Inmersiones. Crónica de viajes y periodismo encubierto

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Inmersiones

Crónica de viajes y periodismo encubierto

María Angulo Egea

Universitat de Barcelona

A lo largo de estas páginas, María Angulo describe las interioridades de algunas de las corrientes más apasionantes y comprometidas del llamado periodismo de inmersión: aquel que profundiza en los en­tornos y las realidades sociales, dialoga con la literatura en el géne­ro de la crónica, invita al lector a viajes sorprendentes, e incluso se aventura en el periodismo encubierto y su versión más gamberra, el gonzo que inventó en los sesenta Hunter S. Thompson. Pero de una manera muy especial, este libro se sumerge en el periodismo hecho por mujeres en un mundo que nació masculino. Repasa y destaca la obra del importante conjunto de mujeres que han derribado barreras desde los albores del periodismo, como Nellie Bly, hasta las que hoy día escriben en primera persona sobre sus vivencias, como la peruana Gabriela Wiener o la propia María Angulo.

Todo lector tiene derecho a sospechar de un texto que comience con una definición de la Real Academia Española. Semejante umbral de autoridad pone rígido al lector y le permite a la autora esconderse detrás de lo escrito. Como lector pido un umbral de desnudez, de compromiso, en medio de la intemperie del territorio textual o, en todo caso, si necesita una cita, prefiero que sea la de un verdadero compañero de camino. Sea este un borracho, un camarero, una puta, una madre, un padre, un amante… o un académico, un poeta, una cronista… o lo que sea. Sobran los artículos, libros y demás textos llenos de banalidades. Nunca se ha escrito y publicado más que hoy. Cada día se publican más textos que en miles de años y, sin embargo, a los lectores nos cuesta encontrar algo interesante que alimente la curiosidad, la empatía, la sensibilidad; resulta difícil encontrar palabras inteligentes que nos acompañen, que nos lleven a soñar, a amar, a comprometernos con la vida. Sin embargo, superado el umbral de la primera frase, el libro de María Angulo Egea se yergue ante el lector como un prisma que ilumina lo social a través de una de sus formas más descarnadas de contarla, la crónica. Se trata de un libro valiente a la vez académico y existencial, un libro sobre crónicas y con crónicas. Un texto que puede leerse en el sofá y en el escritorio y, en ambos casos, el disfrute y la reflexión se inunda de la inteligente sensibilidad de la autora.

“Inmersiones. Crónica de viajes y periodismo encubierto” se presenta como un escrito maduro, erudito en lecturas y experimentado en territorios. Tal vez por ello, nos ayuda a pensar lo que es narrar historias verdaderas, eso que en la era moderna comenzó a llamarse periodismo y que hereda la tradición de las crónicas hoy consideradas históricas. Contar historias y mirar al narrador de esas historias. Porque podríamos recorrer este libro desde el ying/yang explícito de su escritura: las historias y sus autoras/es. Así la profesora Angulo nos adentra en interesantes historias desde la crítica de la crónica de viajes o de cronistas tan distintas como Nellie Bly o Emilia Parda Bazán. Historias y narradoras marcadas por la empatía y el compromiso por los que la autora apuesta. Manicomios, sórdidas calles, viajes, territorios escondidos, el cuerpo y la perspectiva femenina… los márgenes convertidos en atalayas o trincheras desde donde mirar la sociedad en su complejidad. Pero esas historias son posibles por el enfoque, llamémoslo periodístico, de la experimentación. Es decir, de la experiencia de lo narrado no solo como testigo sino mucho más comprometido, como experimentación, como vivencia que resulta de infiltrarse en realidades ajenas. Realidades sociales o del propio cuerpo vivido como extraño cuando es definido por los Otros.

Hay otro ying/yang del libro, otra doble cara y tensión implícita que mueve a la autora entre analizar crónicas y cronicar ella misma la realidad. Por ello la lectura nos revela a una cronista del periodismo que inmersa en las historias nos revela la crítica literaria y periodística a la manera de una crónica de la crónica. Enfoque y estilo que atraviesa cada uno de los capítulos y cuya clave encontramos en el último -“Bienvenida al paraíso”- donde un relato en primera persona que puede ser leído con gran placer como crónica, se manifiesta para el lector atento como declaración del tipo de mirada que la autora realiza sobre las historias.

