‘La mirada de los pájaros’, de Silvia Fernández Díaz

Por Ricardo Martínez Llorca

@rimllorca

La mirada de los pájaros

Silvia Fernández Díaz

Talentura

Madrid, 2018

158 páginas

 

El mundo del relato breve ha cumplido un extraño ciclo, el que le lleva desde su origen hasta sus cimientos, pasando por todas las etapas de la literatura, todas las vanguardias, semivanguardias, modernismos, postmodernismos, ultraísmos, experimentos metaliterarios, confluencias de géneros y lo que se tercie de por medio. La distancia corta tiene la ventaja de permitir hacer un cuento aforístico o una obra de teatro de doce folios. Al final, todos son relatos. Pero ahora, y este libro es prueba de ello, se regresa a la pureza de cuento, a lo esencial, a la vida, al lenguaje, a la obra.

Se captura un momento en el tiempo, en el que quedan atrapadas unas personas, y la parte que se nos permite ver refleja lo normal, la que permanece, pero la que se nos permite intuir indica que algo ha cambiado. El referente más eficaz para saber a lo que nos referimos son las obras de teatro de Chéjov. Por no hablar de sus cuentos. El padre del relato breve, el padre de Carver y de Ignacio Aldecoa, que son los padres de Silvia Fernández Díaz (Madrid, 1967), la autora de este conjunto de relatos algo desunidos. Un libro de relatos puede ser una recopilación. No exigimos que todos sigan a la Historia universal de la infamia, por ejemplo. Pero en este caso el mero hecho de bautizar a los personajes con nombres cotidianos, los Javieres y las Marías, o con nombres más propios de Estados Unidos, los Johnes y las Justines, ya nos evoca una u otra localización. Ya nos sitúa más cerca de Aldecoa o de Carver. Ambos autores bien estudiados por Fernández Díaz, que escribe sin asumir riesgos algo que, a estas alturas, es una bendición. Hartos de experimentos verbales que no conducen a nada que no sea su propia barriga, la sencillez se ha convertido en el mejor de los estilos.

Nos cuentan que se ha formado en talleres de escritura creativa. La composición, la estructura, la descripción de cada personaje con dos adjetivos, los finales sin cerrar, todo, en definitiva, apunta a ello. Seguramente estemos frente a una alumna aventajada. Ahora le falta por encontrar un mundo propio. En algunos momentos apunta hacia él, hacia la mirada de los pájaros o, más exactamente, a cómo mirarán los pájaros, que observan. Ser pájaro pertenece al reino de los sueños. Saber que no ha tocado su límite como escritora, permitirá a Fernández Díaz seguir soñando. Suerte.

 

EL TRIGO QUE CAE – Xenia García

Las relaciones personales, familiares o amistosas son uno de los temas esenciales en el libro de relatos, el primero, de Xenia García.

El trigo que cae, está dividido en tres partes y consta de veinte relatos.

La primera parte HARINA, SAL Y AGUA es la más extensa.

La vida en pareja, las relaciones, la felicidad o la búsqueda de ella cuando parece que se tiene todo.

La rutina del matrimonio, el desgaste del que no nos damos apenas cuenta. “En un matrimonio siempre hay una barra que superar o una barrera que derribar, y un beso en la mejilla es sin duda un ladrillo más”

La fantasía, la imaginación que nos conduce a solventar los problemas. Incluso huyendo de casa con la chica del tiempo. O dejándose desmembrar, cual mujer sumisa, por su amante.

Las fobias de cualquier ser humano que arañan la convivencia. La monotonía, las nuevas experiencias que no siempre salen bien. La tristeza.

La invisibilidad, la mirada que se desliza por el cuerpo que tienes al lado, y ya no lo ves. La ensoñación de un divorciado, lo que desearía para rehacer su vida y sueña con una mujer.

El miedo en las relaciones, el terror, el no saber realmente quién es la persona que tienes al lado. “A mi novio lo llamo Cristóbal pero yo sé que es, en realidad, el Hombre del Saco”

Los recuerdos de la infancia que conducen a que la relación de pareja llegue a ser complicada.

Los asuntos íntimos, los de la cama. Las mentiras o fingimientos.

En la segunda parte del libro MASA MADRE, las relaciones personales derivan sobre todo a las filiales. El repaso de la vida actual y las de nuestras madres, las diferencias esenciales de la maternidad en ambas épocas. El embarazo y su repercusión en la pareja, cómo enfrentarte a ello. El crecimiento de los hijos, su distanciamiento, su negativa a cumplir con nuestras expectativas. El trabajo de la mujer, la dificultad para combinar las obligaciones maternales con las laborales visto a través de los ojos de una precoz niña de cinco años. Y la dejación de funciones maternales.

La tercera parte, que consta de un solo relato, COSAS QUE PASAN CUANDO VAS A POR EL PAN, es el retrato de la infancia, de una familia aburrida, de una niña que se va haciendo mayor.

La mayor parte de los relatos están construidos en ambientes cerrados: habitaciones, casas, calles, bares. Esta intimidad ayuda a que las historias sean creíbles, incluso agobiantes en algunos casos. Nada es lo que parece, nada lo que te puedes imaginar. La narración te va llevando por caminos inesperados. Distintos registros que hace la lectura mucho más rica. Voces femeninas, masculinas o el simple narrador.  Y la mayoría de los personajes perdidos dentro de su propia vida, preguntándose hacia dónde ir.

Creo que, con este libro, Xenia García ha debutado muy bien. He leído el libro con placer, sorprendida en muchos casos, subrayando los aciertos en las frases, en las reflexiones de los personajes. Disfrutando de una lectura muy buena.

Fuente:

http://librosylecturasdeelena.blogspot.com.es/2018/02/el-trigo-que-cae-xenia-garcia.html

 

 

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