“Los chavales han visto en Merlí a un padre distinto al que tienen”

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Por Álex Martínez

Hablamos con el actor Francesc Orella de su trabajo en la exitosa serie adolescente Merlí, de sus cuarenta años de carrera y de sus próximos proyectos.

Francesc Orella (Barcelona, 1957) es un tipo tranquilo, agradable y sereno. Tiene poco que ver con Merlí, el curioso personaje que interpreta en la serie que le está otorgando tanta popularidad en los últimos años. Una ficción escrita y dirigida por Héctor Lozano que cuenta las andanzas de un carismático profesor de filosofía, que enseñará a reflexionar y a cuestionar las cosas al grupo de alumnos de bachillerato a los que da clase. La serie Merlí, que acaba de concluir con gran éxito la emisión de su tercera temporada en TV3 —ahora también puede seguirse a través de Netflix tras su paso por La Sexta— y que en 2016 estuvo nominada a mejor serie dramática en los Premios Feroz, se ha convertido en el enésimo éxito de una dilata carrera en la que Orella ha tenido la oportunidad de dar vida a personajes de lo más variopintos, tanto en televisión, como en cine y teatro.

Asegura que la rigidez de sus rasgos faciales y su potente voz han jugado a su favor a la hora de meterse en la piel de los casi cincuenta personajes a los que hasta ahora ha dado vida en la gran pantalla, o en papeles televisivos como el del cardenal Adriano de Utrech (en la serie Carlos, Rey Emperador), el general Prim (en Prim, el asesinato de la calle del Turco), el siniestro alcalde falangista de un pueblo de nombre ficticio (en Les veus del Pamano)  o el borde y machista policía de la serie El Comisario.

Soltero y sin hijos, Orella se define como un pesimista con buen humor. Ha destacado especialmente en el mundo del teatro, donde ha actuado en obras de Shakespeare, Txèkhov, Pinter, Ibsen, Beckett, Ionesco y Camus, entre otros. Ahora mismo, triunfa con la obra Art, una comedia escrita por Yasmina Reza con la que el próximo mes de abril hará una parada en el Teatro Goya de Barcelona.

¿Qué tiene el personaje de Merlí que arrastra a tantos seguidores?

Es un personaje que ha calado bastante por varios factores. Pienso que es atractivo porque es un profesor vocacional, pero es un antisistema educativo. Es provocador, polémico y políticamente incorrecto. Y, al mismo tiempo, es un tipo atractivo con un comportamiento algo inmaduro. Es manipulador y mentiroso, pero siempre para bien. No tiene mala leche, ni es un personaje negativo. Otra cosa es que tenga defectos. Es un inmaduro con las mujeres, un seductor compulsivo, inestable como pareja… Tiene muchas características. Es un personaje bastante poliédrico.

Y ha enamorado a los adolescentes del país…

Les ha robado el corazón a los chavales porque es ese profesor que se preocupa por los problemas personales que tienen los jóvenes. Ese profesor que, además de enseñar la filosofía de una manera anticonvencional, atractiva y motivadora, y de enseñarles a pensar, ser críticos y reflexionar, también se preocupa por sus problemas privados.

¿Diría que Merlí es el Doctor House de la docencia? ¿O más bien la versión chunga del profesor Keating de El club de los poetas muertos?

Digamos que podría tener algo de esos dos personajes. De pronto, Merlí puede ser un borde, y está convencido de que es un buen profesor, puede ser pedante en algunos momentos, pero es un tío cercano. Su objetivo es la madurez personal de los chavales, y es positivo. Aunque sus caminos no siempre sean muy correctos. El ser políticamente incorrecto le hace atractivo también, como profesor de filosofía que es. La filosofía está basada en la crítica y el análisis de lo que nos rodea.

¿Ve entonces alguno de los métodos usados por Merlí en sus clases extrapolable a las aulas de hoy día?

Por lo que sé, el modo de enseñar está cambiando. Los jóvenes de ahora son distintos a los de hace unos años. Y el sistema educativo está obligado, por narices, a adaptarse a los tiempos modernos. Y, por tanto, los métodos de enseñanza tienen que ser distintos. Tienen que ser atractivos, tienen que estimular y motivar al alumno, y los profesores tienen que romperse el coco intentando coger unos métodos de enseñanza que sean distintos.