Vivimos épocas cuya producción cultural digital nos lleva a pensar la actividad de lectura como “navegar”, “surfear” o “escanear” y lo que es peor, la escritura suele practicarse como “ejercicio de llenado” de “caracteres sin espacio” de una “caja digital” de publicación. Frente a la superficialidad, apostar por una narración de inmersión constituye un acto necesario y oportuno. Como lo sugiere la autora (p. 118) la inmersión tiene gradaciones. Su nivel más básico es la observación empática, no cualquier observación sino la que es capaz de ver desde el punto de vista del otro. Esto deja de lado, la idea de observación “objetiva” e “imparcial” como ejercicio de notarios de lo social pero no de periodistas. El siguiente nivel, es el de la observación participante de la antropología de la que tanto tiene que aprender el periodismo. Una observación cuya narración nos ayuda no solo a entender los nexos causales de lo social sino a comprender su sentido. Y por fin, un tercer nivel, que la autora nos recuerda la observación inmersiva que supone la infiltración donde el narrador cambia su personalidad, se transforma física y psicológicamente. La narración resultante será siempre un trabajo en proceso, con el backstage de la experimentación y con un realismo tan profundo que será indistinguible de la ficción. Porque cuanto más profundo es el relato, cuanto más inmersiva es la experiencia, cuanto más empática es la mirada… “la realidad” se muestra en el límite de su reverso, la imaginación creativa. Y ese límite se transforma en la cuerda de un cronista convertido en narrador sonambulista.

María Angulo nos recuerda la necesidad de las historias verdaderas, de esas que dejan marcas en el cuerpo del narrador y que trabajan el cuerpo del lector despertándolo del aletargamiento de una cultura cuya máxima es el entretenimiento ensoñador. El cronista del que nos habla la autora sacude al lector con su narración mostrando que una crónica periodística que merezca el nombre de tal será siempre una historia para despertar del sueño de la cultura masiva.

Vivimos épocas de gran crisis del periodismo, no tanto, como sugieren los analistas, por las nuevas tecnologías -esta es la piel de la crisis- sino por las nuevas configuraciones empresariales que convierten en un lujo lo “normal” del periodismo, contar historias. Los contratos precarios -cuando los hay-, el sistema omnipresente de free lance, el abuso de notas refritadas de internet y lo peor, la enorme cantidad de supuesta información periodística que sólo son las transcripciones de los productos de gabinetes de comunicación de empresas y gobiernos. Son tiempos oscuros para el periodismo y la democracia, tiempos especiales para narradores valientes y comprometidos de historias reales bien contadas. La autora es una de ellas, a ellos dedica su libro.

Fuente: Revista latina de comunicación social

María Angulo: “Contar bien un relato es cuestión de práctica, los periodistas no escribimos Madame Bovary”

María Angulo ha publicado un manual imprescindible para entender los entresijos de la crónica periodística.

Entrevista en El salto diario:
 PUBLICADO
2017-11-17 06:00:00

María Angulo publica Inmersiones, crónica de viajes y periodismo encubierto (Universitat de Barcelona Edicions, 2017), un manual imprescindible para entender los entresijos de la crónica periodística.

En el libro, Angulo, profesora de periodismo en la Universidad de Zaragoza y doctora en filosofía y letras por la Universidad Autónoma de Madrid, aborda de manera excepcional un tipo de periodismo que se está abriendo paso a codazos: la crónica.

A través de la voz y la mirada de cronistas como Gabriela Wiener, Nelly Bly, Jordi Carrión o Martín Caparrós, Angulo desmenuza este género cada vez más codiciado. Un género, no obstante, con obstáculos. Conseguir transmitir honestidad o encontrar una voz y un estilo propios se presentan como los principales retos.

En Inmersiones, María Angulo habla de la prosa de Wiener, objeto y sujeto, de Nelly Bly, que se infiltró en un manicomio para escribir un reportaje desgarrador sobre la situación de las mujeres internadas, sobre el periodismo de viajes y la capacidad de sorprendernos, a pesar de todo. ¿Somos turistas o viajeros? ¿Somos sinceros en nuestros relatos?

