La feliz de Camilo Sánchez

La feliz

Camilo Sánchez

Edhasa

Novela

Por Juliano Ortiz

¿Qué enorme distancia hay entre la fama y el olvido para los ídolos populares? ¿Cuándo es el momento, si se puede determinar, en el que su estrella se deforma? ¿Fueron Monzón, Olmedo, y en menor medida Martel, hijos de un país tragador, glotón, destructor de almas y vidas?

Mar del Plata, verano del 88. La Feliz, la ciudad que abre sus puertas y recibe a millones de personas para que por unos días, sientan que su vida puede acercarse a una especie rara de paraíso, en donde las playas están llenas, el agua es fría, el tránsito es un demonio sin cabeza que se choca en cada esquina, y el miedo por el “no ser” se ve con más amplitud. En esa ciudad, en ese enjambre devorador, El Claun, El Campeón y El Langa son solo símbolos de un tiempo que persiste en no despedirse, pero que inexorablemente se dirige hacia la desaparición.

El libro, aunque se aclara desde el comienzo que el punto de partida “alude a ciertos personajes históricos” pero es ficción “de punta a punta”, se recrea la atmósfera de aquellos días de Mar del Plata y los protagonistas (El Clan, El Campeón y El Langa) pueden ser fácilmente reconocidos por los lectores. Amigos, cercanos por desgracias y gustos exuberantes afines, los tres es el arquetipo del que nació pobre y de pronto, como si los tocara una varita mágica, se convierten en famosos, en lo que todos quieren ser.

La novela está escrita con economía de palabras. Directa. Barrosa. Repleta de eufemismos que no lo son tanto y que por su presencia dejan en el aire argumentativo un dolor que se puede tocar, un vacío que presiente el futuro. Los tres personajes giran y fagocitan la trama mostrando una ferocidad que, en ellos, justamente es paradójica. El Claun es ternura, El Campeón es timidez, soledad, miedo a la pobreza, El Langa es el oportunista, el buscavidas que se saca la grande año nuevo y la despilfarra con gusto, sabiendo que a detrás de esa puerta no hay nada.

Los tres son el éxito, son el fracaso más burdo, la moneda que se da vuelta y da con la cara de la miseria, de la sonrisa triste que nos dice, rajá de acá, yo las sé todas. El Claun es divertido, es generoso, El Campeón desconfía sabe que se está jugando todo en un golpe, El Langa está en la vida como un dado que en cualquier momento va a estrellarse contra la pared.

“… tardé 30 años en escribirla. La empecé muchas veces. Como dice el maestro Piglia que nos sigue acompañando, se narra el pasado pero se escribe desde el presente y yo encontré el tono para narrar ese pasado hace tres años y cuando lo encontré, la cosa marchó. Apareció cuando los tres personajes se me configuraron y descubrí desde dónde contarlos. Al Claun lo conté desde ese verano en que la pasó mal. Estaba en un pico de éxito y en un pico de angustia. Me di cuenta de que al Campeón tenía que contarlo como alguien que está en la cárcel y rememora su gloria y se me hizo carne, sobre todo, el personaje que es el nexo entre los dos, El Langa, el Facha Martel. Pensé que a él había que contarlo espejado en otro porque si no, no había fondo…”, contaba en una declaración realizada al diario Página 12.

Ficción, realidad, los senderos que se bifurcan desde el lado que uno menos espera. La imagen que es y que podría haber sido. El testigo que lo vio y dice. La forma de la novela que deja al lector en las aguas del misterio. Sánchez utiliza los mitos y los hace carne y hueso. Como lo que intentaron ser. Como lo que más querían ser y solo lo consiguieron en la hora de su muerte.

Camilo Sánchez, escribió Haroldo Conti, biografía de un cazador, con Néstor Restivo, publicado en 1985, y reeditada en 2002 y en 2006. Fue diez años crítico de teatro. Escribió la novela La viuda de los Van Gogh, editada por Edhasa, Argentina (2012) y Unionsverlag, Alemania (2014) y que este año saldrá en Marcos & Marcos, Italia; y en Ediciones de la Sierra Madre, México.

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