¿Es usted tan descarado, provocador y seductor como el personaje que interpreta?

No lo sé. Hay muchos puntos en que puedo parecerme. Evidentemente, yo he puesto mucho de mí en este personaje. Pero ese es nuestro oficio. El actor le tiene que dar alma y cuerpo al personaje que le toca hacer. En unas cosas coincido y en otras no. Pero digamos que sí puedo parecerme en algunos puntos al personaje.

¿De pequeño fue usted más ratón de biblioteca o más el gamberro de la clase?

Era un alumno muy sociable y recuerdo que, ya como estudiante, era de los regulares, ni empollón ni un desastre. Como alumno, me gustaba el juego y el cachondeo, imitar a los profesores y contar chistes. Era un poco el gracioso.

La serie trata el tema de la homosexualidad a través de la experiencia de uno de los jóvenes protagonistas. ¿Ve ese asunto superado o cree que la heteronormatividad no tiene cura?

Evidentemente, cada vez está más aceptado. ¡Solo faltaría! Pero a este país le cuesta ponerse al día en muchos temas. Todavía estamos aguantando muchos años de represión a todos los niveles. Pero también está claro que ha habido avances que no puedo negar. Afortunadamente, se está normalizando. Aunque todavía quedan rémoras del tema homosexualidad, como del tema feminismo o de la xenofobia. Aún queda mucho trabajo por hacer en este aspecto, en el educativo. Porque la familia es el primer núcleo donde un ser humano se desarrolla, pero el segundo es la escuela. La enseñanza tiene mucha responsabilidad en educar a los niños, y luego adolescentes, y luego jóvenes.

El éxito de la serie se ve en el en el aumento de matriculaciones que se ha dado en la carrera de Filosofía en Catalunya. ¿Debería Merlí cotizar en bolsa?

¡Ja, ja, ja! Me gusta la propuesta. Si pudiera cotizar en bolsa una serie de televisión, estaría bien. Ha sido un efecto colateral interesante en Cataluña, que haya habido este aumento sustancial de las matriculaciones en filosofía. Creemos que la serie ha tenido algo que ver. La filosofía se puso de moda hace dos o tres años, coincidiendo bastante con el estreno de la serie. Ha sido bueno, porque la filosofía es una asignatura que se quieren cargar claramente. Parece que todo el sistema educativo tiende a potenciar las asignaturas técnicas, las ‘productivas’. Y las humanistas no son productivas. Filosofía es más bien molesta, porque básicamente enseña a pensar y a ser crítico, y eso siempre molesta al poder. Por eso se la quieren cargar, tal y como se ve en los planes de estudio. Que una serie de una televisión pública haya contribuido a revalorizar la filosofía ha sido muy bueno.

¿Qué le dicen los chavales cuando se lo encuentran por la calle?

De todo. Ha sido algo muy fuerte lo que ha ocurrido con Merlí. Creo que los chavales han visto en Merlí a un segundo padre, o a un padre distinto al que tienen. La empatía que tiene Merlí con los problemas de los chavales es lo que ellos más han valorado. He visto mucho cariño, mucha aceptación y mucha cercanía con el público joven.

¿Tiene algo de filosófico todo lo que está pasando en Cataluña?

Sí, claro que tiene algo de filosófico. Es muy complejo lo que está pasando. Pero, desgraciadamente, de lo que más tiene es de político. Es un problema político serio, que no se está resolviendo bien, que se ha polarizado, y que se está llevando por el tema judicial, y así no se arreglan las cosas. El problema existe desde hace tiempo. Y se ha recrudecido en estos últimos años, pero porque se han hecho cosas como el culo por parte de muchos políticos. El problema que hay en Cataluña es muy complejo. No es solo de orden político, sino que también es reflejo de la mala transición política que ha tenido este país.

En una entrevista decía que ojalá la cultura despertase una parte del interés que despierta el fútbol…

Faltan mucha cultura y educación en este país. Muchos problemas vienen de la ignorancia. Cultura y educación deberían ser dos ministerios distintos. Y los dos deberían ser potentes. Y un país con poca educación y con poca cultura se va a la mierda. España siempre llevará esta rémora encima. No se sabe qué pasó realmente en este país. No se conoce la historia de Cataluña ni la historia de España. La gente actúa por prejuicios y tópicos preestablecidos que se han ido asimilando y asumiendo como verdades.