Una de las características de la crónica es la apariencia de honestidad, escribes en tu libro. ¿Cómo consigue el cronista transmitir sinceridad? ¿Qué debe hacer el cronista para que cuando lo lean, el lector lo crea?
Depende de quien escriba y depende de quién sea el receptor y el bagaje que tenga. Si eres periodista, sabrás a quién le dan la información y a quién no, quizás sea más fácil de detectar si hay sinceridad en la crónica o no. De todas maneras, me resulta curioso que cuando se habla de periodismo narrativo, la primera pregunta que emerge siempre tiene que ver con la idea de honestidad, lo verdadero y lo falso de lo que se cuenta. Cuando se habla de periodismo convencional, en el que nos mienten a destajo, de textos organizados a partir de la subjetividad ideológica del medio, pocas veces lo ponemos en tela de juicio.

Ante los relatos emerge una moralidad que no emerge con otros textos. El hecho de que las crónicas se presenten noveladas puede hacer pensar que se trata de ficción, pero no es así. Hay gente que no entiende que el periodismo se pueda presentar como un cuento.

Igual tiene que ver en la manera en cómo se presenta el lenguaje. La aparente neutralidad del periodismo informativo nos hace pensar que la información que nos dan es objetiva. La aparición del “yo” en un texto periodístico siempre genera dudas. Tenemos el antecedente de Truman Capote en A sangre fría, donde algunas de las cosas que describió no sucedieron como tal.
A otro tipo de periodismo no le exigimos lo mismo.

Cuestionamos la línea editorial.
La crónica periodística suele salir en revistas, suplementos y libros. En el prólogo, los autores suelen hacer un ejercicio de honestidad y explican el contexto de lo que vas a leer, pero también quiénes son ellos.

Entonces hay un componente de trayectoria, también. Me vienen a la cabeza Martín Caparrós, Xavier Aldekoa o Mikel Ayestarán, de los que te crees hasta la última coma. 
Exacto.

Háblame de la mirada, uno de los componentes claves de la crónica. Eres profesora de periodismo en la Universidad de Zaragoza. ¿Se enseña a mirar en las facultades de periodismo?
Aprender a mirar resulta complicado, pero creo que la mirada se puede educar. Yo creo que sí, que en algunas asignaturas se enseña, directa o indirectamente, a mirar. En la asignatura que imparto sí intento potenciar la mirada de mis alumnos. Siempre les digo que se fijen en el detalle, ya que los detalles resultan muy productivos para el relato.

¿Cómo se educa la voz, el otro componente de la crónica?
Eso ya es más difícil, ya que en el periodismo continúa funcionando el paradigma anglosajón de story y comments, y se tiende bastante a textos limpios, neutrales, cercanos a la nota de agencia. Lo bueno de la época que vivimos es que, con internet, la mayoría de los estudiantes de periodismo suelen tener un yo bastante elaborado. De hecho, hay que pulirlos y quitarles ese yo.

¿En serio?
Sí. Muchas de las crónicas que se publican son yo, yo y yo.

Una cosa es hablar de tu mirada y otra distinta es hablar de ti, imagino.
Claro. Eso pasa cuando el yo es objeto y sujeto.

Que es lo que hace Gabriela Wiener, por ejemplo.
Sí, pero para saber hacerlo bien tienes que ser Gabriela Wiener.

Leyéndola a ella, una no tiene la sensación de estar delante de un ejercicio de egolatría, como pasa con otros escritores o periodistas. Me sorprende que estudiantes de 20 años tengan la voz del yo tan desarrollada como dices. 
Gabriela, cuando se descubre, es muy liberadora. Hace un tipo de periodismo que te llega al alma y que te parece extraordinario. Las temáticas que trata, siendo mujer, te llegan de manera directa.

El yo desarrollado lo ha traído el mundo digital. La gente más joven, las nuevas generaciones, tienen muy estudiada su imagen, lo que quieren transmitir y proyectar. Para mí, eso es una virtud. En la escritura, con la proliferación de blogs o a través de las redes sociales también pasa. Mediante la prueba y el error puedes saber qué es lo que funciona, cual es el yo que encaja y con cuál vas a tener éxito. Los estudiantes, de manera más o menos consciente, traen eso y es nuestro trabajo como docentes percatarnos de qué es lo que funciona para sacarlo a relucir.

