Stalingrado

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Stalingrado

Vasili Grossman

Galaxia Gutenberg

Barcelona, 2018

138 páginas

 

Pocas batallas han sido tan determinantes para la historia de la humanidad como la batalla de Stalingrado. Y pocas han tenido un testigo en primera línea de fuego de la calidad humana y literaria de Vasili Grossman.
El autor de la memorable novela Vida y destino fue corresponsal de guerra con el ejército soviético durante toda la Segunda Guerra Mundial y nadie como él supo plasmar lo ocurrido durante la batalla de Stalingrado. Los textos que componen este volumen, extraídos del libro Años de guerra, narran lo vivido por su autor en el frente de Stalingrado desde la llegada del grueso de las tropas soviéticas a la ciudad en los primeros días de septiembre de 1942 hasta diciembre de 1942, cuando la batalla empieza a decantarse claramente del bando soviético. Leídas hoy, 75 años después del final de la batalla, las crónicas de Vasili Grossman muestran lo que sólo la gran literatura puede hacer: cómo la historia, más allá de las cifras y la cronología de los acontecimientos, se encarna en miles de destinos individuales, de personas concretas, soldados y civiles, mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, y nos permite de esa forma comprender la intimidad del ser humano frente a las experiencias más extremas.

Largo es el recorrido de Moscú a Stalingrado. Nuestro
automóvil iba por los caminos del frente, bordeando ríos
encantadores y ciudades llenas de exuberante verdor. Seguíamos
caminos vecinales polvorientos, nivelados por
las apisonadoras. Viajábamos durante el luminoso y azul
mediodía, entre un polvo abrasador; al amanecer, cuando
los primeros rayos del sol iluminaban fastuosamente las
opulentas serbas maduradas; viajábamos por las noches,
cuando la luna y las estrellas brillaban en las tranquilas
aguas del Krasívaia Mechá y flotaban en la áurea y rizada
superficie del naciente y rápido Don.
Pasamos por Yásnaia Poliana. En torno a la casa se extendía
un tapiz de hermosas flores, por las ventanas penetraba
el sol en las habitaciones, y las paredes acabadas de
blanquear, reverberaban. Solamente las calvas en la tierra,
no lejos de la tumba en donde los alemanes enterraron
a ochenta de sus muertos, y las negras huellas del incendio
en las tablas del piso de la casa recordaban los
desafueros de los alemanes en Yásnaia Poliana.
La casa de Lev Tolstói ha sido reconstruida, de nuevo
abren sus capullos las flores, de nuevo aparece la solemne
y sencilla grandeza de la tumba. Los cadáveres de los soldados
enemigos han sido retirados y enterrados en los
grandes cráteres que hicieron las enormes bombas alemanas
arrojadas en Yásnaia Poliana. Y en estos sitios han
crecido hierbajos de pantano.

VASILI GROSSMAN

 “(Berditchev, 1905 – Moscú, 1964) Terminó el manuscrito de Todo fluye la víspera de su muerte, creyendo que su obra maestra, Vida y destino, saludada hoy como la gran novela del siglo xx, no vería nunca la luz. Y de hecho sólo pudo conocerse en los años ochenta, cuando salió clandestinamente microfilmada de la Unión Soviética. Escritores como Maxim Gorki alabaron en su día la obra literaria de Grossman, que fue el pimero en dar noticia al mundo de la existencia de los campos de exterminio nazis.
Autor de novelas y relatos, Vida y destino es su obra cumbre, el Guerra y paz de la Segunda Guerra Mundial cuya publicación sería prohibida por el régimen soviético de Jrushov y le valdría a su autor la condena al ostracismo. Milagrosamente recuperada una copia del manuscrito, la obra pudo publicarse allende las fronteras de la URSS en los años ochenta -de donde salió clandestinamente microfilmada- y se convirtió en un referente literario e intelectual. Grossman no llegaría a verla publicada.

 

 

 

 

 

“Que el dolor no lastre tu vida”

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