‘Réplica’, de Miguel Serrano Larraz

Por Pedro Pujante.

La mayoría de libros de cuentos suelen congregarse bajo un tópico común, aunque también hay otros como los que aquí comentamos que registran cierta libertad, y tan solo el tono, la impronta personal del autor logra dotarlos de unidad. Al menos, esa es la opinión que tengo tras leer Réplica, un libro genialmente escrito en el que se esconden algunas pequeñas joyas de la narrativa breve en español.

Entre sus piezas empezaré por la que da título al volumen y que quizá sea una de las más interesantes. El autor realiza un juego autoficcional en clave irónica y lúdica, pero que paradójicamente narra sin apasionamiento, para relatar una secuencia de avatares acaecidos debido a la facilidad que su físico alberga para provocar malentendidos, confusiones. La gente le suele confundir, nos cuenta, con dispares personajes desde Durero hasta Bunbury, incluido Santiago Segura, lo que, cómo no, puede desembocar en situaciones de lo más peculiar. Este cuento evoca levemente aquella película de Woody Allen, Zelig, en la que un personaje camaleónico se metamorfoseaba en todo aquel que tenía a su lado. También se acoge levemente a la autoficción “El payaso”, otro relato en el que el narrador, Miguel como el autor, ha escrito un libro que nadie comprende. Al contrario que César Aira, humorista a su pesar, el Miguel de este cuento es un dramático cuya ironía pasa desapercibida.

Recuerdos de familia, el pasado como otra vida lejana que llega en fosforescencias emocionales y difusas, fotografías melancólicas de infancia y aventuras que el tiempo factura con indolencia. Emotivas estampas de lazos familiares son revisadas en algunos de los cuentos de Serrano Larraz, quien ejerce del demiurgo para convocar fragmentos de su propia realidad, de la literatura y de su propia fecunda imaginación y así construir artefactos literarios conmovedores, de ironía muy calculada, en los que la precisión, el ritmo y la minuciosidad de las frases y el léxico coagulan el veneno de la realidad.

El relato “Azrael” es mi preferido. Un texto breve narrado en primera persona en el que se realiza una visita a una librería en busca de un libro extraño. El cuento funciona como una cadena de reflexiones que se despliegan en cadena, y su valor radica en ese efecto ilusorio de narratividad como o excusa para armar un lúcido ensayo sobre las interpretaciones diversas que condicionan nuestra noción de realidad.

En “Logos” propone un juego hermenéutico desde la ciencia-ficción tributaria de Lem en el que se problematizan las formas narrativas mientras se especula con un futuro tan distinto a nuestro presente que la comunicación del narrador debe en todo momento basarse en “traducciones” de sentido.

En general, Miguel Serrano Larraz muestra un dominio absoluto del idioma y si bien, salvo excepciones puntuales, se podrían adscribir al género del realismo, hay momentos, puntos de fuga, ambigüedades y elipsis pertinentes que hacen de su lectura un entretenido juego en el que la ficción acaba por domeñar y hacer la verosimilitud un aliado de fuerza que acrecienta el valor literario de Réplica. Me adscribo a la opinión de Sergio del Molino, quien afirma que la prosa de este autor es honesta y sin artificios, es decir, una literatura pura.

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