¿Cómo encuentra un/una periodista su propio estilo, su voz?
Eso es complicado. Siempre se empieza copiando a los y las profesionales que admiras. Copias el esqueleto, los recursos, las estrategias narrativas, pero no la voz. La voz se construye escribiendo, probando, probando y probando. Entones ves dónde te sientes verdad. Encontrar la voz es algo que requiere tiempo, como el aprender a escribir. Casi todo en esta vida es práctica.

Práctica y talento.
Sí, pero hay gente muy talentosa que se pierde porque no practica nada y al final no hace nada. Contar bien un relato es cuestión de práctica, los periodistas no escribimos Madame Bovary. De hecho, muchas veces se valoran más los textos en el chasis, sin barniz, sin decorar.

En el periodismo encubierto pasa eso: el testimonio es tan potente que no hace falta nada más. A veces, la estética de un texto se encuentra en la fuerza del testimonio. En el periodismo narrativo ocurre lo contrario: lo importante es la fuerza descriptiva del narrador.

En la presentación del libro en Barcelona, Silvia Cruz, que te acompañaba, comentó que las mujeres tienen una capacidad de empatía superior a los hombres. Dijo que las mujeres teníamos más capacidad para contar.
Las mujeres estamos educadas en contar, es cierto, pero no se puede generalizar. A mí, la mirada de una mujer me resulta más interesante que la de un hombre, por los temas que trata o por la manera de abordar la propia existencia. Por el hecho de ser mujer, lo que ellas escriben me llega con más fuerza. Me siento más identificada.

De manera general, sí que me da la sensación de que nos han educado para ser empáticas y cuidar al otro. Eso, por ejemplo, para las entrevistas es genial. Me viene a la cabeza Oriana Fallaci. La entrevista es un género que requiere crear clima y empatía con una persona que acabas de conocer, hacerla sentir a gusto.

En el libro también hablas de la situación de las mujeres en el periodismo. Parece que hay cierto tipo de periodismo que aún está reservado a los hombres, por ejemplo, el político y el deportivo.
Sí, pero yo soy optimista. Hay muchísimas mujeres que se van haciendo un hueco. Olga Rodríguez, Anabel Díaz, Lucía Méndez, Mónica García Prieto… Hay muchas que se dedican al periodismo político. Otra cosa es dirigir medios, allí sí hay un techo de cristal, muy obvio, además. Hay un momento en la vida en el que las mujeres deben escoger entre la maternidad y su profesión, porque no existe una conciliación laboral adecuada. Además, en el periodismo es muy fácil perder el tren y quedar desactualizada.

En el libro que coordinaste, Crónica y mirada (Libros del KO), analizas revistas como JotDownRevista AmfibiaEtiqueta NegraPanenka…Nuevos modelos de hacer periodismo que parece que han triunfado, sin tener ni idea de sus avatares financieros. Si, como vemos, el periodismo de largo aliento está haciéndose un hueco tanto en España como en Latinoamérica, ¿por qué no invierten los grandes medios en crónica?

No es tan fácil. Por ejemplo, JotDown, al inicio de todo, apostó por el papel y no funcionó. Primero hay que crear una comunidad y hacer una apuesta digital fuerte, hacer que la gente se enamore de un producto. De todas maneras, y a pesar de que funciona, es una revista que se nutre de colaboradores que cobran por pieza.

Una red de colaboradores, por cierto, muy amplia.
Sí. Todas estas revistas son ecosistemas necesarios, en mi opinión ya que enriquecen el panorama periodístico, pero no hay que olvidar que son redacciones muy pequeñas que fomentan un periodismo autónomo que se saca las habichuelas como puede. Por eso no quiero hablar de modelo de negocio, ya que no creo que exista un modelo de negocio como tal que funcione.

Esas redacciones dan de comer a cuatro, los que tienen un salario fijo. 
E imagina la cantidad de periodistas que salen cada año de las facultades. ¿Dónde los colocas? A mí me encantan estos proyectos, pero no sé hasta qué punto son rentables. Habrá que esperar a que pase el temporal.

