El bolígrafo de Ladislao Biro

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Por Silvia Pato (@SilviaP3)

Hay objetos cotidianos que parece que siempre han estado ahí, al menos, en tiempos modernos. Asemeja que salieron de la nada, pero fueron inventados por alguna mente clara e inquieta que contribuyó a que todos nos pudieramos aprovechar en el futuro de su idea.

Así sucede con el húngaro Ladislao Biro (1899-1985), un periodista, pintor, agente de bolsa, hipnotizador y escultor, posteriormente nacionalizado argentino, que desarrolló 32 inventos, aunque entre todos ellos, el más famoso, lo tenemos a mano cada día.

Biro estaba harto de los problemas que le causaba su pluma estilográfica. Se atascaba en el momento más inoportuno, la tinta se secaba cuando menos lo esperaba y los inconvenientes de no tener siempre un objeto raudo y listo para escribir en su profesión, le condujeron a inventar algo para sustituirla. Se cuenta que la idea para ello llegó por azar, un día que vio a unos niños jugando en la calle a la pelota. Cuando el balón cruzó un charco y siguió su trayectoria, dejando a su paso una línea perfecta de agua sobre el suelo seco, le sorprendió no haber reparado antes en una solución tan sencilla para crear un artilugio de escritura. Necesitaba una bolita. Si cambiaba la elegante punta metálica de la pluma por un sistema redondeado con una bolita, el efecto sería el mismo.

 

Birome

Fuente: Wikimedia

 

Biro patentó en 1938 el prototipo de su idea, pero no lo pudo comercializar. Un día, en una visita al continente europeo, el presidente de Argentina, Agustín Pedro Justo, conoció al periodista y quedó muy sorprendido por su útil de escritura. Aquel encuentro, en el que este le dio su tarjeta, se hubiera quedado solo en una anécdota sino hubiera ocurrido que, tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el inventor eligió el país argentino para emigrar con su familia y su socio y amigo Juan Jorge Meyne.

 

Bolígrafo Birome

Fuente: Wikipedia/Revista Leoplán, Argentina, año 1945 CC BY-SA 2.5

 

Ya en Buenos Aires fundaron la compañía Biro Meyne Biro, perfeccionaron y patentaron lo que ahora conocemos como bolígrafo, que llamaron esferográfica, y salió a la venta con el nombre comercial de Birome. Años después, vendieron la patente a Eversharp Faber, en Estados Unidos, y a Marcel Bich, en Francia, el cual desarrolló un modelo mucho más económico.​ Bich lo adaptó de tal forma que, en 1950, lo lanzó al mercado acortando su nombre y bautizándolo como Bic Cristal. El éxito fue absoluto.

La compañía de Biro, por su parte, quebró, a causa del fracaso de otros inventos y la imposibilidad de contar con más financiación. La idea del bolígrafo con la esfera fue la que más tarde se utilizó para crear el desodorante roll-on.

En Argentina, en honor de Biro, se celebra cada 29 de septiembre el Día del Inventor, fecha de su nacimiento.

FUENTE: La Nación, Bic world

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