Felices y dolorosas obsesiones en “La tumba de María Zambrano”

Por Horacio Otheguy Riveira

“La tumba de María Zambrano” es un espectáculo de teatro-danza en el que resulta fundamental la música de Gastón Horischnik, cautivadora y envolvente. El juego escénico, repetitivo, invoca un complejo devenir, ya anunciado en el subtítulo: “Pieza poética en un sueño”. En torno a la tumba malagueña de la gran escritora: gatos y seres humanos transitan la dulzura de su propia infancia, y la angustia perenne de su hermana Araceli, víctima mortal de los nazis en París. Otros personajes deambulan aportando conductas determinadas en un entorno que puede fascinar en sí mismo, pero que resulta decepcionante si se busca ampliar conocimiento sobre la larga vida en el exilio de la homenajeada, autora de más de 20 obras, en su mayoría ensayos filosóficos.

 

Escribir es defender la soledad en la que vivo.

No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.

Se baila, se hace mímica, se camina, se habla poco, se baila, se hace mímica, se camina, se habla poco: la reiteración en este homenaje tiene la constancia de espíritus traviesos o angustiados que permanecen en busca de sus momentos más felices o tratando de irrumpir en los más desdichados con el fin de derrotarlos.

En La tumba de María Zambrano la muerte no detiene la vida, es un camino hecho de obsesiones a manera de círculos donde los pensamientos de una intelectual con poderoso encanto personal permanecen enigmáticos, cerrados y abiertos a la vez, en torno a la búsqueda de la esperanza, de la unión de lo humano y lo divino en una mística singular por parte de una mujer republicana que se exilia en varios países durante y después de la guerra civil.

Fallecida en Madrid en 1991, ya con 86 años, había recibido el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Cercantes en 1988. Casada con el diplomático Alfonso Rodríguez Aldave (1911-2008), vivió en muchos países, recorrió muy diversos paisajes y culturas, y en todas partes se abocó a una búsqueda de orden entre la necesidad poética y los conflictos sociales.

 

El corazón es centro, porque es lo único de nuestro ser que da sonido.

 

Antes de comenzar la función se escucha su voz en tres situaciones, tres anécdotas muy interesantes en tiempos de la República. Su preocupación por la paz, la libertad, y el hambre de quienes no pueden interesarse por nada de eso porque no tienen otra ocupación que la de procurarse techo y comida. Ya iniciada la representación, durante hora y cuarto el tiempo se detiene entre tumbas de un cementerio donde los gatos forman parte de un mágico universo con teatro propio: uno en el que la dorada infancia de María se cruza con la desesperación de su hermana Araceli durante la ocupación alemana de Francia… Hay otros personajes y situaciones que se unen para repetirse, infatigables en un recorrido angustioso para algunos y bellísimo para otros, sobre todo para Zambrano, instalada en una paz absoluta, imaginando el pasado fantástico y adentrándose en la compleja espesura de las relaciones humanas.

Ante la falta de creación de personajes y la repetición de secuencias, la música de Gastón Horischnik cautiva y crea metafísico diálogo con el notable esfuerzo de los actores. En definitiva, una experiencia sensorial interesante, e intelectualmente sólo válida como introducción a la obra de una personalidad excepcional.

 

Aurora Herrero como María Zambrano, reflexiva y serena. Detrás, Irene Serrano, María de niña: impulsiva, soñadora…

 

En 2004, Pilar Bardem y María Botto protagonizan la película María querida, el primer gran homenaje a la escritora que en 1988 recibió el Premio Cervantes: una larga entrevista que combina ficción y realidad con mucho del pensamiento de “razón poética” del personaje.

LA TUMBA DE MARÍA ZAMBRANO.

Pieza poética en un sueño

Autora: Nieves Rodríguez Rodríguez

Directora: Jana Pacheco

Intérpretes: Óscar Allo, Isabel Dimas, Aurora Herrero, Daniel Méndez, Irene Serrano

Escenografía Alessio Meloni
Iluminación Rubén Camacho
Vestuario Eleni Chaidemenaki (Eleninja)
Espacio sonoro y música Gastón Horischnik
Movimiento y coreografía Xus de la Cruz
Vídeo Clara Thomson
Audiovisuales Volver Producciones
Instalación e ilustraciones Elisa Cano Rodríguez
Asesoría artística Arturo Bernal, Sol Garre y Guillermo Heras
Ayudante de escenografía Elisa Cano Rodríguez
Ayudante de dirección Gabriel Fuentes
Fotos marcosGpunto

Coproducción Centro Dramático Nacional, Volver Producciones e Ibercover Studio

Teatro Valle Inclán. Sala Francisco Nieva. Del 10 de enero al 11 de febrero 2018

ENCUENTRO CON EL EQUIPO ARTÍSTICO, MARTES 23 DE ENERO AL TERMINAR LA FUNCIÓN.

 

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Una respuesta a Felices y dolorosas obsesiones en “La tumba de María Zambrano”

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