‘En los márgenes de la biblioteca europea’, de Jesús Pérez Caballero

Por Ricardo Martínez Llorca

@rimllorca

En los márgenes de la biblioteca europea

Jesús Pérez Caballero

Sloper

Mallorca, 2017

215 páginas

 

Aquello que en su día rompió algunos moldes literarios y se llamó flujo de conciencia, a fecha de hoy es un ensayo social. Somos en la medida en que nos medimos frente al entorno. Y esas reflexiones se ven afectadas por las decisiones que tomamos durante nuestra actuación en la novela. Si es que es una novela o un híbrido. En cualquier caso, Jesús Pérez Caballero (Gandía, 1981) es de los pocos que han sabido integrar este efecto para construir una obra digresiva sobre el malestar, que es algo que solo puede fructificar en digresión. La obra nos lleva de Gandía a Rumanía, Hungría, Moldavia o Sarajevo, con una constante tipo espejo roto: la realidad son las promesas que suceden en pasado, en pretérito pasado. Pero, eso sí, promesas. Porque existe lo inevitable y también la fantasía, que es con lo que uno llena el tiempo que no le ocupa lo inevitable, aunque la fantasía pueda ser algo feo. Lo inevitable puede ser un padre reaccionario y la fantasía algo escatológico. Y entre ambos extremos, en algún sitio tiene uno que encontrarse. ¿Dónde? La pregunta no es esta, la pregunta es cómo hace uno para encontrar su lugar.

Pérez Caballero es miembro de una generación que vivió esa confusión entre el Mediterráneo y la Comunidad Valenciana. Para afrontar ese malestar, pues como tal lo vive, se embarca en proyectos de voluntariado, es decir, se embarca el narrador de la historia, que llevan a una Rumanía donde descubre que la pobreza supera su voluntad. El país sigue condicionado por el oscurantismo y la burocracia del terror rojo, sigue rodando con la forma de la sociedad comunista: los ricos no han cambiado y la redistribución de la riqueza a la que deberían contribuir las organizaciones no gubernamentales no existe. La democracia es una farsa y uno de sus sostenes, el altruismo humanitario, es un poder oscuro útil para el márquetin, inútil para la reconstrucción. Todos los habitantes de Rumanía están a punto de largarse, pero como miembros de una novela de Kafka, todos se quedan. De alguna manera, siente que retrocede a tiempos medievales, la morralla de la historia. Las organizaciones de cooperación se limitan a mantener el civismo de quienes les vigilan o manipulan.

Hay que seguir huyendo, acompañado por una chica, a una Hungría que es frontera donde se machaca a los emigrantes que pretenden entrar en Europa, a una Moldavia donde todavía ríen los rusos y, finalmente, a Sarajevo, que es metáfora de tantas versiones del mal. El recorrido por la ciudad lo escribe con tanta brevedad como fantasmagoría. Se imponen las leyendas, tal vez verídicas, actuales, del estilo de las que ideó Isaac Bashevis Singer: el relojero sefardí, el re-inmigrante sin pasado o el soldado español que se vistió el uniforme para viajar, para conocer mundo, y terminó por quedarse en Sarajevo, donde la pena capital a que estuvo sometida la ciudad resultó demasiado magnética y ya no será capaz de abandonar sus calles y, sobre todo, sus sótanos. Pérez Caballero ha escrito una obra a la que nos cuesta ponerle nota, porque parece que está en plena búsqueda literaria y que esa búsqueda ya merece la pena. Si tenemos suerte, seguirá buscando.

 

 

A favor de la luz

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