‘Morir en California’, de Newton Thornburg

MORIR EN CALIFORNIA

Newton Thornburg

Traducción de Inga Pellisa

SAJALÍN

Barcelona, 2017

380 páginas

Antes del verano recomendé Carter, uno de los títulos del año de Sajalín Editores. En aquel texto dije que el personaje creado por Ted Lewis tenía algo en común con Parker (el personaje de Richard Stark aka Donald Westlake de su libro Payback, también conocido como A quemarropa): ambos eran tipos centrados en un objetivo y nadie iba a detenerles porque aquella obstinación formaba parte de su naturaleza. Carter trataba de encontrar la verdad acerca de la muerte de su hermano. Y Porter quería que le devolvieran el dinero que le habían hurtado tras dar un golpe. Y en esa misma línea se mueve Hook, el protagonista de la novela Morir en California (de Newton Thornburg, también autor de esa otra maravilla titulada Cutter y Bone, que la misma editorial publicó el año pasado): en su caso, al principio del libro acaba de enterrar a uno de sus hijos, fallecido lejos del hogar de la familia, y durante toda la novela se obstina en encontrar la verdad, aunque para ello tenga que trasladarse a un motel de Santa Bárbara, California, y merodear en torno a las personas que vieron por última vez a su hijo Chris, pues la versión oficial es que fue un suicidio, pero su padre no se la traga porque el muchacho era alguien lleno de vida y decidido a comerse el mundo.
Aunque el fondo de Morir en California es el mismo que el de Carter y Payback (hombre cabezota decidido a conseguir sus propósitos, sea la verdad, la venganza o el dinero, aunque tenga que pagar precios altos por ello), las formas son diferentes. Porque Carter era un asesino profesional y arramplaba con todo, utilizando la violencia en cuanto les cosas se le iban de las manos. Y Parker, aunque era un ladrón, también mostraba actitudes violentas y una postura fría y sin escrúpulos. En cambio, David Hook es un hombre de campo, un granjero de Illinois con bastante temple, alguien que no tiene armas y que, en principio, no es violento. Su método consiste en dar la chapa a quienes estuvieron en el escenario de la muerte de su hijo: se encuentra con ellos una y otra vez y habla y habla e insiste en que quiere saber la verdad y que nada lo detendrá, que está seguro de que a su hijo lo asesinaron, y da igual que lo amenacen o que una y otra vez se burlen de él y lo llamen “paleto”, porque no va a detenerse.
Durante sus pesquisas, hay un retrato más bien negativo del movimiento hippie, de cómo muchos de ellos ofrecían una pose de libertinos y desarrapados, pero luego se montaban en caravanas que valían miles de dólares y que les habían comprado sus padres. Predomina también, en la novela, un lamento por las oportunidades perdidas, por los momentos que se fueron porque alguien muy joven murió, pero también porque algunos (como Hook) ya son mayores y tal vez hayan tomado decisiones erróneas o sea tarde para ellos. Thornburg, además, contrapone dos modelos de vida: los de quienes están arriba (políticos, gente con pasta, etcétera) y son capaces de llevar dobles vidas y pasarse la moral por el forro y los de quienes están mucho más abajo (gente honrada, honesta, trabajadora), obstinados en proseguir con sus vidas sencillas y hogareñas.
Como en el caso de Cutter y Bone (ambos muy bien traducidos por Inga Pellisa), Newton Thornburg ofrece también aquí una novela sólida, una especie de noir atípico que mantiene al lector atrapado desde las primeras líneas, con ese protagonista paleto y cabezota que sólo quiere limpiar el nombre de su hijo y restablecer su memoria. No os la perdáis: la combinación Newton Thornburg & Inga Pellisa & Sajalín Editores es ganadora. Un par de extractos:
 
Contemplándolos, Hook se dio cuenta de que más allá de su dolor como padre de Chris, de su ira por la mentira del suicidio, había otro infierno, más pequeño, que consistía simplemente en que su hijo hubiese muerto ahí, en esa tierra de sol y desesperación. Porque en ese momento comprendió que morir en California era morir no solo en suelo extraño sino en un tiempo extraño, un futuro ignoto, brutal y desalmado que despreciaba tanto como temía.
 
**
 
A pesar de la roca y el remolino, le pareció un lugar muy hermoso, este en el que había muerto su hijo. Diez días antes, él estaba aquí, pensó, había visto ese mismo mar y esas mismas islas. Sus ojos veían. Sus oídos oían. Su corazón latía. Vivía, y sabía que vivía. Y ahora ya no estaba vivo. Era como piedra, como arena, como una rama rota. Era una cosa, una cosa bajo tierra. Y Hook no lo comprendía. No había comprendido nunca la vida, esos bebés con la piel tierna y rosada que había cogido entre los brazos, carne de su carne, sangre de su sangre. Y ahora no comprendía la muerte de esa vida. Las estrellas y las piedras, la vida y la muerte, todo era un misterio para él.

David Hook, granjero de Illinois orgulloso de las tierras y del ganado que posee, sufrió un duro golpe cuando su mujer falleció en un accidente de coche siete años atrás. Ahora, frente al ataúd de su primogénito de dieciocho años, Hook tiene el corazón y los ojos secos. Christopher Hook murió lejos de casa, en California, y la policía afirma que se suicidó. David está seguro de que su hijo no se quitó la vida, y para demostrarlo y averiguar la verdad de lo ocurrido viaja a Santa Bárbara. Allí conocerá a las dos testigos de la muerte de su hijo: La atractiva y autodestructiva Liz Madera, y la señora Rubin. La primera mantiene una relación con el aspirante a congresista Jack Douglas, y la segunda trabaja para él. Furioso y ávido de venganza, Hook se convertirá en su peor pesadilla y los acosará sin tregua para limpiar el nombre de su hijo.

Publicada por primera vez en 1973, Morir en California deja al descubierto la corrupción y la degradación que se escondían tras el glamour y la opulencia de la Costa Oeste en los años setenta.
Newton Kendall Thornburg (Harvey, Illinois, 1929- Bothell, Washington, 2011) creció en un suburbio de Chicago en una familia que él mismo describió como «fundamentalista cristiana». Estudió Bellas Artes en la Universidad de Iowa y comenzó en la misma universidad el primer curso de escritura creativa de los Estados Unidos, pero lo abandonó porque le aburría. Se trasladó a Nueva York con su mujer y probó suerte en el mundo del arte, pero las galerías preferían sus cuadros abstractos a sus trabajos más realistas, que él consideraba mejores. Regresó a Illinois para trabajar en la granja de su cuñado y en el negocio familiar de venta al por mayor de golosinas. Posteriormente se mudó a Santa Barbara, California, donde compaginó la escritura de ficción con un trabajo de redactor publicitario. El éxito de su segunda novela, Knockover, le permitió dedicarse por completo a la escritura, y con el dinero de la venta de los derechos cinematográficos de Morir en California se compró un rancho en las Ozark. Cutter y Bone, adaptada al cine en una película de culto en 1981, es su obra maestra y una de las mejores novelas sobre la sociedad norteamericana post Vietnam.

«Mucho después de leer la última página, Morir en California obsesiona como una pesadilla.» George Pelecanos

«Uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX.» The Guardian

«Un escritor formidable de inusual potencia.» The New Yorker

Que el dolor no lastre tu vida

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