“Consentimiento”: las debilidades del sistema jurídico a tumba abierta

Por Horacio Otheguy Riveira

Una mujer de negro sin el menor atributo erótico, como si llevara un luto perpetuo, recorre el escenario mientras se produce una auténtica tormenta sonora de móviles enloquecidos. Su aparición silenciosa abre y cierra una función donde varias parejas se despellejan y aman, se emborrachan, se desean, se complacen y detestan para volverse a amar. Sería una mera exposición de clásicos conflictos de parejas si no fuera que entre esos personajes hay abogados con un alto grado de  poder y cinismo para resolver sobre leyes machistas en torno a la tragedia de la mujer del comienzo. En definitiva, un desgarrador testimonio que se lleva a cabo con un equipo de intérpretes extraordinarios que navegan con impactante soltura por el melodrama desbocado y el humor desenfadado, a partir de un argumento decisivo: una mujer con escasos recursos denuncia que fue violada la noche del funeral de su hermana pequeña. El acusado asegura que fue una relación consentida. Lo que para la víctima es desesperante, legal y moralmente resulta mucho más turbio, sinuoso. Un caso con aspectos confusos, acaba siendo más oscurecido por las coordenadas legales, ya que el abogado defensor está muy dispuesto a triunfar caiga quien caiga. Lo que ignora es que el daño del que es capaz se volverá en su contra…

 

Grandes personajes en guerra, entre sí y consigo mismos, por grandes intérpretes: María Morales, David Lorente, Clara Sanchis, Pere Ponce, Candela Peña, Jesús Noguero. Y un bebé de atrezo, muy bien elaborado.

 

Nina Raine es una escritora británica de 34 años que ha aprendido mucho de sus compatriotas en el arte de teatralizar los conflictos de la ley en una sociedad clasista dirigida por hombres. Tras sus pasos, y a bote pronto, surgen las voces de  autores teatrales que se ocuparon del género judicial desde muy distintas perspectivas. Para abrir boca: Agatha Christie con una novela que fue llevada al teatro por ella misma —y por otros al cine y la televisión—: Testigo de cargo; Robert Bolt, Un hombre para la eternidad; Robert Shaw, El hombre de la cabina de cristal; Terence Rattigan, El chico de los Winslow, Causa Célebre; John Wilson, Rey y Patria; Roger Garris, The Pony Cart (Nunca aceptes dulces de un extraño)… y sobre todo Evidencia inadmisible, de John Osborne, que sorprendió en la cima de su carrera con un alter ego detestable que enterneció al mundo entero, Bill Maitland, abogado en plena caída.

Con semejante pasado, que es mucho mayor que el aquí reseñado, e internacionalmente conocido por sus versiones cinematográficas, este Consentimiento confirma que ningún creador surge de la nada, y que las voces de sus ancestros están siempre presentes, como los fantasmas de Ricardo III que susurran “Mañana en la batalla piensa en mí”, pero en este caso no para condenar, sino para aportar el oxígeno necesario con el que urdir nuevas tramas.

Así las cosas, Nina Raine omite el naturalismo de los estrados para ofrecer una mirada despojada de ornamentos y por tanto mucho más intensa emocionalmente. Y Magüi Mira consolida su creatividad como directora cogiendo al vuelo esta intención y asentando a sus personajes en un gran escenario en forma de T, aportando una gran vitalidad al texto que, en su estreno en el National Theatre de Londres, muchos echaron en falta, acusándole de muy frío, con un planteamiento visual realista excesivamente lento.

Si Raine trenza con acierto enfrentamientos violentos y emociones extremas con ráfagas de humor hilarante, Magüi Mira (Festen, El discurso del rey, En el estanque dorado, César y Cleopatra) modela una puesta en escena muy dinámica con un impactante despliegue de imaginación a cara descubierta, logrando que sus —de por sí— espléndidos intérpretes lleguen a cotas de imponente creatividad… Cuatro mujeres: la abogada, la editora, la actriz, la violada. Y tres hombres, los tres abogados. Siete seres humanos incoherentes, pero que se buscan y se aman irremediablemente, con el público ejerciendo de Juez y Parte, irremediablemente involucrado sin moverse de su butaca. Como punto de partida: una violación y el cínico mundo jurídico descomponiéndose entre feroces contradicciones.

