Una revolución imposible en “Escoria” de Juan Frendsa

Por Horacio Otheguy Riveira

“Un grupo de adolescentes se reúne con frecuencia en una nave de un polígono industrial, donde han creado una banda organizada para luchar en contra del sistema. La aparición de un nuevo miembro hará que todo se revolucione y acaben siendo los autores del mayor atentado de la historia del país”. Con este material se produce una creación escénica de notable intriga llevada a cabo con buen ritmo, desplegando un contexto social nada simplista, adecuadamente matizado con jóvenes rebeldes que, inconscientemente, repiten los dramáticos mecanismos que quieren destruir.

 

 

Juan Frendsa escribe el texto, diseña personajes y situaciones, y dirige a un reparto que responde con energía y eficaces recursos: su juventud adquiere ribetes de extraña madurez a medida que crece la acción.

Si ya se perfilaba su eficacia en el desarrollo de un melodrama realista en OIROTALEV, aquí resulta muy evidente una evolución sumamente interesante. Jóvenes furiosos contra un sistema de vida generalizado mundialmente, sin necesidad de determinar el país, entran en conflicto con la visita de un seductor de su misma generación: un tipo sexualmente arrebatador para dos de las chicas, se enfrentará al líder, y muy pronto el enfrentamiento servirá para sacar a la luz secretos que les atormentan.

Se habla de personajes ausentes que tienen peso, y unos y otros se integran de manera que el espacio en que se mueven, sucio y abandonado, va adquiriendo la atmósfera de obras clásicas del siglo XX en las que un grupo humano se adora y repele en busca de su identidad, de una revolución que en este caso es imposible porque todos los personajes repiten vicios, dolencias, miedos y traiciones típicas de aquellos a quienes necesitan destruir.

La trama avanza segura de sí misma y aborda dos finales y un epílogo. El primer final da con un buen corte, seco, rotundo, bien desarrollado, con el que Escoria podría despedirse dejando en el aire situaciones abiertas, pero suficientemente ricas psicológicamente como para que los espectadores discutan con inevitable dosis de emoción, porque esa última situación es de gran impacto. Sin embargo, luego llega el verdadero final: el cómo y porqué el grupo vuelve a unirse sin fisuras, después de aquella dura noticia que a todos dejó tocados. En el epílogo, llega un rap compuesto e interpretado por Ángela Cervantes en el punto justo en que se unen la rabia por las cosas que pasan a diario, y el dolor que surge ante la impotencia por no poder cambiarlas.

El equipo funciona con precisión. Excelente armonía en el clímax general que va a más a medida que avanzan los deseos y las frustraciones,  en un proceso dramático envolvente. Todos ellos marcan territorio y la respiración de sus personajes circula libremente, de manera fluida, lo mismo en la atracción que en el rechazo. La competitividad bastante cruda y salvaje de los personajes se establece en escena gracias a una compenetrada solidaridad entre los intérpretes.

 

Laura Rozalén, Roser Vilajosana, Juan Frendsa, Helena Lanza, Ángela Cervantes.

Jorge Clemente, Jorge Alcocer, Juan Frendsa, Nacho Núñez, Héctor Molina.

 

ESCORIA

Texto y dirección: Juan Frendsa

Ayudante de dirección: Enrique Sánchez-Fortún

Intérpretes: Jorge Clemente, Ángela Cervantes, Héctor Molina, Laura Rozalén, Jorge Alcocer, Nacho Núñez, Helena Lanza/Roser Vilajosana

Iluminación: Iván Belizón

Técnico: Marina Blanc

Diseño y fotografía: Abraham Blázquez

Teatro Nave 73, del 2 de febrero al 30 de marzo 2018, viernes 20 horas.

 

 

 

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