‘Cuba en la encrucijada’, de AA.VV.

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Cuba en la encrucijada

Doce perspectivas sobre la continuidad y el cambio en La Habana y en todo el país

Leila Guerriero (Ed.).

Traducción de Ana Mata.

Debate.

Barcelona, 2017.

272 páginas. 

Por CARLOS MALAMUD (El Cultural)

El libro editado por Leila Guerriero presenta doce visiones distintas sobre la actual situación cubana. La mayor parte pegadas al terreno, producto de vivencias personales y muy próximas a la cotidianidad. Ellas transmiten una visión muy matizada, contradictoria a veces, de los dilemas de la sociedad cubana y también una forma de entender lo que está ocurriendo y lo que puede ocurrir mañana en la Isla.

Sin embargo, si el lector espera obtener con su lectura las claves para desentrañar la coyuntura política y económica puede llegar a frustrarse.Éste no es el objetivo de Cuba en la encrucijada, aunque algunos autores dan ciertas claves de los cambios producidos a partir de la desaparición de la Unión Soviética y como consecuencia del llamado “período especial”, del relevo de Fidel Castro por su hermano Raúl, de la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos o de la muerte de Fidel. Pero esto solo para contextualizar determinados relatos o historias personales y no para ser el hilo conductor de una obra con otros propósitos.

Lo que distingue al conjunto de la obra es el conocimiento directo de la realidad cubana por los autores, bien porque son cubanos que viven en Cuba o vivieron allí en algún momento, pero con una presencia constante, o bien porque son extranjeros con largos períodos en la Isla o aún viven en ella. Pero todos ellos transmiten una visión original de los grandes desafíos cubanos.

Precisamente este toque de cercanía, de proximidad, le da un valor excepcional a ciertos capítulos muy bien escritos. En todos, sin embargo, salen a relucir algunos de los principales problemas que de forma cotidiana afrontan los cubanos de a pié para sobrevivir. La condición de la mujer, el juego de pelota (beisbol), el ballet del cabaré Tropicana, la gestión de una librería (prohibida primero, legal después), el juego y la lotería clandestina (la Charada china o Chiffá), las peripecias de un actor o la prostitución son algunos de los caminos a recorrer para poder interpretar la Cuba de hoy.

Así, la vida cotidiana es una constante lucha por “resolver”. Siempre hay algo que resolver para comer, para mantener a la familia, para llegar a fin de mes. Uno de los atajos seguidos por muchas cubanas y cubanos es el jineterismo, el comercio sexual con los extranjeros, una práctica que terminó siendo tolerada por las autoridades dada su extensión. En este contexto la mujer juega un papel especial, con muchos de sus derechos garantizados. Es cierto que la sociedad cubana es sumamente permisiva y que el aborto está generalizado. Pero, al mismo tiempo, y esto es quizá más significativo, la presencia femenina en los órganos de dirección del Estado y del Partido es mínima, por no decir insignificante. Esto ha llevado a Wendy Guerra a hablar del “machismo-leninismo” existente en Cuba.

Hay varias constantes en prácticamente todos los capítulos, comenzando por la enorme herida que supone la migración y el exilio. Siempre salen a relucir los cubanos que viven fuera, pero que de una u otra manera siguen en contacto con los suyos. Como dice Iván de la Nuez, inclusive casi todos los viejos revolucionarios “tienen hijos o nietos en Miami”, a tal punto que la pulsión entre partir o quedarse es prácticamente generalizada.

La segunda nota importante es la omnipresencia de un cierto fatalismo, “aquí nunca sucede lo que uno espera que ocurra”, acompañado de un sentimiento claustrofóbico provocado en parte por la insularidad, pero también por las condiciones políticas (la sensación de estar viviendo en una cárcel). Desde esta perspectiva el transcurrir del tiempo es un problema: “Los papas y los presidentes vienen a ver a Cuba y luego se marchan y se olvidan de nosotros. Pero para nosotros no cambia nada. Aquí estaremos siempre. En la misma Cuba, la misma ruta, la misma lucha de siempre”. Es este fatalismo el que condiciona la encrucijada en que se encuentra Cuba y el futuro de su gente y el que pretende transmitir, con excelentes trazos y argumentos, el conjunto de este libro.

Por Alfredo Crespo Alcázar (El Imparcial)

En Cuba en la encrucijada. Doce perspectivas sobre la continuidad y el cambio en La Habana y en todo el país estamos ante un libro coral cuyo objeto de estudio, como dice la editora en la introducción, provoca posiciones encontradas. En efecto, hablar de Cuba implica discutir sobre la figura de Fidel Castro y su “gran legado” a sus compatriotas y a la humanidad: la revolución.

La obra que tenemos entre manos responde a este parámetro general pero no tanto por las posiciones adoptadas por la pluralidad de autores que participan sino por las voces que aparecen en cada uno de los capítulos. Por tanto, las ideas sobre economía, historia o cultura están esparcidas a lo largo del libro por la infinidad de opiniones de cubanos anónimos que intervienen. El resultado es una excelente radiografía de los que es y ha sido Cuba, bien transmitida por los responsables del libro, la mayoría de ellos profesionales del periodismo y de la literatura, fenómeno que se aprecia en la calidad de la prosa empleada.

No obstante, se pueden extraer algunas ideas generales, por ejemplo cómo la generosa financiación de la URSS al comunismo cubano permitió al castrismo vender ante la opinión pública internacional las bondades de su educación y de su sistema sanitario. Muchos compraron este mantra, en particular los sectores más progresistas de las democracias occidentales.

Sin embargo, leyendo esta obra, se comprueba que no es oro todo lo que reluce (y relució) tras la revolución. El fin de ese imperio con pies de barro que era la Unión Soviética repercutió notablemente en Cuba que dejó de percibir la paga de Moscú. El jineterismo, simplificando, resultó una de sus consecuencias, de tal manera que hombres y mujeres debieron acudir a la prostitución como forma de subsistencia, relegando a la marginalidad cualquier criterio ético.

En consecuencia, los autores de los capítulos no llevan a cabo un ataque o una defensa del castrismo sino que permiten que sean los personajes con los que convivieron quienes nos acerquen la realidad del comunismo. De nuevo aquí podemos obtener ideas generales de importancia ya que incluso los más acérrimos defensores de la revolución quedaron después desencantados por la forma de ejercer el poder por parte de los hermanos Castro. Obviamente, también hallamos el punto de vista contrario, esto es, de aquellos que siempre vieron en el comunismo el paradigma de la generación de pobreza y de la negación de derechos y libertades.

En este sentido, las nuevas relaciones diplomáticas establecidas con Estados Unidos pueden interpretarse de manera legítima como una señal de que algo fallaba en la utopía marxista-castrista. A modo de ejemplo de esta afirmación, uno de los entrevistados por Patricia Engel afirma que “nunca traería otra vida a esta isla […]. Esta isla es una cárcel. Esta vida es un purgatorio” (p. 37). Una reflexión que cobra más valor si cabe en la actualidad, puesto que la propaganda del régimen ha conseguido manipular la alteración que de las verdades oficiales se ha producido recientemente, perceptible por ejemplo en la legalización del comercio. Esto último no debe entenderse como un paso previo para la introducción de la democracia sino como una manifestación más de la capacidad del castrismo para no ceder cuotas de poder.

“Que el dolor no lastre tu vida”

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