Plenamente integrada en la acción resulta la escenografía de Curt Allen Wilmer (Hamlet, Sensible, Carmen, La cocina) planteada en un gran espacio con cajas de embalar que se abren, cierran y voltean o simulan estáticos ataúdes donde los personajes esperan su turno para volver a la vida. Entre simbólicos estratos y una vitalidad asombrosa, todo es imaginería intensa abocada a entusiasmar al público creando una empatía fundamental para que la acción, próxima a las tres horas, siempre resulte apasionante.

 

Jesús Noguero vuelca su gran experiencia (Kafka enamorado) en múltiples detalles que enriquecen el personaje más complejo, arduo e inquietante por sus abultadas contradicciones; aquí con Candela Peña, en su segunda obra teatral (Los vecinos de arriba) esta vez en muy logrado drama contenido, sin referencias a su brillante vis cómica.

Clara Sanchis (Una habitación propia) y Pere Ponce (Voltaire/Rousseau: la disputa) renuevan su irresistible talento en la piel de dos que logran seducirse en un mar de contratiempos. Ella es una actriz desamparada y divertida a la vez. Él es un fiscal que da miedo, exhibiéndose también temeroso y temerario.

María Morales (Como si pasara un tren) afina un arquetipo de profesional independiente, de primera fase aparentemente “a la cola de” un marido con un ego implacable, al que David Lorente (Festen) aporta una energía que sube y baja con el ímpetu de una montaña rusa.

Magníficas Nieve de Medina (La punta del iceberg) y Clara Sanchis (Una habitación propia), en una de las escenas más conmovedoras entre desconocidas unidas por el dolor y la desesperación.

Nota al margen:

Por razones de fuerza mayor, durante las funciones de los días 25 a 29, ambos inclusive, Nieve de Medina será reemplazada por Concha Delgado, con amplia trayectoria. En los últimos años ha tenido participaciones relevantes en los siguientes espectáculos: Manual de la buena esposa, de varios autores con dirección de Quino Falero; La asamblea de las mujeres, de Aristófanes/Bernardo Sánchez, dirección de Juan Echanove, y Los desiertos crecen de noche, de José Sanchis Sinisterra, dirección de Jesús Noguero y Clara Sanchis.

Concha Delgado se enfrenta esta vez a un bravío “toro”, ya que en muy poco tiempo ha de asumir la densidad de su personaje, clave en el desarrollo de la obra. Aunque con menos participación que sus compañeros, se trata de un ser atormentado que impone estilo de interpretación con trascendentes silencios, dramática agonía y una gran explosión de cólera. [En la jerga teatral, “hacer un toro” significa, precisamente, asumir sustituciones en un tiempo récord, sin el proceso creativo personal y de ensayos con todos los compañeros que ha tenido el intérprete que lo ha estrenado].

CONSENTIMIENTO

De Nina Raine
Traducción Lucas Criado
Versión y dirección Magüi Mira

Asesoramiento jurídico Lucía López

Reparto (por orden alfabético): David Lorente, Nieve de Medina, María Morales, Jesús Noguero, Candela Peña, Pere Ponce, Clara Sanchis

Escenografía Curt Allen Wilmer (AAPEE) con estudio deDos
Iluminación José Manuel Guerra
Vestuario Ana López Cobos (AAPEE)
Música y espacio sonoro Bruno Tambascio
Movimiento Toni Espinosa
Fotos marcosGpunto

Producción Centro Dramático Nacional. Con la colaboración de British Council

Teatro Valle Inclán. Del 9 de marzo al 29 de abril 2018

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