LECHE de MARINA PEREZAGUA

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LECHE

MARINA PEREZAGUA

LIBROS DEL LINCE

CUENTOS

 

Por Juliano Ortiz

La autora en una entrevista realizada en el diario El Mundo de España decía que “…Hay una canción de Nina Simone que suelo escuchar cuando paso por malos momentos. La canción es “Ain’t got no”, y dice cosas así: “No tengo escuela, no tengo zapatos, […] no tengo amigos, no tengo casa… entonces ¿qué tengo? ¿Por qué sigo viviendo? Bueno, lo que tengo, nadie me lo puede quitar. Tengo mi pelo, mi cabeza, mi cerebro, mis orejas, […] mi alma y mi sexo”, y esta reflexión sirve para adecuarse a la primera parte de este libro de relatos que tiene como nombre Little Boy, y que puede leerse como una progresión de cuentos que giran a las consecuencias que dejó la bomba atómica. Son relatos impunes, profundos, de una flexibilidad creativa que impone la realidad de lo cotidiano en seres que sufrieron y sufren hasta el fin de sus días.

La imaginación de Perezagua se nutre de lo real para contar los terribles hechos como si ella hubiese estado ahí, para lo cual no tiene vergüenza de ilustrar con las palabras e imágenes más dolorosas, sin perjuicio de la metáfora salvadora. El lector siente la piel caerse de los personajes, pero tampoco es que haya un lucro narrativo tomado de la bajeza de lo enunciativo, hay sí una crueldad que significa para poder hacer memoria. En esta estética de lo real contado sin pudor, se puede vislumbrar la comodidad de la escritora.

Luego hay lo que podríamos decir como segunda parte, y en esos relatos, Perezagua se mueve de forma un tanto caótica al presentar distintos estilos que quizás no se intuían. El alga, las islas y El piloto, son tres cuentos que funcionan totalmente y que permiten encontrar a una autora con alcances excepcionales y que hacen pensar en la onírica letra de Cortázar. Son tres joyas de una calidad creativa sustancial. En Trasplante y La tempestad, si bien deben considerarse como propios del mismo hilo estilístico, queda un dejo de vacío, un hueco que no permite completar la totalidad de la excelencia, pero que no por eso, se deja de leer ni mucho menos.

En el relato Él, el cuerpo es el eje temático, un cuerpo desgarrado, lacerado, en el punto abisal de la muerte, “Cuando respira continuadamente por la boca, se le forma una membrana que parece que le tapa la garganta. Es como la piel interior de una cáscara de huevo. Tiro de ella y sale toda entera. Se disuelve entre mis uñas”.

El sexo, la violencia, la extrañeza, el tiempo, la soledad, los límites del cuerpo, el ser humano por sobre todo, como en permanentes viajes entre mundos bolañescos y cortazarianos, con sutiles reminiscencias expresionistas y con un marcado riesgo por navegar los límites de lo narrado, Perezagua va camino a convertirse en una potente continuadora de las más grandes escritoras del comienzo de este siglo.

Marina Perezagua (Sevilla, 1978), ha publicado hasta el momento sus cuatro trabajos en Los Libros del Lince: dos libros de relatos (Criaturas abisales y Leche) y dos novelas (Yoro y Don Quijote de Manhattan. Testamento yankee). Obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz a la mejor novela escrita por una mujer en español.

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