Dice que no le van los galanes románticos, ni siquiera como espectador. ¿Siempre quiso hacer de malote?

Me gustaban los malotes, porque eran los personajes que planteaban el conflicto. El galán era el bueno y el que se llevaba a la chica, pero como espectador me aburría. Está muy bien que gane el bueno pero yo pensaba ‘aquí no hay emoción’. El malo es el que crea interés y expectativa y me parece más divertido.

¿Qué queda de ese chaval que empezó en el mundo de la interpretación a los veintiún años?

Con veintiuno empecé en teatro, ya cobrando. Ya son cuarenta años. Ha pasado mucho tiempo. Queda una persona que ha tenido el privilegio y la suerte de dedicarse a lo que le ha gustado, que es lo que los actores queremos. Cualquier persona con una vocación artística, o no artística, quiere poder vivir de su trabajo. Y queda la ilusión por hacer trabajos bonitos. Eso no se debe perder. Queda mi niño. Todavía creo mantener algunos aspectos del joven que fui. Pero el tiempo pasa, y uno cambia también, y se hace realista y pragmático. Aunque yo intento no perder la ilusión. Y por mi trabajo, aún la tengo.

Efectivamente, la mayor parte de los actores aseguran que no pueden dedicarse hoy día de forma exclusiva a actuar. Imagino que se considera un actor privilegiado…

Sí, claro. Yo vengo de una generación, de finales de los setenta o principios de los ochenta, en la que había en Cataluña una tradición de grupos de teatro independientes. Había posibilidades. Ahora hay más producción audiovisual, hay más opciones, pero también hay mucha más gente. Es cierto que no puedo comparar la situación laboral que hay ahora para los jóvenes actores con la que había en los años de los que te hablo. Ahora hay más formación y más escuelas, y cada vez hay más actores en el mercado que buscan trabajo. Está complicado. Lo tienen dificilillo, pero no solo en este mundo.

Ha ganado dos veces el Premios Max al mejor actor protagonista y también el Premio Nacional de Teatro. ¿Ganar premios sirve para subir el ego?

Los premios sirven para reforzar tu confianza en ti mismo. Son reconocimientos de que tu trabajo gusta y de que lo haces bien. El ego, los actores ya lo tenemos por nuestra propia profesión. Tampoco hace falta sobredimensionarlo. Los premios se agradecen y vienen bien, pero no deben ser nunca un objetivo. Es un gran error trabajar pensando en ganar este premio o el otro. Si vienen, son bien recibidos y nada más. Pero también tienes que ser autocrítico. Tiene que estar equilibrado el tema.

De los muchos personajes que ha interpretado en estos años, ¿con cuál se quedaría?

Hay varios, en teatro sobre todo. Aparte de Merlí, pienso en un personaje de una miniserie catalana, coproducida por TVE, Las voces del Pamano, basada en una novela sobre la posguerra española en un pueblo del pirineo. Ahí hice un personaje muy chungo, muy malo, pero que me gustó mucho.

El próximo 18 de abril volverá al Teatro Goya de Barcelona, bajo las órdenes de Miquel Gorriz, con la obra Art, una historia sobre la amistad y sobre lo que uno es capaz de hacer para reconstruir una amistad rota. ¿Qué está aprendiendo haciendo esta obra?

Esta obra es muy redonda. Es una comedia muy bien escrita. Es como una partitura, hay una estructura de carpintería teatral fantástica que ha escrito la autora, Yasmina Reza. Este montaje ha sabido sacarle petróleo al texto y a los actores. Estoy disfrutándola mucho, y el público también. La comedia te enseña muchas cosas, del sentido del tempo, de la palabra, de lo dicho, de lo no dicho, de la expresión corporal sin hablar. Se aprenden muchas cosas.

¿En qué otros proyectos anda metido ahora?

En principio, este año haré dos películas próximamente con Oriol Paulo y Luis Miñarro. Una de ellas, la de Miñarro, la rodamos en México. Y, aparte, la vuelta al Teatro Goya de Art. Y, más adelante, a partir del verano, tenemos que rodar la segunda y la tercera parte de la trilogía literaria de Dolores Redondo, la primera de las cuales se llevó al cine con la película El guardián invisible, en la que interpreto al policía Montes. Y en teatro, el proyecto próximo sería para empezar a ensayar a finales de año y estrenar en 2019.

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