Hablemos de antropología. Me da la sensación de que este periodismo que describes en tus libros tiene más de antropología que de periodismo. La metodología de la crónica, la observación, ya sea participante o no, es fundamental en las investigaciones antropológicas. No creo que sea tan diferente lo que escribe Malinowski en Los argonautas del Pacífico Occidental a lo que escribe Martín Caparrós en El hambre.
El periodismo bebe de muchas otras disciplinas, y la antropología es una de ellas, de la que coge la idea de la inmersión. No solo se trata de observar, sino de llegar al fondo de los temas. Eso es lo que hace un antropólogo: observa y a menudo participa para obtener más información. El método antropológico en el periodismo es básico y más en el género de la crónica, que es un género fronterizo. Comunicación y antropología van de la mano, a mi parecer.

De hecho, ya hay facultades, que además de ofrecer asignaturas complementarias en la carrera de periodismo, también ofrecen dobles itinerarios para enriquecer la formación en comunicación.
Sí, se trata de imbricar diferentes disciplinas para que la formación sea más rica. En el ámbito de la crónica de viaje, por ejemplo, la antropología es fundamental. Los primeros viajeros eran antropólogos que escribieron lo que les sucedía y lo que veían.

En tu libro escribes: “El viajero posmoderno no descubre, relee lo que ya es familiar a base de lecturas superpuestas”. ¿Es posible descubrir en esta época en la que lo tenemos todo al alcance de un clic?
Esa idea está sacada de Jordi Carrión. Es una idea productiva e interesante. Ahora mismo es complicado descubrir un territorio. Pensar que eres el primero en ver algo sería naíf. Cuando viajamos, ya hemos leído guías, visto documentales, hemos consultado en internet… Carrión dice que hacemos viajes de vuelta, no de ida. Muchas veces ya vamos enamorados del espacio, porque lo hemos leído, porque nos lo han explicado. El territorio que ves ya lo traes de casa.

¿No es eso negativo, la capacidad de no sorprendernos ante nada?
Eso depende del carácter de cada uno. A veces, las realidades que hemos conocido a través de las lecturas o la pantalla nos emocionan igual. Me viene a la cabeza Nueva York, por ejemplo, un lugar que hemos visto cientos de veces en las películas. A mí me sorprendió igual. Luego también hay cosas que, aunque las hayas visto mil veces, te continúan sorprendiendo, como el David de Miguel Ángel. Creo que el ser humano no pierde la capacidad de asombro y de conmoción y que a través de la información que tenemos actualmente, nos resulta incluso más fácil asombrarnos.

Martín Caparrós habla de la mirada de cazador del viajero… 
Sí, es la capacidad de asombrarse y sentirse asaltado por lo que te rodea, eso pasa cuando llegas a un lugar nuevo. Una vez has acostumbrado la mirada a ese paisaje, es complicado ver las cosas. Verlas en el sentido profundo de la palabra. Si llevas un tiempo en un sitio, debes esforzarte más en detectar lo realmente interesante de ese entorno. Por ejemplo, salir a la calle en Barcelona o Madrid y contar algo novedoso es mucho más complicado que contarlo desde Birmania. La mirada de cazador se debe educar para detectar qué es lo relevante.

¿Qué opinas del periodismo de listas: “10 restaurantes que no te debes perder si viajas a…”
Eso es una forma de categorizar los espacios y este tipo de artículos pueden ser relativamente útiles. Forman parte de la lectura rápida, de la que nos nutrimos y necesitamos. Imagina que quieres invitar a un amigo extranjero a comer… Estos artículos te solucionan la vida. Se mueven entre el periodismo y la publicidad, pero son necesarios. Yo veo el periodismo como un servicio, también. En este sentido, estas listas te ofrecen un servicio y son útiles.

Como los viajes de prensa, entonces.
Sí, exactamente. Que de pronto todas las revistas publiquen artículos sobre las Azores no es casual. De todas maneras, se puede ir a un viaje de prensa y escribir cosas interesantísimas y curiosísimas sobre el lugar. Se puede escribir crónica en un viaje de prensa, por supuesto. Se trata de saber mirar y contarlo.

Con honestidad.
Con honestidad, por supuesto.

 

Y luz en las grietas

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