Historias cruzadas y amores singulares hacia “Un tercer lugar”

Por Horacio Otheguy Riveira

Un recorrido sentimental con baño de ironía, toques de humor cotidiano y gran revelación dramática final. Una obra escrita con exceso de equipaje literario por Denise Despeyroux, y dirigido por ella misma con indudable eficacia. Elenco espléndido con dos protagonistas de excepción, Jesús Noguero y Lorena López, quien aprovecha maravillosamente el personaje mejor delineado de una función irregular, pero muy interesante.

El elenco completo, con actores sentados observando a sus compañeros. De pie, Sara Torres; en cuclillas: Pietro Olivera. Sentados: Jesús Noguero, Lorena López, Giovanni Bosso, Vanessa Rasero.

 

Quince escenas, cada una titulada en una pantalla con una frase que se dirá a continuación, es decir, anticipando lo que vamos a ver: un ejercicio del llamado Teatro del distanciamiento que en una obra como esta sobra, distrae, molesta; en una obra como esta, a partes iguales tan intelectual como sentimental, el recurso del titulaje quita encanto, misterio: el anticipo de lo que vendrá con un título significativo, por lo general largo, coarta la presunta espontaneidad de encuentros cargados de ansiedad. No es el único fallo en un trabajo con altos y bajos, luces y sombras, pero en definitiva muy atractivo.

 

Parece ser una regla que hombre y mujer, antes de que por unas horas se conviertan en
una pareja de ensueño, tienen que haber recorrido primero un camino largo y difícil y
tienen que haberse encontrado en un tercer lugar, extraño a los dos, lo más lejano posible
a cualquier tipo de patria o de confortabilidad doméstica. Y además, con anterioridad,
tienen que haber superado un peligro o simplemente una larga confusión, en un país
hostil, que también puede ser el propio. (Peter HandkeEnsayo sobre el cansancio)

 

La citada reflexión del escritor austriaco inspiró a Despeyroux para la creación de esta muy personal necesidad de Un tercer lugar: hacia él van sus seres, entre estereotipos convencionales (como una abogada argentina que da la brasa con información filosófico-psicológica), algunos personajes lineales y otros de mayor profundidad. Un viaje al interior de todos ellos con pertinaz insistencia en su carga neurótica, es decir, la que les imposibilita alcanzar sus objetivos amorosos o que incluso, paradójicamente, les facilita el camino. El recorrido es desigual, con textos muy ajustados y otros en exceso reiterados, pero todo el tinglado dirigido con excelente ritmo, enamorada la directora de sus intérpretes, por quienes transmite una devoción reconocible en todas las secuencias.

Como mayor defecto de la larga duración y sus vaivenes, encuentro que la autora termina asaltada por la tendencia obsesivo compulsiva de sus personajes que no pueden dejar de hablar siempre de lo mismo en un círculo agobiante que sólo a veces se convierte en poético. Se dejan caer por la rampa de una verborrea que alarga la función innecesariamente, como si estuvieran actuando al margen de la propia Denise, liberados de sus ataduras como los seis de Pirandello.

Lorena López, Jesús Noguero.

Esta trialidad: autora/directora/personajes hace de Un tercer lugar una búsqueda interesante de motivos para vivir o morir, aunque decepcionante en su falta de desarrollo como grupo, una coralidad de seis personajes de los cuales la mayoría no pasan de arquetipos inmovilizados en su neurosis; con o sin compañero de viaje, estos seres reclaman un mayor vuelo, una mayor catarsis, tal y como la tienen sólo dos auténticos personajes: el conservador Tristán, que hace de su barrio una prisión de la que se niega a salir (muy eficaz Jesús Noguero, con más talento que el que reclama su texto) y sobre todo, Matilde: el único gran personaje que se desenvuelve con simpatía dentro de su permanente angustia, con un notable crecimiento en su búsqueda desesperada del amor, bajo una dulce coraza de mujer que todo-lo-comprende, hacia un final sorprendente muy intenso: todo un proceso que Lorena López esgrime con toda clase de matices e incluso sensualidad en un espectáculo que se caracteriza por la falta absoluta de interés erótico. En efecto, el único beso se da fuera de escena, adivinándose detrás de una pantalla.

Matilde/Lorena López no es una excepción en el maremágnum de palabras, también anda tropezando con ellas como sus compañeros de escena, pero con estilo propio: hurgando en horóscopos y libros, escribiendo ella misma libros de autoayuda con seudónimo de gurú de fama internacional (algo por otra parte habitual en el mundo editorial español); también se sumerge en la repetición, en la soledad mal compartida, en el afanoso intento de entenderse con un hombre egocéntrico hasta el hartazgo, pero además expresa una encantadora sensualidad con muy poco: con sus pies descalzos, con su sonrisa angustiosa, con sus manos nerviosas, su transparencia de preciosa mujer-niña que deambula sin recelo, confiada, buscándole el truco a una existencia en la que siempre que pide un plato en un restaurante, le dan otro… Con todo ello es capaz de sugerir una capacidad de placer sexual que la función rehúye en un alarde de pudibundez ciertamente extraño.

Vanessa Rasero es Cordelia: funambulista en una triste soledad menos vulnerable de lo que parece; Pietro Olivera es Ismael, un ser apenas bosquejado con una sola obsesión, procurar que su vecina comparta su maqueta de la casa de sus sueños; Giovanni Bosso conmueve con su Samuel, fascinado por las elucubraciones librescas de la abogada de sus jefes que le han despedido sin indemnización. Esta abogada es interpretada por Sara Torres: sostenido equilibrio de comediante eficaz en un perfil irritante de marisabidilla manipuladora, y a la vez tierna seductora de un hombre sencillo.

La escenografía de Eduardo Moreno es muy práctica, visualmente muy atractiva, con aportes muy valiosos, como una bella pecera con población imaginaria, un muestrario de mariposas atravesadas con alfileres, zapatos viejos, libros variados que de pronto se convierten en parte de una biblioteca pública…

La iluminación, la música ambiental y el vestuario son parte sobresaliente en la bella armonía de este Tercer lugar donde a menudo van a ciegas los personajes de un mundo femenino en el que pueden darse muchos rostros de mujer, pero en el que los hombres tienen escaso interés.

Igual que en otras obras de Denise Despeyroux, ellos apenas tienen norte, por lo general encerrados en un ego de escaso vuelo, muchachos torpes, adultos perversos (El más querido) o a merced del viento (Ternura negra), o como los tres que aparecen en esta representación, apenas esbozos de seres incapaces de evolucionar.

En definitiva: un espectáculo importante, que se alimenta de sus propios fallos e irregularidades para aportar reflexiones y no pocas emociones en torno a la búsqueda del amor. Con una puesta en escena muy superior al texto, y unos actores que se entregan plenamente en un trabajo muy emotivo, con extraordinaria labor de Lorena López (foto), quien saca muy buen partido de su gran personaje.

Escrita y dirigida por Denise Despeyroux

Ayudante de dirección Paula Foncea

Escenografía Eduardo Moreno

Iluminación Pau Fullana

Espacio sonoro Mariano García

Música Pablo Despeyroux

Vestuario Paola de Diego

Fotos Sergio Parra

Títulos de vídeo Natalia Moreno

Construcción escenográfica Proescen

Prendas de confección Marisa Sánchez

Ambientación de vestuario María Calderón

Una producción de Teatro Español

ENCUENTRO CON EL PÚBLICO, jueves 23 de noviembre, al finalizar la representación. Entrada libre hasta completar aforo. Presenta y modera Rosa María Mateo.

 

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