista llega a Budapest, donde se va a encontrar con diferentes estereotipos de rechazo hacia el inmigrante refugiado: xenofobia, persecución, explotación o vinculación con el terrorismo. Todo esto sin dejar de lado la fantasía, culminada con una levitación por el cielo de Budapest que no dejó indiferente a nadie presente en el Auditori. Una visión diferente de un problema social de total actualidad cuyo título ya es toda una declaración de intenciones: una de las 69 lunas de Júpiter es Europa.

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La segunda reivindicación de esta edición del Festival es la valoración –necesaria– del cine europeo. En unos tiempos donde la industria se decanta más hacia el cine estadounidense, muy frecuentemente sin importar la calidad de éste, los festivales europeos deben de ser los estandartes de la promoción del cine propio como producto cultural igualmente válido. Sitges ha demostrado en su 50ª edición que se puede programar las mejores novedades del cine europeo y no morir en el intento. Aparte de la húngara ganadora, encontramos la noruega Thelma de Joachim Trier, la otra gran triunfadora del festival,  ganadora del Premio Especial del Jurado, del Premio al Mejor Guion y del Meliès d’Argent, además de ser aclamada por público y crítica. También debemos mencionar la francesa Revenge, que se lleva el Premio a la Mejor Dirección para Matilda Lutz, o los ganadores del premio José Luis Guarner, compartido entre la británico-irlandesa The Killing of a Sacred Deer¸ dirigida por el griego Yorgos Lanthimos y la franco-brasileña As Boas Maneiras de Juliana Rojas y Marco Dutra.

También el cine español ha desempeñado un buen papel este año, sobre todo gracias al Premio del Público para Matar a Dios de Caye & Pintó, ambos directores redondeando su éxito con el Premio a Mejor Cortometraje con R.I.P. También se presentó la premiere mundial de Errementari, y se proyectó Dhogs de Andrés Goteira, que tiene el honor de ser la primera película en gallego en presentarse en el festival.

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Y por último, la tercera reivindicación, quizás la que parece más lógica, pero la más necesaria, es la del género fantástico. Sitges ya se promociona como el festival número uno del género y su programación y palmarés se comprometen con ello –no siempre ha sido así–. Pero además, en las cintas premiadas, la fantasía es inteligente, sutil y apropiada. También los invitados premiados con galardones honoríficos tienen una gran vinculación con el cine fantástico y de terror, y no se ha caído en la trampa de invitar en motivo del 50º aniversario a estrellas más mediáticas con poca trayectoria en el género, como pasó años anteriores con Banderas o Stone. Hemos visto cineastas con un ADN 100% Sitges: Guillermo del Toro, Dario Argento, William Friedkin, Sergio Martino, Lamberto Bava o Robert Englund y han presentado trabajos nombres habituales del festival como Takashi Miike, Jaume Balagueró o Álex de la Iglesia.

Una triple reivindicación que confirma a Sitges como un festival comprometido y en constante crecimiento, pues esta edición ha crecido en días de festival, en proyecciones, en invitados, en afluencia y en repercusión, y no parece que este crecimiento, que se constata año tras año, vaya a mermar. El director, Ángel Sala, ya anunció que la próxima edición se va a dedicar a la obra maestra de Stanley Kubrick, 2001: Una odisea en el espacio, y esto hace que los fans de lo fantástico se preparen para otra edición antológica.

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