‘La derrota de oriente’, de Eugenio García Gascón

Por Ricardo Martínez Llorca

@rimllorca

La derrota de oriente

Dietario de Jerusalén 2013-2017

Eugenio García Gascón

Libros del K.O.

Madrid, 2017

210 páginas

 

El autor elige para el epílogo palabras de Carl Bernstein, el periodista famoso por desatascar al propio periodismo con su investigación sobre el Watergate. Bernstein sitúa el epicentro de los sucesos mundiales en Jerusalén y maldice las respuestas maniqueas a los problemas de escala global. Algo que nadie hace cuando se trata de conflictos personales. En medio de esta época, del Antropoceno, la era del hombre, cree que las respuestas no son tan sencillas. Visitar Jerusalén fue para él visitar la zona cero, donde se condensa lo que está sucediendo en Siria, con el Estado Islámico, con las políticas europeas o americanas concernientes a seguridad e inmigración y con las respuestas fanáticas.

Aunque el mundo es mucho más grande que eso, al menos todavía, y ciertos rincones apenas sienten nada que tenga que ver con tanta maldad que allí se desarrolla, la que denuncia Eugeni García Gascón (Barcelona, 1957), es cierto que se impone un fundamentalismo cultural de corte europeo. La mayor herencia del cual se llama Estados Unidos, que camina ya con una autoridad propia, con una idiosincrasia integrista, liderando el orden o el caos mundial. García Gascón da fe de las visiones a diferentes escalas en este dietario: una obra en la que cada entrada se corresponde a un día concreto, pero revisada tras la sucesión de los hechos. Con lo cual narra o describe entre la actualidad y el pasado. Eso le permite, al tiempo que nos declara su experiencia, conjeturar. Por norma general, se muestra más atractivo cuando atañe a acontecimientos a pequeña escala que a los grandes movimientos. Aunque pertenece a la estirpe de los periodistas que luchan contra ese principio de que una muerte es un asesinato, y un millón una estadística. En contra de lo que soltó Stalin, él cree que un millón son un millón de asesinatos.

De ahí su postura en lo que atañe al epicentro, que es Israel o los territorios ocupados. Los que más sufren son, sin duda, los palestinos. Si alguien quiere entender lo que sucede en el mundo, debe asistir al entierro de un bebé reventado por armamento americano con el que experimenta el estado de Israel. Y decimos el estado, pues la tendencia no declarada es a considerar que el país es Palestina. Es cierto que entra en las variaciones sobre cómo solucionar el problema, si con dos estados o con un estado de libre circulación. Pero cuando lo hace, es a través de otras voces. Él se limita a apretar los dientes frente a la incapacidad de maniobrar para salvar sus vidas que tienen los habitantes de Gaza, la mayor cárcel del mundo, sometida a bombardeos injustificados. En realidad, García Gascón considera que es zona de guerra. Y, si nos atenemos a las palabras de Bernstein, el territorio comanche se amplía a escala mundial.

De ahí que mientras vive Jerusalén al pie del cañón, no cese de seguir los acontecimientos que brotan del conflicto: los atentados en Europa, por ejemplo. Y la inmigración. Y la segunda generación de inmigrantes, la de los barrios de las grandes ciudades, a caballo entre dos herencias que chocan. En buena medida, la guerra que nos expone es narrativa, pero también ideológica, de ahí que apunte a la necesidad de ponerse en la piel del otro para entenderlo antes de apretar el gatillo. Porque en caso contrario caeríamos en el maniqueísmo y en una guerra cuyo relato se limita a la victoria. Así es como se enfrenta a la suerte de los hospitales de Gaza o a la caricatura de Toni Blair como comisionado en la región. Aunque él se encuentra más humano entre la gente que frente a los discursos de alguien que, por oposición a los que sufren, llamaremos la no-gente. A esta última estirpe pertenecen los fanáticos sionistas, nacionalistas, religiosos. Atento a todo, desde los deportes a la arqueología, García Gascón nos regala un libro que convence por mil razones, por lo bien escrito que está y por la defensa del enfermo.

 

A favor de la luz

 

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